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Titulo Nobiliario de Conde/Condesa

     Según
el diccionario de la Real Academia Española, la definición de Conde
(entre otras acepciones) es:
1. Uno de los títulos nobiliarios con que
los soberanos hacen merced a ciertas personas.
2. Caudillo, capitán o
superior que elegían los gitanos para que los gobernase.
3. Entre los
godos españoles, dignidad con cargo y funciones muy diversas, como los
condes de los tesoros, de las escuelas, palatinos y otros. En lo
militar, su categoría era inferior a la de duque.
4. En los primeros
siglos de la Edad Media, gobernador de una comarca o territorio.

El
tratamiento que reciben los poseedores de este título es el de
Excelentísimo, S.E. A partir del siglo XIX quedo reducido a título
puramente honorífico.

Una cosa curiosa en nuestro sistema
nobiliario español, es que en el resto del mundo el título de Conde es el que
sigue en orden de importancia al título de Duque, salvo en España que
se intercala por el medio el título de Marqués. El razonamiento se
atiene a planteamientos de su definición. El Marqués tiene autoridad
real sobre un territorio con marca, y el Conde no.

El orden de importancia de los títulos nobiliarios en España es:

1. Duque.

2. Marqués.

3. Conde.

4. Vizconde.

5. Barón.

El orden de importancia de los títulos nobiliarios en Gran Bretaña es:

1. Duque.

2. Conde.

3. Vizconde.

4. Barón.

5. Señor

El orden de importancia de los títulos nobiliarios en Francia es:

1. Archiduque.

2. Duque.

3. Marqués.

4. Conde.

5. Vizconde

6. Barón

7. Señor.

.


No
obstante, el gran prestigio del título de Conde, se ha visto a lo largo
de la historia, que hasta los propios Reyes han optado, en determinadas
ocasiones, por utilizarlo.

Un claro ejemplo de ello, fue el
padre de nuestro Rey, Don Juan de Borbón y Battenberg ( nació en el
Palacio de La Granja de San Ildefonso en 1913, y murió el 1 de abril de
1993), Infante de España y Conde de Barcelona (Conde de Barcelona,
título de los ant. soberanos de Cataluña).

El título nobiliario de Conde, es uno más de los títulos vinculados a la Corona de España.

Otro
ejemplo de utilización real de este título es el de Su Alteza Real, Don
Alfonso, jurado Príncipe de Asturias y explícitamente reconocido
heredero al trono de España desde su nacimiento, pero que renunció (en
el año 1.933) a sus derechos, de forma unilateral para casarse con una
señorita que no pertenecía a la realeza, a pesar de las enormes
presiones de su augusto padre, para que hiciera lo contrario. Desde
este momento, utilizó el título de Conde de Covadonga.

CONDE/CONDESA (origen e historia)

Del latín comes, que significa compañero con desigualdad ó el que acompaña a diferencia de sodalis que significa compañeros iguales.

Estaba el pobre rey acompañado

De mil duques y condes que al momento

Al recibir al rey recien llegado

Subieron con mil muestras de contento

(Villaviciosa)

En Andalucia también significaba el que mandaba y gobernaba
despues del manijero las cuadrillas de gente rústica que trabajaba a
destajo.

En el Código Alfonsino en la Ley II, Título 1º art º se puede leer:Quales
son los otros grandes e honrados señores que no son emperadores ni
reyes.E conde tanto quiere dezir como compañero que acompaña
cotidianamente al emperador o al rey, faziendole servicio señalado e
algunos condes avia a que llaman Palatinos porque en aquel lugar los
acompañan e los fazian servicio continuamente y a los heredamentos que
fueron dados a estos oficiales son llamados condados

Germanos por Tácito

Tácito habla que entre los germanos que 100 jovenes sacados de cada
pueblo acompañaban a cada Príncipe y en la asamblea de cada pueblo se
adornaba de un escudo y lanza y la ciudad lo juzgaba capaz (comes, el que acompaña) y los príncipes combatían por la victoria y los compañeros por el príncipe.

Godos

Isidoro de Sevilla y Tomás de Aquino refieren la institución de los condes
entre los romanos después de los reyes con los cónsules y los
emperadores luego también los tuvieron y los reyes godos de España
emulando a los emperadores griegos y latinos, tuvieron a su servicio
muchos caballeros que llamaron condes como se ve en:

  • Los Concilios de Toledo
  • El Fuero-Juzgo,donde se ve que también fueron algunos gobernadores de distritos.

Roma

  • En la época de Roma significaba aquellos que se acercaban con
    más frecuencia a la persona del emperador y le acompañaban a sus viajes
    y también significaba en tiempos de la República los tribunos y
    prefectos que acompañaban a los Proconsules y otros oficiales
    superiores en las provincias de su departamento.

  • Adriano en el año 130 eligió entre los senadores algunos para lo siguiente:
    • Para que le acompañaran en sus viajes
    • Le ayudasen en el despacho de ciertos negocios públicos
    • Con la misma autoridad que si hubieran sido resueltos con la asistencia del Senado en pleno
    • Viene de comites o compañeros
    • Deliberaban con el emperador formando una especie de Consejo Personal
  • A los sucesores les confiaron el mando de la Justicia y Hacienda y hasta en varias ocasiones les dieron el mando de las tropas.
  • Poco a poco fué muy deseado y muchos grandes oficiales unieron
    al título indicando la designación de la dependencia en la cual
    prestaban sus servicios como el siguiente ejemplo:

    • El jefe de la guardia imperial que prestaba servicio en la casa del principal se tituló "conde de los criados" y Diocleciano ejercía este cargo a la muerte de Numerario.
  • Pero hasta el imperio de Constantino
    no comenzó el título de conde una persona constituida en dignidad y
    entonces a todos les apetecían ser condes ya que Constantino dió al
    título de conde una importancia y valor que hizo que fuera deseado por
    todos los cortesanos y se crearon condes de lo siguiente:

    • Al servicio de la tierra
    • Para el mar
    • Negocios civiles
    • Asuntos religiosos
    • Algunos ejemplos serían los siguientes (que aparecen en varios
      pasajes del derecho romano en la que se ven oficiales en jefe en todas
      partes tener este título y allí se halla):

      • Comes sacrarum
      • Comes sacrii
      • Comes capella
      • Comes vestiarius
      • Comes domesticorum
      • Comes legum
      • Comes maritimo
      • Comes portus
      • Comes patrimoniae
  • También se daban a abogados o profesores de jurisprudencia que
    habían servido 20 años. Pero más particularmente a los que eran
    admitidos en la confianza del emperador y que estaban siempre con él:

    • Ya se mantuviese en el palacio
    • Ya fuere a la guerra
    • O las provincias del imperio
    • Esparciano dejó escrito que asitían a los juicios en que el emperador juzgaba con las gentes de juriprudencia Cum iudicares in consilio ..non amicos.., et comites solum, sed jurisconsultos
  • Este título era máxima consideración y los que lograban tenían un alto honor, como dice una inscripción antigua necesarius Augustorum, etcomes, pero omnes expeditionis. En otra se lee lo siguiente: comes di ui Thedosii Agusti in omnibus bellis atque victoriis
  • En el bajo Imperio los primeros condes llevaban el título de
    protoconde y condes, de gran influencia eran los que podían acuñar
    moneda y superintendentes de la Marina y Comercio y los condes de gastos
    privados que tenían a cargo la administración de los bienes
    particulares del emperador y conocían de los delitos cometidos contra
    las buenas costumbres como los censores de la antigua Roma.

  • Al mismo tiempo que hubo condes hubo duques, pero no tenían
    superioridad alguna sobre el conde, siendo en un principio las
    funciones completamente distintas y el conde estaba encargado
    especialmente de los negocios de la paz y los duques todo concerniente
    a la guerra. Pero como en aquellos tiempos se concedía más importancia a
    todo lo referente a la guerra poco a poco los duques acabaron por gozar
    de mayores privilegios y adquirieron mayor importancia que los condes.

Entre los godos era mas estimable el título de conde que el de duque lo cual se comprueba en los Concilios de Toledo.

Constantino

Dividió a los condes en tres clases que son las siguientes:

  • 1ª Clase.-Se subdividen en tres que son los siguientes:
    • Praeposotis o primeros jefes de su Casa
    • Comites consistoriani o Consejo de Estado
    • Comites provinciarum o Gobernadores de las provincias
  • 2ª Clase.-Oficiales de categoría inferior pero que podían
    formar parte del senado llamados "minores" y se les daba el tratamiento
    de "clarissimi" o muy ilustres y posteriormente se les llamó
    "spectabilis"

  • 3º Clase.-La más numerosa la constituían los gobernadores de ciudades inferiores y se les daba el tratamiento de "perfecti" y :
    • No se les daba asiento en el Senado
    • Pero gozaban de muchos privilegios de los senadores

Reconquista

En la Reconquista, los cristianos que se quedaron con los moros, los mozárabes, tenían condes que les gobernaban.

Los reyes de Asturias y León tomando ejemplo de sus antecesores los godos, también se rodearon de mágnates con títulos de condes.

Hasta el reinado de San Fernando, siguieron con más o menos
abundancia, en que se suprimieron por su altanera indocilidad y hasta
entonces fué oficio:

  • Personal
  • Vitalicio o temporal
  • Alfonso XI en 1328 restableció esta dignidad en su favorito Don Alonso Nuñez de Osorio, creandole el conde de Trastámara, Lemos y Sarriá y desde entonces:
    • Empezaron a ser perpetuos
    • Tuvieron tierras y jurisdicciones que se llamaron condados.

Ambrosio de Morales en Crónica de España, libro 12, capítulo 31 dejo escrito lo siguiente: que
las ciudades principales tenían un conde, ó duque ó marques ó vicario
por juez y cabeza de gobierno, los cuales se entienden que eran
diferentes de otros duques, condes o marqueses que había en la Casa Real
.

Pedro Pantino en la obra De offici gothorum cita los siguientes condes:

  • De las estancias
  • Del erario
  • Del patrimonio
  • De la ciudad de Toledo
  • De los notarios
  • De los espatharios
  • Del cubiculario
  • Del establo
  • De las lorigas

Conclusión

Por tanto fué conde dignidad:

  • Jerárquica
  • Militar del pueblo godo, no muy claramente deslinlado del de duque pero que se puede presumir:
    • Inferior
    • De un caracter maás civil y judicial a la manera de juez o auditor
    • Más importante en el gobierno interior, en el mecanismo íntimo como un jefe del E.M.G.
    • Por tanto al distinguirse los condes:
      • Palatinos que trataban de los asuntos de la Corte como los
        cubiculario o mayordomo de palacio, picerna o mayordomo mayor o capa de
        despensa

      • Otros condes que desempeñaban su oficio fuera de la Casa
        Real como conde de los patrimonios reales o chanciller mayor o conde de
        los notarios..etc. solían reunir la jurisdiccion civil, militar y
        política de los distritos cuyo gobierno les confiaba el rey

      • Los reyes sin embargo para hacer los nombramientos de los
        condes, entonces cargos electivos, no tuvieron solo en cuenta los méritos
        de las personas sino que también solían premiar en ciertas personas los
        méritos contraidos por sus padres en el desempeño del cargo mismo de
        conde y provocó esto dar gran poder en el transcuros del tiempo en la
        época de la Reconquista a los condes de Castilla a quienes
        enorgullecidos con su título se rebelaron en algunas ocasiones contra
        sus mismos reyes y lograron por su constancia que fuera hereditario el
        título de conde y a partir de Alfonso X " El sabio" empezó a dejar de
        ser oficio el título de conde y pasó a ser un título de honor o
        condecoración del señorio territorial.

Jerarquía

Según Rosseeuw la jerarquía de dignidades era la siguiente:

  • 1º Duque
  • 2º Condes o gobernadores de una ciudad y bajo la autoridad del duque ejercían los mismos poderes.
  • El conde de Toledo tenía rango superior a los otros y entraba en los Concilios.
  • Duques y condes tenían lugartenientes los "vicarii", que les ayudaban y reemplazaban.

Francos

Un ejemplo de condes sería por ejemplo el de Condes (Champaña) en Francia y cuando Clovis invadió la Galia,
batió en las cercanias de Soissons á Afranto Syagrio, a quien Gregorio
de Tours llama rey de los romanos, se cree que desde entonces fué
gobernada por condes y duques delegados por los reyes francos. Los
francos cuando pasaron a la Galia no olvidaron la forma de gobierno de
los romanos y como los gobernadores de las ciudades y de las provincias
se llamaban duques y condes no quisieron hacer novedad y estos
gobernadores mandaban durante la guerra y administraban la justicia
durante la paz y en Francia tenía el conde una consideración muy
importante ya que Luis ´"el benigno" distinguió tres tipos de vasallos:

  • Los del rey
  • Los del obispo
  • Los del conde, los cuales tenían:
    • Potestad para juntar los hombres libres y llevarlos a la guerra
    • Jurisdicción civil (porque era un principio de la monarquía
      francesa que aquellos que se hallaban bajo el poder militar de alguno
      también lo estuviese en el civil) y lo ejercía sobre hombres libres y
      por las leyes de los condes y leyes de los hombres libres se podían
      juzgar las disputas sobre la libertad., pero debían tener consigo 12
      hombres consigo adjuntos y notorios. Estos condes hicieron de su
      dignidad hereditaria bajo los reyes de la 2ª estirpe que eran demasiado
      débiles para hacerse obedecer y usurparon también la soberanía cuando
      Hugo Capeto subió al trono porque su autoridad no estaba bastante
      reconocida ni bastante firme para oponerse a los usurpadores y de aqui
      vino a los condes el privilegio de poner una corona sobre sus armas.

También eran condes:

  • Jefes de las tropas militares que conducían la nobleza al ejército
  • Y lo mismo muchos capitanes de que procede haberse aplicado el nombre de "comitre" en el que mandaba a los forzados

Ceremonia

Según Mariana la ceremonía era la siguiente: Se echaban tres pedazos
de pan al vino y el rey cogía un trozo y el conde el otro y se daba las
letras patentes al nuevo y la asamblea celebraba esa fiesta con
admiración y vivas.

Alemania

En Alemania se distinguieron:

  • Condes palatinos que era el Cuerpo de los Príncipes
  • Gente de letras que el emperador condecoraba con esta dignidad con letras-patentes y a veces podían hacer lo siguiente:
    • Conceder el grado de Doctor
    • Crear notarios
    • Legalizar bastardos
    • Ennoblecer a los plebeyos
    • Dar armas

Fuente: http://www.protocolo.org/
http://enciclopedia.us.es/index.php/Conde

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Torneos Medievales

Historia
de los torneos en la Edad Media

Los
torneos y su origen como entrenamiento de guerra

Durante
la Edad Media, la guerra tuvo una importancia fundamental,
tanto a nivel político como social. El caballero gozaba de
un estatus privilegiado en la pirámide feudal.

Los
aspirantes a caballeros se entrenaban en simples ejercicios con
lanza o incluso en combates con otros aprendices, en lo que se conoce
como lucha de bohordos. Una vez armados, los caballeros proseguían
su entrenamiento durante toda su vida militar, por
lo que se hizo necesario crear las condiciones más reales
posibles para que la preparación fuese realmente eficaz.

Aunque hubo
antecedentes, fue durante el siglo XI cuando aparecieron
los torneos, combates a caballo en que los caballeros se
enfrentaban entre sí armados con lanzas a lo largo de diferentes
rondas y que, en un primer momento, se desarrollaban alrededor de
un recinto circular donde los combatientes daban vueltas simulando
una batalla; de ahí su nombre, derivado de la palabra "tornear".

Distribuidos
en dos bandos, los combates se desarrollaban mediante enfrentamientos
individuales, o bien cargas compactas y emboscadas en las que trataban
de derribar al oponente para desarmarlo y apresarlo. Las armas utilizadas
eran lo más parecidas posible a las reales, generalmente
pesadas, que se denominaban "armas corteses", pues
habían sido en parte modificadas para evitar accidentes en
lo posible (bastones, lanzas sin punta o espadas romas). Sin embargo,
pese a todas las precauciones no eran raros los accidentes, con
heridas graves y muertes, de manera que la Iglesia llegó
en ocasiones a prohibir los torneos.

Ya en el siglo
XI se buscó una cierta homogeneidad entre los torneos celebrados
en distintas zonas. Así, en 1066, Godofredo de Preuilly escribió
un tratado de normas que fue ampliamente utilizado en Alemania,
Inglaterra, Italia y los reinos peninsulares. Su finalidad fue evolucionando
con el transcurso de los siglos, pasando de ser un medio de promoción
para caballeros pobres o de prestigio para los más poderosos,
y entrenamiento frente a contingencias militares, a tener en los
siglos XIV y XV un carácter más lúdico y de
espectáculo para disfrute, en primer lugar, de la nobleza
y, en último extremo, de entretenimiento para el pueblo llano.

Funcionamiento
de los torneos

Los torneos
se convocaban junto a los castillos, de forma periódica o
con ocasión de acontecimientos especiales, como coronaciones,
matrimonios, firma de tratados o treguas, entre otras.

El organizador
establecía las normas que debían regir y enviaba heraldos
a los caballeros invitados o que quisieran participar. La celebración
tenía lugar en un recinto cerrado, generalmente de planta
ovalada, alrededor del cual se disponían las gradas para
el público asistente, muy fastuosas y decoradas para los
personajes importantes, y sencillas para el pueblo llano; junto
a estas instalaciones se levantaban las tiendas destinadas a los
caballeros, sus escuderos y criados, así como a los oficiales
que se cuidaban del correcto desarrollo del evento; además,
las localidades próximas se engalanaban para acoger a los
visitantes y participantes, en muchas ocasiones venidos de tierras
lejanas.

Diversos caballeros
conocedores de las reglas hacían las funciones de jueces,
supervisaban el correcto estado de las armas y tomaban juramento
a los participantes sobre su noble comportamiento; otra figura importante
era el rey de armas, encargado de anunciar a los distintos contendientes.

Los caballeros
tenían que especificar su linaje, pues sólo podían
enfrentarse entre sí los de un mismo nivel, y situar su estandarte
en el campo. Con carácter previo, era habitual que se celebrasen
enfrentamientos entre escuderos con armas ligeras, como espadas,
que les servían de prueba. Dentro ya del torneo propiamente
dicho, en un primer combate, cada participante escogía uno
de los estandartes como contrincante, y se enfrentaba a él
lanzándose de frente con su montura y lanza; vencía
quien rompía más lanzas contra el rival. Al principio,
se hacía sin separación entre los caballeros, pero
con el tiempo se colocó una valla entre ambos para garantizar
la seguridad.


A continuación,
la lucha proseguía a pie, con espadas y mazas, para concluir
con un enfrentamiento colectivo entre dos grupos de caballeros,
que concluía cuando el rey de armas daba la señal
de detenerse. Al objeto de evitar accidentes, entre las normas que
regían estos combates estaban el no herir de punta al rival
ni al caballo, no luchar varios contendientes contra un mismo rival
y no asestar golpes al caballero que alzase la visera de su casco.
El vencido y sus armas quedaban a disposición del vencedor,
quien recibía su premio de mano de los jueces y acostumbraba
a depositarlo a los pies de la dama elegida.

Finalmente,
los torneos acostumbraban a concluir con un gran banquete
al que asistían todos los participantes y en el que las damas
homenajeaban a los vencedores; no en vano, tenían también
un cierto componente cortés a lo largo de toda la
celebración.

Otras
modalidades de combate

Los torneos
eran unos complejos espectáculos que conllevaban un gran
movimiento de combatientes y de público. Junto con ellos,
había otros dos tipos de enfrentamientos reglados
que tenían cierta similitud: las justas y los pasos
de armas
. Las primeras consistían en combates singulares
en los que se utilizaban armas no simuladas, por lo que los contendientes
podían ser heridos o muertos durante los mismos.

Los pasos de
armas, por su parte, eran desafíos o retos que lanzaba un
caballero a quienes quisieran atravesar una entrada o paso protegido
por él; para poder traspasarlo, debían enfrentarse
y vencer al mantenedor, ya fuese de forma individual o colectivamente,
según unas normas o condiciones que eran previamente redactadas
por escrito; el combate se celebraba con un despliegue de medios
que poco tenía que envidiar a los torneos. Uno de los pasos
de armas más conocidos de que se tiene constancia es el llamado
Paso Honroso de Suero de Quiñones (1434), en León.

Los torneos
fueron desapareciendo poco a poco a finales de la Edad Media, para
extinguirse durante el siglo XVI, aunque todavía siguieron
celebrándose excepcionalmente en épocas más
recientes. Los últimos de que se tiene noticia fueron ya
a finales del siglo XIX, en Barcelona y Eglington, en Inglaterra.
Actualmente se celebran representaciones de torneos con carácter
turístico y de espectáculo, en castillos y centros
históricos medievales de toda Europa.


(Autor
del artículo/colaborador de ARTEGUIAS: Javier Bravo)

Fuente: http://www.arteguias.com/torneosmedievales.htm

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La Orden de la Jarretera

LA MUY NOBLE ORDEN DE LA JARRETERA

Fundación de la orden más antigua de Europa

Lo cierto es que se sabe que dicha orden
de caballería fue fundada en el año de 1348, por el rey Eduardo III de
Inglaterra, que contaba entonces alrededor de 36 años y llevaba 21 en
el trono. Era hijo y sucesor del controvertido Eduardo II, depuesto y
bestialmente asesinado en 1327, con el beneplácito de su consorte,
Isabel de Francia, y nacido en el castillo real de Windsor el 13 de
Noviembre de 1312. Fue en esa misma residencia regia donde procedió a
la fundación de la orden de los Caballeros de La Jarretera. Luego la
leyenda se encarga de "adornar" el por qué y el cómo de su fundación…
Cuenta ésta que en recuerdo de un baile, durante el cual el soberano
bailó con la condesa de Salisbury y ésta perdió su jarretera azul,
prontamente recogida y devuelta por Eduardo III, quien se apresuró
galantemente en anudarle la liga (o jarretera) a su pierna. Para cortar
en seco las malintencionadas murmuraciones de sus cortesanos, el rey
habría exclamado en aquel momento: "Honi soit qui mal y pense"
(Maldito sea quien mal piense), frase que se convirtió entonces en el
lema o divisa de dicha orden, la octava más antigua de Europa. Y no
tiene por qué sorprender que fuera dicha en francés, ya que era la
lengua oficial de la época en Inglaterra.

Pero la verdad es supuestamente otra:
Eduardo III albergaba la secreta intención de reclamar para sí el trono
de Francia -de ahí la frase-, intención que se haría oficialmente
palpable en 1337 cuando lo reclamó abiertamente al extinguirse la rama
primogénita de la Casa Real Francesa, de la cual descendía por su madre
Isabel, sin contar con el rechazo de los franceses a ser gobernados por
un rey extranjero por muy nieto de rey francés que fuera, y bien
escudados tras la legalidad de la "Ley Sálica" que prohibía
tajantemente que la corona gala se transmitiera a través de las
mujeres. Evidentemente, Eduardo III hizo caso omiso de la Ley Sálica y
siguió en su empeño,… empeño que provocaría el inicio de la "Guerra
de los Cien Años".

Lo que está bien claro es que la
fundación de la orden era un calculado gesto político muy bien pensado.
Con ello, Eduardo se fijaba el objetivo de rodearse de los más
importantes barones ingleses (y sus ejércitos), para llevar a cabo su
invasión en tierra gala y sentarse victorioso en el trono vecino,
dándoles a cambio el privilegio de formar parte de una congregación de
guerreros que formarían la flor y nata de la élite caballeresca próxima
al soberano, algo así como el mejor ornamento de la Corona de
Inglaterra. Pertenecer a la Orden de La Jarretera llevaba en sí mismo
el reconocimiento público del mérito adquirido a través del valor en el
campo de batalla, de la lealtad hacia el rey, amén de una lluvia de
títulos, prebendas y rentas con las que sentar las bases de una
fortuna. La idea, claro está, triunfó. Con inteligencia, Eduardo III
había apostado sobre la codicia y la vanidad de los hombres, para
llevar exitosamente a cabo sus planes de conquista. No se equivocó. Ni
siquiera dejó al azar reglas y estatutos, como tampoco se olvidó de
dedicar la orden al santo patrón de Inglaterra: San Jorge quien,
además, era patrón por partida doble de los hombres de armas
(militares).


La Primera Orden del Reino Británico

Las estrictas reglas que regían la Orden
de La Jarretera (también conocida como "de San Jorge") dejaban claras
en sus inicios que los llamados a ser caballeros debían tener más de 30
años de edad -edad madura para la época-, aunque se cuentan con 4
excepciones de ciertos personajes que fueron admitidos estando por
debajo de los 20, todos casos extraordinarios. Inicialmente, todos los
caballeros "fundadores" eran veteranos de la 1ª campaña francesa
llevada a cabo por Eduardo III, habiendose la mayoría ilustrado en la
batalla de Crécy. El número exacto de caballeros no rebasaba los 25,
incluído el Príncipe de Gales, más el rey que era su Gran Maestre
Soberano. Se exigía a cada uno de ellos que aportaran su escudo de
armas y yelmos con sus crestas correspondientes, amén del estandarte,
para colgarlos por encima de cada asiento designado en la sillería del
coro de la Capilla de San Jorge, lugar espiritual y de reunión de los
caballeros en el castillo real de Windsor. A la muerte de uno de ellos,
se procedía a descolgar su escudo de armas, estandarte y yelmo, para
instalar los del nuevo miembro nombrado por el rey.

Inicialmente, los caballeros de La
Jarretera se distinguían únicamente por llevar la jarretera azul
oscura, bordada con el lema "Honi Soit Qui Mal Y Pense", anudada por
debajo de la rodilla izquierda, al cuello la insignia en metal
representando a San Jorge abatiendo al dragón y el manto o larga capa
de terciopelo azul marino, doblado de satén blanco, con el escudo de
plata guarnecido de la cruz de gules de San Jorge, cosido a la altura
del hombro izquierdo.

Condecoraciones de la Orden de La Jarretera (Order of the Garter): liga
o jarretera; collar con el colgante de San Jorge matando al dragón;
medalla de la banda; placa o estrella de ocho puntas de la Orden.

No fue hasta el siglo XVI, bajo
Enrique VIII, cuando se añadió el famoso collar de oro y esmaltes de la
orden, en el cual se prohibía expresamente la fantasía de añadirle
piedras preciosas, excepto en la figura-colgante representando a San
Jorge, en cuyo apartado se dejaba libremente añadirle gemas engastadas,
perlas y diamantes, dependiendo claro está del poder adquisitivo de
cada uno de los caballeros con deseos de ostentación… como el rey
Carlos I que, en 1649, al subir al patíbulo donde iban a decapitarle,
se presentó con el medallón de San Jorge, colgando de una cinta azul
marino de su cuello, y engastado con más de 400 diamantes.


Colgante de San Jorge matando al dragón, en oro, brillantes, rubíes y zafiros (Colección del Rey Jorge III de Gran-Bretaña)

Placa, Estrella o Gran-Cruz de la Orden de La Jarretera cuajada de
diamantes, rubíes,oro y esmalte,y que perteneció al Rey Jorge III de
Gran-Bretaña (1760-1820).

Un siglo más tarde (s.XVII), se
introdujo la placa-estrella de la orden, para llevarla cosida en el
manto o colgada en la chaqueta, a la altura del corazón, amén de la
banda azul oscura anudada por el medallón en oro con la figura de San
Jorge con el dragón, rodeada de la divisa de la orden. La banda, que en
un principio se llevaba alrededor del cuello, dispuesta en sotuer
(reinados de Isabel I, Jacobo I y Carlos I) debía llevarse cruzada en
el torso, de izquierda a derecha, siempre y cuando el caballero no
llevara el vestido ceremonial requerido para las celebraciones de la
orden.

Jacobo I Stuart, Rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda (1566-1625),
retratado como Gran Maestre de la Orden de la Jarretera por Mytens.

Carlos I Stuart (1600-1649), Duque de York luego
Príncipe de Gales y, finalmente, Rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda
en 1625; retrato infantil según Robert Peake, con el traje de los
Caballeros de la Orden de La Jarretera.

En casos de crímenes de herejía,
traición o cobardía, los caballeros eran degradados por sus compañeros,
ante el rey, y privados de cualquier símbolo (collar, manto,
placa-estrella, banda,…) de la orden. Su escudo de armas era además
borrado de la bóveda o paredes de la gran "Galería de los Caballeros"
de Windsor, del mismo modo que era arrancado de la sillería de la
capilla de San Jorge.


Jorge III, Elector de Hannover, Rey de Gran-Bretaña e Irlanda (1738-1820); retrato según Alan Ramsay c.1760.

Con el reinado de Jorge III (1760-1820),
el número de caballeros aumentó sensiblemente en la orden, cuando
expresó el deseo de conceder la condecoración a cada uno de sus
numerosos hijos, a excepción de las hijas, y que se convirtieron en
"caballeros supernumerarios" y a título honorífico para algunos
parientes cercanos.

Lady Margaret Beaufort (1443-1509), Dama de la Orden de la Jarretera.

Pocas mujeres tuvieron el privilegio de
ser "Damas de La Jarretera", como Lady Margaret Beaufort, madre del rey
Enrique VII y abuela de Enrique VIII, última mujer de esos tiempos
medievales en gozar de esa distinción caballeresca. A su muerte en
1509, la orden se restringió exclusivamente para los miembros varones,
con excepciones muy concretas para las reinas María I, Isabel I, María
II, Ana I y Victoria I que, aparte de ser soberanas en ejercicio, eran
por derecho Gran Maestres Soberanas de la Orden de La Jarretera. Se
tuvo que esperar hasta 1901 para que Eduardo VII concediera la orden a
su esposa, Alexandra de Dinamarca, y en ese mismo gesto se puede citar
a Jorge V nombrando "Dama de la Jarretera" a su esposa Mary de Teck, en
los Años 20.


Mary
de Teck (1867-1953), Reina de Gran-Bretaña e Irlanda, consorte del rey
Jorge V, ataviada como Dama de la Orden de La Jarretera; retrato según
Llewellyn.

Es a partir del siglo XVIII y hasta
1946, cuando la concesión de condecoraciones y nombramientos dependen
exclusivamente del Gobierno, aunque el soberano siga desempeñando su
papel tradicional de Gran Maestre. En 1947, volvía a ser el soberano
quien decidía a quien se concedía la orden.

En 1947, Jorge VI nombraba a su
heredera la Princesa Elizabeth, "Dama de la Orden" conjuntamente con su
esposo el Duque de Edimburgo. Cinco años más tarde, en 1952, ésta se
convertía a su vez en la reina Isabel II de Gran-Bretaña y, de hecho,
en la sexta soberana inglesa que ostentaba la Gran Maestría de la
orden, aunque se tuvo que esperar hasta 1987 para que decidiera abrir
nuevamente las puertas de la congregación al sexo femenino, con igualdad
de derechos y oportunidades, como en el caso de Margareth Thatcher.


Elizabeth II, Reina de Gran-Bretaña e Irlanda del Norte, Gran Maestre de la Orden de La Jarretera.

El 23 de abril de cada año, por ser
el señalado día de San Jorge, se procede a dar pública notificación del
nuevo caballero o dama llamados a formar parte de la orden,
celebrándose, el mes de Junio, en gran pompa y ceremonial en Windsor,
la admisión de los nuevos miembros como caballeros o damas de la Orden
de La Jarretera, con una misa en la capilla de San Jorge tras el
nombramiento y la investidura, y un banquete ofrecido a los 24 miembros
en la sala de banquetes de Waterloo, junto con la Familia Real.

La orden se concede únicamente por
expreso deseo de la reina a personas que se hayan distinguido por su
valor, sus servicios públicos o personales a la corona o a la patria, y
siempre con lealtad y desinterés, y en raras ocasiones a algunos jefes
de Estado extranjeros, como fue en el caso del Shah de Persia en 1902,
del difunto Presidente de la República Francesa, François Mitterrand, o
de los actuales reyes Juan-Carlos I de España y Carlos XVI Gustavo de
Suecia.

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La Cofradía Italiana

Un Club de Élite muy especial


Fundada en 1678 y conocida gracias al conde de Bussy por su capítulo de "Francia convertida en italiana" de su polémico libro "Historia Amorosa de las Galias", y
también por las cartas de la Princesa Palatina, esposa de "Monsieur",
hermano del rey Luis XIV de Francia, esta cofradía fue creada por
algunos grandes señores de la corte tales como: el Conde de Guiche, el
Conde de Gramont, el Caballero de Tilladet, primo del ministro Louvois,
el Sr. de Manicamp, el Sr. de Biran, el Duque de Tallard,…

Además de los miembros fundadores, pertenecieron a ésta los
siguientes individuos: el Conde de Vermandois, hijo legitimado de Luis
XIV y de la Duquesa de La Vallière, el Príncipe de Conti, sobrino del
Gran Condé, el Príncipe de Turenne, el Marqués de Créqui, el Caballero
de Sainte-Maure, el Caballero de Mailly, el Sr. de Mimeuvre, el Conde
de Roucy (un La Rochefoucauld), el Vidamo de Laon, el Conde de Marsan
(un príncipe de la Casa de Lorena-Guisa), el hermano del Caballero de
Lorena, el Marqués de Seignelay (hijo del ministro Colbert), el Duque
de La Ferté-Sennecterre, entre otros…

Luis XIV ordenó, en consecuencia, la creación de la Cámara Ardiente,
tipo de inquisición destinada, entre otras cosas, a destruir esta
cofradía. Pero es al ministro Louvois a quien se debe el impedimento de
una inquisición más feroz contra los sodomitas masculinos, practicando
entonces lo que se conocía como el "vicio italiano" por
excelencia, para proteger a los ejércitos de tales persecuciones. Se
erigía también en protector el propio hermano del rey, Felipe, duque de
Orléans, sobradamente conocido por su afición a las personas de su
mismo sexo.

De hecho, eran pocas las personas, tanto de alta como de baja
condición que no habían "confraternizado" en el seno de ese "club"
exclusivamente masculino. Entre la élite versallesca, que iba a
"encanallarse" por la noche en las tabernas o burdeles parisinos, se
contaban a príncipes de sangre real, tales como el célebre Eugenio de
Saboya-Carignano, que gustaba disfrazarse de mujer como su pariente el
duque de Orléans, hermano del rey, el Príncipe de Conti que alternaba
con sus pajes y sus conquistas femeninas, el mismísimo Príncipe Luis II
de Condé, que no desdeñaba el amor de sus soldados tras los fragores de
la batalla, … la lista se hace inacabable.


CONSTITUCIÓN DE LA COFRADÍA
Art.1- No se recibía, de ahora en adelante, en el seno de la Orden
a las personas que no fuesen de antemano visitadas por los
grandes-maestres, para ver si todas las partes del cuerpo eran sanas,
con el fin de que pudieran soportar las "austeridades" y rigores de la
cofradía.
Art.2- Harían éstos juramentos de obediencia y de castidad para con
las mujeres, y si alguno contraviniese en el juramento, sería
inmediatamente expulsado de la compañía sin poder regresar a ella bajo
cualquier pretexto.
Art.3- Cada uno sería indiferentemente admitido en la Orden sin
distinción alguna de rangos o cualidades, lo cual no impediría que se
sometiera al rigor del noviciado, que duraría hasta que apareciese
barba en la cara (es decir, cuando se afeitasen por vez primera).
Art.4- Si alguno de los "Hermanos" se casase, sería obligado en
declarar que lo hacía para el bien de sus asuntos, o porque sus padres
le obligan a ello, o porque era menester dejar un heredero varón. Haría
un juramento, a su vez, de nunca amar a su esposa, de acostarse con
ella que hasta que consiguiese el hijo deseado y que, incluso en esta
situación, pediría permiso, el cual tan solo le sería concedido una vez
a la semana.
Art.5- Se dividen los Hermanos en cuatro clases, con el fin de que
cada gran-prior pudiese tener tantos como otro. Respecto a los que se
presentarían para ingresar en la Orden, los cuatro grandes-priores
tendrían el derecho de pasarselos uno tras otro para evitar que se
diera lugar a celos y perjudicase su unión.
Art.6- Cada uno deberá contar a los demás lo que ha acontecido en
la intimidad, con el fin de que si un cargo viniera a estar vacante,
éste tan solo se concediese por méritos, el cual sería reconocido por
este método.
Art.7- Respecto a las personas indiferentes, no les sería
permitido revelarles los "misterios" de la Orden. Cualquiera que
cometiese tal imprudencia, sería privado durante 8 días e incluso más,
si el gran-maestre del cual dependiese lo juzgase oportuno.
Art.8- Excepcionalmente, se permite a quien quiera hablar de la
Orden si existen esperanzas de que el receptor de la confidencia desea
ingresar en la Orden; pero habrá de ser dentro de la mayor discreción y
con la seguridad de que éste está decidido en formar parte de la
congregación, sin temor de que divulgue o denuncie lo que le han
revelado.
Art.9- Aquellos que llevasen con ellos nuevos "Hermanos" al
convento, disfrutarían de las mismas prerrogativas de las cuales
disfrutan los grandes-maestres a lo largo de dos días; queda
sobreentendido que cederán primero el paso a los grandes-maestres,
contentándose con lo que les dejaban.

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La Real Orden del Baño

Inspirada de una tradición medieval
La Real Orden del Baño británica se
inspira básicamente de la costumbre medieval en la que los hombres, en
vísperas de ser armados caballeros por el rey para el día del
Pentecostés, tenían que observar un riguroso ritual: bañarse (símbolo
de purificación como lo es el Bautismo) y velar toda la noche, de
rodillas o de pie, rezando en una iglesia ("Velada de Armas"). A la
mañana siguiente, tras 8 horas en vela, los futuros caballeros oían una
misa al alba antes de comer todos juntos. Luego tenía lugar la
ceremonia de armamento del caballero en la cual el padre del postulante
fijaba en sus pies las espuelas, tras ayudarle a vestirse. Ya listo, el
rey le ceñía la espada al costado y le daba un golpe en la nuca
conminándole a honrar a su señor, ser bueno con los pobres y amar a
Dios. Después de la ceremonia, el caballero pasaba su prueba de fuego
en el torneo, durante el cual demostraba sus dotes a lomos de un
corcel. Al caer la noche, se pasaba a festejar a los nuevos caballeros
con un banquete y un baile.


Placa, Estrella o Gran-Cruz de la Orden del Baño

La primera mención que se hace de ese
ritual en Inglaterra, en un documento oficial referente a la Orden de
los Caballeros del Baño, data del año 1128, y habla de Geoffroy
Plantagenet, Conde de Anjou, al ser armado caballero a la edad de 15
años.
En 1306, se registran 300 caballeros armados en una sola mañana. Se
sabe que en el momento de su coronación en 1413, el rey Enrique V de
Inglaterra nombró a 50 caballeros. Las distintas dinastías que se
sucedieron en Inglaterra siguieron observando esa tradición, y
manteniendo la Orden del Baño como la única congregación con sus viejos
ideales caballerescos. Con la llegada del 1er monarca Estuardo (Stuart)
al trono de Inglaterra, Jacobo I, se siguió observando la tradicional
presencia de los caballeros de la Orden del Baño en la ceremonia de
coronación, junto con la de los miembros de la Orden de la Jarretera,
aunque esta última se había convertido en la congregación de 1er orden
en importancia en el reino. Se sabe igualmente que Carlos I nombró
varios caballeros de la Orden del Baño al subir al trono, como Sir
Thomas Wharton, cuyo retrato fue pintado por Van Dyck, y en el cual
ostenta la banda roja de dicha orden.


Sir Thomas Wharton, K.B. (Caballero de La Orden del Baño), según Van Dyck, c.1639.

Pese a la Revolución Inglesa de 1649
y al consecuente aniquilamiento de las ordenes de caballería, al subir
nuevamente al trono Carlos II en 1660, mandó a su joyero que se
ejecutaran 75 medallas de la Orden del Baño para los caballeros
llamados a su coronación en Westminster. En 1685, Jacobo II los volvió
a llamar a su lado en el momento crítico de su ascensión al trono
británico, pero "La Gloriosa Revolución" de 1688 le destronó y la orden
cayó en el olvido bajo los reinados sucesivos de Guillermo III, María
II y Ana I, que dieron ostentosa prioridad a los caballeros de la
Jarretera. Pese a estar en el exilio, Jacobo II y sus herederos,
actuando como legitimos soberanos, siguieron concediendo la orden a los
caballeros leales a su causa (Jacobitas), del mismo modo en que
concedían las condecoraciones de la Jarretera.


Jorge I recrea la Real Orden del Baño

Jorge I, Elector de Hannover, Rey de Gran-Bretaña e Irlanda (1660-1727); retrato ecuestre de Kneller, c.1717.

Treinta y siete años después de que
cayera en desuso, es un monarca extranjero oriundo de Alemania, Jorge I
(1660-1727), Elector de Hannover desde 1698 y rey de Gran-Bretaña desde
1714 (sucediendo así a la última soberana Estuardo anglicana, Ana I),
quien recupera del "baúl de los recuerdos" la polvorienta Orden del
Baño, eso si, dándole un cuño muy personal y nuevo. Teniendo en cuenta
el especial cariño que le concede un alemán a la nobilísima tradición
caballeresca, era de esperar que Jorge I le diera un segundo soplo de
vida recreándola a su gusto y antojo. Para tal fin redacta nuevos
estatutos en 1725, y deja patente que la orden es puramente militar,
concediéndose únicamente a aquellas personas cuyo valor se ha
demostrado con creces en el calor del combate. Reduce el número de
caballeros a 36 y determina con precisión tipicamente germana cómo han
de vestir los nominados durante las ceremonias anuales. Escoge además
el lugar idóneo: la hermosísima capilla en estilo gótico tardío de
Enrique VII, anexa a la Real Abadía Londinense de Westminster. El
pulcro y detallista pintor Canaletto nos dejó una preciosa imagen del
ordenado desfile de los caballeros de la Orden del Baño saliendo de
Westminster, en sus espléndidos ropajes blancos y rojos. El diseño de
la placa (o estrella) y del collar son originales, aunque haya
respetado la tradicional banda de color rojo que ha de cruzar el torso
del caballero desde el hombro derecho hasta la cadera izquierda, y que
data de la época de los Estuardo. El lema de la orden sigue siendo la
misma: "Tria Juncta in Una".


"Caballero de La Orden del Baño" en su
atavío ceremonial en un grabado de la 1ª mitad del siglo XIX (reinado
de Victoria I): manto rojo y collar de la Orden.
Los sucesores de Jorge I, siguieron
manteniendo en su aureola de prestigio la Orden del Baño, concediéndola
a eminentes militares británicos de la talla de Lord Charles
Cornwallis, 1er Marqués de Cornwallis o Sir Jeffrey Amherst, 1er Barón
Amherst. En 1815, el Príncipe de Gales (futuro Jorge IV en 1820),
regente en nombre de su padre Jorge III, dispuso que la Orden del Baño
también se concediera a civiles por leales servicios prestados al país.
Jorge IV, Príncipe de Gales y Regente, luego Rey de Gran-Bretaña e Irlanda y Rey de Hannover (1762-1830); según Lawrence.

En la actualidad, la reina Elizabeth II
concedió la Gran Maestría a su heredero el Príncipe de Gales, y
abriendo la orden al sexo femenino desde 1987. Desde entonces se
contabilizan 120 caballeros y damas, 295 comendadores y 1.455
"compañeros" en el seno de dicha orden. Sus miembros tienen la
obligación, como en el caso de los caballeros de la Orden de la
Jarretera, de firmar su nombre y apellidos añadiendo las iniciales
"K.B." (Knight of the Bath = Caballero del Baño).

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Orden del Espíritu Santo


La
Orden del Espíritu Santo (Ordre du Saint-Esprit) fue, durante más de
dos siglos y medio, una orden de caballería prestigiosa al servicio de
la Monarquía Francesa entre 1578 y 1791, y de 1814 a 1830. Su
importancia y prestigio fue grande en Europa hasta el punto de figurar
entre otras prestigiosas ordenes de caballería de primer rango como la
del Toisón de Oro (fundada en Borgoña en 1430) y la de la Jarretera
(fundada en Inglaterra en 1348).

Historia


Miniatura
de la Fundación de la Orden del Espíritu Santo por el rey Enrique III
de Francia, en la que se representa la recepción y jura del Duque de
Nevers.

Fue en plena época de las guerras de religión o guerra civil
francesa, cuando el rey Enrique III de Francia -último representante
varón de la Casa de Valois-Angulema- fundó la Orden del Espíritu Santo,
cuyo doble objetivo era el de honrar a Dios y reunir entorno al trono a
un buen número de caballeros leales a la Corona, en un intento de poner
en jaque a los miembros de la Liga concentrados en torno al Duque de
Guisa, su rival que le disputaba el poder y acariciaba la idea de
destronarle y coronarse rey.


Retrato
de Enrique III (1551-1589), Rey de Francia entre 1574 y 1589, fundador
y primer Soberano Gran Maestre de la Orden del Espíritu Santo.


Retrato
del Príncipe Enrique I de Lorena, 3er Duque de Guisa (1550-1588), Jefe
de la Santa Liga y rival del rey Enrique III de Francia, a cuyo trono
pretendió.

También respondía a la necesidad del rey de crear una orden que
sustituyera la de San-Miguel, creada por Luis XI en 1469, y cuyo
desprestigio se había producido por una concesión indiscriminada hasta
el punto que muchos grandes señores habían rechazado recibirla, a lo
largo del siglo XVI.

La fundación de la orden se produjo el 31 de diciembre de 1578, día
del Pentecostés, por la que el rey sentía gran devoción, y en recuerdo
a su ascención como rey de Polonia (11 de mayo de 1573) y finalmente
como rey de Francia (30 de mayo de 1574).

Enrique III dispuso que la vieja Orden de San-Miguel fuera integrada
en la nueva orden creada por él, quedando patente en la cruz de ocho
puntas con su anverso decorado con la paloma blanca que simboliza el
Espíritu Santo, y con su reverso decorado con la figura del Arcángel
San Miguel abatiendo al Demonio.


Cruz
de la Orden de San-Miguel, en cuyo centro se representa al Arcángel San
Miguel abatiendo al Demonio; la cruz cuelga de una cinta negra desde la
reforma de la Orden por Luis XIV en 1662. Abajo, en la ilustración
inferior, colgante de la Orden de San Miguel, en oro y esmaltes, tal y
como era desde su fundación en 1469 por el rey Luis XI de Francia.

Sin embargo, la Orden de San-Miguel se siguió concediendo a
eminentes figuras de las Bellas Artes y Letras de Francia, y a sus
receptores se les conocían como "Caballeros del Cordón Negro", ya que la banda de la Orden creada por Luis XI era de muaré negro desde el 12 de enero de 1665.


Retrato
del célebre escultor francés Jean-Baptiste Pigalle (1714-1785),
Caballero de la Orden de San-Miguel, según el pintor sueco Alexandre
Roslin; el artista le representó con el manto y el cordón negro
característicos de la orden…


Retrato
de Luis de Borbón-Condé, Conde de Clermont (1709-1771), Caballero de la
Orden del Espíritu Santo y, a su vez, Gran Prior del Temple, luciendo
la banda azul y la gran cruz de la orden…



Mientras que a los caballeros de la Orden del Espíritu Santo se les conocía como "Cordon Bleu" (cordón azul), puesto que la banda era de muaré azul.


Retrato
ecuestre de Enrique IV de Borbón (1553-1610), Rey de Francia de 1589 a
1610, ataviado con la capa corta negra cosida con la cruz de la Orden
del Espíritu Santo y la cinta azul en bandolera, de la cual era el
segundo Soberano Gran Maestre.

Inicialmente reservada a los más altos dignatarios del reino, fue el
primer monarca de la Casa de Borbón, Enrique IV, quien permitió a un
restringido número de monarcas y grandes señores extranjeros de
confesión católica a ingresar en la orden. Un impuesto específico
conocido como Marco de Oro, fue instaurado para financiar las
necesidades de la Orden cuya sede se situaba en el Convento de los
Grandes Agustinos en París. Su divisa era: "Duce et Auspice".

Suprimida en 1791, durante la Revolución Francesa, junto con otras
órdenes de caballería, la Orden del Espíritu Santo fue restablecida en
1814 por el rey Luis XVIII y definitivamente abolida por Luis-Felipe I
en 1830.

Pese a todo, siguió siendo llevada y concedida por diversos pretendientes al trono de Francia.

Organización

La Orden era dotada de la personalidad moral, lo que permitía
al soberano utilizarla para levar préstamos. La dirección era reservada
al rey, único soberano y gran maestre de la Orden. Su administración
era confiada a varios oficiales, siendo los más importantes los
comendadores. Se distinguían varias clases entre sus miembros:


Retrato del Príncipe Carlos Felipe de Francia, Conde de Artois (1757-1836), Caballero de la Orden del Espíritu Santo.

-los Caballeros: no rebasaban el centenar, siendo escogidos
entre la más alta nobleza del reino. El rey podía escoger teóricamente
a cualquier noble que pudiera dar pruebas de tres grados de nobleza
(eso es, tres generaciones nobles en sus ascendencias paternas y
maternas); los de nobleza de reciente creación eran naturalmente
excluídos. Para ser caballero de la Orden del Espíritu Santo, se tenía
que pertenecer previamente a la Orden de San-Miguel -integrada en la
del Espíritu Santo desde el reinado de Enrique III-. Por ello,
generalmente, se conocían a los caballeros de la Orden del Espíritu
Santo como "Caballeros de las Ordenes del Rey".

Entre los agraciados, se cuentan a innumerables miembros de las familias ducales francesas.


Retrato del Cardenal Henri-Oswald de La Tour d’Auvergne, Arzobispo de Vienne y Comendador de la Orden del Espíritu Santo.

-los Comendadores: eran ocho eclesiásticos. La Orden debía
contar en su orígen con cuatro cardenales o arzobispos y cuatro
obispos, aunque esta disposición no siempre fue respetada a rajatabla.
El Gran Limosnero de Francia era comendador-nato de la Orden y, por
tanto, no era tomado en cuenta entre los ocho comendadores. Los
comendadores, por su pertenencia al Clero, no podían ser Caballeros de
la Orden de San-Miguel.

-los Comendadores-oficiales: se trataba de los cuatro altos
oficiales de la Orden, como los caballeros y también eran Caballeros de
la Orden de San-Miguel. Los cuatro comendadores-oficiales eran:

-el Canciller y Guardián de los Sellos.

-el Preboste y Maestro de Ceremonias.

-el Gran Tesorero.

-el Secretario.

Para éstos no existía condición alguna de nobleza, por lo que el rey
podía utilizar esas funciones para honrar a personas de nobleza
reciente o de nuevo cuño. Los ejemplos más conocidos fueron los
ministros Colbert y Le Tellier, o el rico financiero Antoine Crozat,
titular del marquesado du Châtel creado para él por Luis XIV, y que fue
Gran Tesorero de la Orden. Estos cargos podían, sin embargo, ser
ejercidos por los caballeros o comendadores eclesiásticos. Por
tradición y remontando a Guillaume Pot de Rhodes, el Preboste y Maestro
de Ceremonias debía demostrar sus ascendencias nobles como los
caballeros.


Retrato del rico financiero Antoine Crozat, 1er Marqués du Châtel y Gran Tesorero de la Orden del Espíritu Santo (1655-1738).

Hábito e Insignias


La Cruz de la Orden del Espíritu Santo (cruz de comendador de la Orden).

La insignia de la Orden se asemeja a la célebre Cruz de Malta, de
cuatro brazos y terminados en ocho puntas. Entre los cuatro brazos de
la cruz, una flor de lis. En el centro, una paloma con las alas
desplegadas y la cabeza mirando hacia abajo.

Durante las ceremonias, la cruz de los oficiales y de los
comendadores-oficiales era colgada a un collar de oro y esmaltes, cuyos
eslabones unían diferentes motivos intercalados: flores de lis,
monograma real coronado del rey Enrique III y Trofeos de Armas. Pero,
por norma, la cruz solía colgar de una amplia cinta de muaré azul cielo
llevada al cuello.


Fotografía
del gran collar de la Orden del Espíritu Santo, llevado en su día por
el rey Carlos X de Francia y su nieto y legítimo sucesor Enrique V,
Duque de Burdeos y Conde de Chambord…



Los caballeros llevaban dicha cinta en bandolera, cruzándoles el torso
de derecha a izquierda, y anudada a la cruz a la altura de la cadera.

Por otro lado, tanto caballeros como comendadores llevaban una gran
cruz del Espíritu Santo bordada en hilo de plata o lentejuelas y cosida
sobre el pecho, a la altura del corazón.


Los
pesados mantos de los Caballeros de la Orden del Espíritu Santo,
bordados de llamas, monogramas, flores de lis y trofeos de armas en oro
y plata, y demás accesorios del ceremonial son hoy día conservados en
el Museo del Louvre, París.

Durante las solemnes ceremonias, los caballeros revestían el gran
manto de terciopelo negro sembrado de llamas bordadas en plata cosidas,
y bordeado por motivos que reproducían los del gran collar, y doblado
de satén color "fuego" -naranja-.

Los novicios, aspirantes a caballeros de la Orden, solían llevar un
jubón de seda y satén blanco combinado con encaje de hilo de plata,
corbata de encaje, calzones cortos, medias de seda y jarreteras
blancas, con zapatos blancos de punta negra y tacón rojo (el tacón rojo
era privilegio de los reyes, príncipes y duques y pares del Reino),
completado por una capa corta de terciopelo negro con encaje de plata y
sombrero negro a juego y emplumado.


Retrato
de Luis-Alejandro de Borbón, Conde de Toulouse y Duque de Penthièvre
(1681-1737); el hijo natural de Luis XIV de Francia habido con la
Marquesa de Montespan, aparece vestido con el traje de los novicios de
la Orden. Abajo, en la ilustración siguiente, el Infante de España Don
Luis de Borbón, Príncipe de Asturias (1707-1724) y futuro Rey Luis I de
España, ataviado con el traje plateado de novicio de la Orden del
Espíritu Santo, según Houasse.


El Delfín y los Infantes de Francia eran Caballeros de la Orden por
derecho de nacimiento pero no podían ser recibidos oficialmente hasta
cumplir los doce años de edad. Los Príncipes de la Sangre eran
admitidos a los 16 años y los Príncipes extranjeros a partir de los 25.

Para el resto de los caballeros y dignatarios de la Orden, era
menester tener más de 35 años de edad para ingresar en ella. Las
mujeres eran naturalmente excluídas.


Fotografía de los collares y bandas de las Ordenes del Rey (Orden del Espíritu Santo y Orden de San Miguel).



Celebraciones

La primera ceremonia solemne de la Orden se produjo en su
sede, la Iglesia de los Grandes Agustinos de París, el 31 de diciembre
de 1578, fecha de su fundación. Se celebraba anualmente y con toda la
pompa que aquello acarreaba: reunión, celebración de una misa,
recepción de los nuevos caballeros, juramentos, procesión y banquete.


Capítulo
de la Orden del Espíritu Santo, celebrado el 13 de mayo de 1633: el rey
Luis XIII recibe el juramento de fidelidad del príncipe Enrique II de
Orléans, Duque de Longueville, antes de imponerle el manto y el collar
de caballero…

Es a partir del reinado de Luis XIV cuando se fija una nueva fecha
para las ceremonias anuales: el 1 de enero. Con el traslado de la corte
y de la Familia Real a Versailles, las celebraciones de la Orden
acontecen, a partir de aquel momento, en la Capilla Real de San-Luis de
Versailles.


Recepción
del Príncipe Vaini en la Orden del Espíritu Santo, e investido
caballero por el rey Luis XV en la Capilla Real del Castillo de
Fontainebleau…

Cuando el Rey imponía el gran collar al caballero, en el momento de
la recepción, se le daba también un libro de horas y un rosario con
cuentas de marfil, y la obligación implícita de recitar diez oraciones
cada día.


El
Rey Luis XVI de Francia (1754/r.1774-1792/ej.1793) recibe el homenaje
de los Caballeros de la Orden del Espíritu Santo como Gran Maestre, al
día siguiente de su coronación en Reims. Cuadro de Doyen, 1775.

Los Reyes Grandes Maestres:

Sus Grandes Maestres fueron:

-Enrique III, Rey de Francia, de 1578 a 1589.

-Enrique IV, Rey de Francia y de Navarra, de 1589 a 1610.

-Luis XIII, Rey de Francia y de Navarra, de 1610 a 1643.

-Luis XIV, Rey de Francia y de Navarra, de 1643 a 1715.

-Luis XV, Rey de Francia y de Navarra, de 1715 a 1774.

-Luis XVI, Rey de Francia y de Navarra, de 1774 a 1791.

Supresión de la Orden del Espíritu Santo entre 1791 y 1814 por decreto de la Asamblea Nacional.

-Luis XVIII, Rey de Francia y de Navarra, de 1814 a 1824.

-Carlos X, Rey de Francia y de Navarra, de 1824 a 1830.

Abolición de la Orden por Luis-Felipe I, Rey de los Franceses en 1830.

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