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La mujer en la Edad Media


  • La educación.

Al principio era un campo destinado solamente a los hombres, ya que
ser clérigo, era condición indispensable para acceder a la cultura. Las
monjas recibían en sus conventos, una educación muy completa, que
incluía latín y griego.

En la segunda mitad del siglo XIII,
había en París una escuela femenina. En otras zonas ya se daban
escuelas, que aceptaban tanto niños como niñas.

Pero en lo
referente a la educación, las mujeres dejaban el colegio al acabar
primaria, mientras que los varones podían continuar.

  • El amor.

Había
tres tipos de damas, las que querían “escuchar” el amor, las que se
negaban a “escucharlo” y las que sólo se dedicaban a lo sexual. Estas
últimas, eran repudiadas y abandonadas a su suerte.

La primera
norma del amor, era la generosidad, tanto moral como espiritual. El
hombre no era celoso, pero no amaba. Se podían querer sin casarse, pero
se debía mantener en secreto; porque un amor fácil era feo.

Más normas amorosas, se expresaban en las Cortes de Amor, que eran tribunales, donde se sometían a juicio la relación de una pareja. En estas audiencias, las mujeres eran los jueces.

  • El matrimonio.

Hasta
el siglo XII el matrimonio no se impuso como sacramento. El casamiento
supuso una gran mejora para la mujer, ya que se prohibió el divorcio y
que se pudiesen repudiar.

Con esto se consigue cierta igualdad con el varón, además, la Iglesia empezó a santificar a algunas mujeres casadas.

Los bienes del matrimonio, eran administrados por el marido, lo que sólo provocó problemas en las clases altas.

En Florencia, cuando la mujer se quedaba viuda se volvía con su familia, para poder establecer lazos con otra dinastía.

En
Valencia, la familia de la mujer, podía reclamar a la familia del
cónyuge la dote, si no había habido descendencia. Si enviudaba la mujer
conseguía su propia autonomía.

Mientras que en las regiones
donde se imponía el sistema de primogenitura, la viuda debía de acudir
a un convento, donde también tenía que llevar una asignación.

  • Labores.

El trabajo estaba destinado para todos aquellos que no guerreaban, ni rezaban.

Al
estar una sociedad básicamente rural, la mujer ayudaba en las faenas
del campo, con el resto de su familia. Así como colaborar con su marido
en las labores de su trabajo.

Si la mujer abandonaba a su
familia para trabajar por su cuenta, solía ser como criada. Dentro de
este trabajo había distintas clases:

  • las damas de honor de la nobleza

  • Las
    sirvientas que eran el juguete sexual de sus amos. Éstas trabajarían en
    los peores trabajos, llevarían las ropas más humildes y comerían las
    sobras.

  • Las esclavas, que eran
    fruto del comercio humano que se da a lo largo de toda la época
    medieval. Con preferencia entre las mujeres orientales o blancas.

Había
trabajos destinados especialmente a las mujeres como eran el hilado,
que debían ser desencantados antes, o el horneado. Poseía un sueldo
menor al del hombre.

Las muchachas se iniciaban en el trabajo entre los 6 y 13 años.

  • Ama de casa.

La
mujer era el núcleo de la pareja y de la casa. La mujer común se
dedicaba a hacer las tareas del hogar, y tanto las nobles, como las
plebeyas, se encargaban de la educación de los hijos.

  • La prostitución.

En el siglo XIII, la Iglesia inició una dura persecución de las prostitutas.

En el XIV y XV, algunos clérigos llegaron a decir, que los pecados carnales eran menores por venir por naturaleza.

Otros decían que como no sacaba placer de su trabajo, si no una recompensa monetaria, estaba libre de pecado.

Desde
ese momento la prostitución es un servicio público, que algunos ven
como medicina, para “males”, como la homosexualidad o la violencia
entre hombres y mujeres.

La prostituta abandona la clandestinidad y la marginación.

En la crisis de finales del siglo XV, al afectar a las capas más pobres de la sociedad, se dará un aumento de esta profesión.

  • Feminidad.

Había ungüentos y cremas de todos los tipos, como de manteca de cerdo, leche de almendra o aceite de oliva.

El
ideal de belleza, era la mujer de cabello rubio y rizado, de piel
clara, con nariz recta y fina, una silueta esbelta y con caderas
flexibles.

La ropa de la mujer en la Edad Media se componía, en
un principio, de dos vestidos, una capa y una cofia; más tarde
aparecerá una nueva prenda como es la camisa de lino. Los zapatos
tenían las puntas retorcidas.

Si era soltera llevaba la corona
virginal, que era una corona de flores, mientras que si era casada,
debía de llevar el pelo cubierto con un velo.

En la mitad de la
Edad Media, los colores toman el mando y dividen el cuerpo en dos y de
forma longitudinal, era un traje mitad y mitad.

Ya al final de este período lleva cola, largas y ajustadas mangas y en la cabeza un hennin.

  • La Iglesia.

Para la Iglesia la mujer era inferior al hombre desde la creación de la raza humana y por lo tanto, era menor espiritualmente.

La
Iglesia exaltará en todos los sermones la virginidad, ya que se
valoraba la renuncia al matrimonio carnal, para unirse con Dios.

Por esto, un buen número de mujeres se unieron a conventos buscando, de esta forma, no volver con la familia.

  • Nuevo tipo de mujer: la religiosa.

Con lo anterior citado la mujer comienza a llenar los conventos, ya fuese por voluntad propia, al enviudar o por ser entregadas por su familia.

Las reglas que tenían, eran todo renuncia, no se podía conservar nada y predicaban el amor absoluto.

Trabajaban
hilando, en la cocina, aprendían letras y debían leer dos horas diarias
como mínimo. Sólo podían hablar lo necesario… no podían hablar con
hombres, ni comer antes de las horas fijadas.

Las mujeres que
entraron en las ordenes religiosas destacaron en la literatura mística,
que reclamaban el derecho a amar a Dios y ser amadas por Él, del mismo
modo. Todas las reclamaciones que hicieron, provocaron que muchas
mujeres acabasen en la hoguera por la Inquisición.

En
la vida religiosa medieval, es necesario subrayar la visión de la mujer
como culpable y portadora del pecado original. A parte de ser  tratada como un ser inferior e ignorante. Para ella existía la prohibición de las segundas nupcias,  su papel en la vida matrimonial carecía de protagonismo; estaba limitada a ocupar el papel de procreadora.

El tema de la noche de bodas ocupa un espacio importante, la Iglesia confeccionó una verdadera pedagogía
conyugal, con la que se reglaba el comportamiento destinado a la foecunditas pudica; cualquier indicio de placer erótico era considerado, en sí mismo,  como
una desviación "pecaminosa". En algunos casos se recomendaba la
abstención de relaciones en los primeros días del matrimonio, era
frecuente que los cónyuges llegasen a él sin conocerse, ante esta
situación se recomendaba un cierto tiempo de adaptación, la Iglesia
creía que unos tres días ya era suficiente. La consumación gozaba de la
bendición de los sacerdotes que, en caso de salir mal por motivos
varios, ponían medios para remediarlo; recurriendo a exorcismos u otros
rituales.

La
Iglesia advertía de los peligros que comportaban las relaciones
ilícitas y los adulterios,(siempre por parte de la mujer, nunca del
hombre) los hijos deformes eran enviados por la divinidad como castigo
a estos actos. Existen un número considerable de leyendas que pueden
ilustrar lo expuesto.
 Era conocido por todos,  que  los
filtros amorosos formaban parte de aquellas prácticas consideradas
“pecaminosas” porque incitaban a la pasión y al amor. A éstas, contrapone el hinduismo en el que uno de los caminos
al misticismo incluye el conocimiento del cuerpo y el del goce de su
sexualidad; conocimiento que, consecuentemente, ayuda a alcanzar las
metas espirituales que expresa su religión.

A los problemas naturales de la maternidad, había que añadir los de
higiene, salud y los que derivaban de la falta de recursos, por todo
ello eran muchas las mujeres que morían aun siendo jóvenes, la
maternidad era un acontecimiento que daba miedo. No es de extrañar que
las prácticas anticonceptivas y los abortos representasen una solución a su
problema. Pero tanto la ley como la Iglesia intentaron frenar estos medios
considerándolos inmorales, a pesar del empeño, no lo consiguieron, es sabido que los conventos femeninos eran el lugar habitual
de citas amorosas. Con frecuencia los castigos impuestos por estas
prácticas o por el ejercicio de la prostitución, eran penas de
flagelación pública en plazas, con lo que además,  se conseguía un espectáculo cargado de morbosidad. El infanticidio, y particularmente,  el de las niñas, el abandono y “exposición” (a merced de las alimañas), de las recién nacidas,  era muy recurrente,  y,
muy a menudo se documenta en historias, trovas.., todas ellas reflejo
de una sociedad en la que el hombre era dueño y señor, -ante el
silencio femenino, obligadamente  sumiso-, del destino del ser,  aun
no nacido, pues él decidía si debía vivir o morir. Solamente las
mujeres, entre ellas, alguna vez, en alguna ocasión.., siempre a
escondidas, pudieron remediar un trágico destino, mostrándose autoras y
dueñas, y por tanto decidiendo la vida por la vida.

  • La mujer en la literatura medieval:

    Acercarse
    a la literatura medieval es vislumbrar, desde un primer momento, un
    problema de género no sólo literario, sino que principalmente, un
    problema de imagen genérica sexual. Arquetípica, la imagen femenina
    dentro de los textos medievales tiene un rol pasivo en comparación a la
    exaltación masculina dentro de la literatura épica, por ejemplo.

    Escindida, fragmentada y contradictoria, la imagen femenina se
    vio condicionada por el discurso clerical, es decir, el discurso
    masculino de quienes detentaban el poder de la palabra, de la cultura y
    de la tradición. Diabólico por esencia, el género femenino durante el
    medioevo no tuvo oportunidad de reconocerse como un auténtico otro;
    siempre, y en grados diferentes según regiones y épocas, dependió del
    universo masculino para justificar su existencia.

    Agrupadas
    por su género, para el universo masculino no existían diferencias
    determinantes entre unas y otras; todas llevaban la maldición de Eva.

    Milagrosa
    fue también la aparición del culto mariano. Despreciada, la figura de
    María durmió en el imaginario hasta el siglo XI. Antes del año mil su
    presencia en las sagradas escrituras estuvo relegada a un olvido
    intencionado. Pero la imagen de María fue vinculada más que a redentora
    y salvadora, hacia su divina gracia de Madre-virgen.

La literatura épico-legendaria,
es un género masculino por excelencia, así como los temas que trata
(venganza, guerra…), por lo que no debe extrañar que los
protagonistas sean hombres.

Pero las mujeres aquí son
imprescindibles, ya que a través de ellas, el héroe inicia o transmite
su linaje. Así que en ellas se da mucha importancia al matrimonio.

En el caso del Poema del Mio Cid,
con el destierro, no solo pierde el dominio sobre su tierra, también
sobre sus hijas, así que con los regalos que envía al Rey, no solo
pretende recuperar su amistad, si no también la custodia de sus hijas.
Con ellas vuelve a poder continuar su cuna.

El modelo de mujer que es Jimena, muestra la sumisión, ya que acepta todo lo que le pide su “señor”, es piadosa y cuida a sus hijos, como a él le gustaría.

Este
sometimiento de madre e hijas, se ve cuando estas últimas, aceptan con
agrado y alegría, sus bodas con los infantes de Navarra y Aragón. Con
este enlace Doña Elvira y Doña Sol, se alzan a la nobleza.

En conclusión en estos textos las mujeres toman peso, pero solamente por lo que le pueden dar al marido y no por lo que son.

En las representaciones femeninas en la narrativa de los siglos XIII y XIV,
pocos son los textos en los que el protagonista es una mujer, aunque es
cierto que en muchos casos posee un papel muy importante.

En la primera Crónica General de Alfonso X, aparecen pocas mujeres y las que salen, son por ser herederas al trono, como Doña Urraca, o por algún hecho muy relevante, como Teresa.

La mujer que recoge el Conde Lucanor,
da más valor a lo espiritual que a lo material y dan a conocer los
peligros del mundo, como la sexualidad, que deja abierta la puerta
abierta a los engaños de la mujer.

Lo mejor para la Salvación sería la virginidad, camino elegido por la Virgen María.

La visión de las mujeres durante la edad media es que son ingratas, inconscientes, avariciosas.

En el Conde Lucanor,
se puede ver como debe ser sometida una mujer, ya que debe ser
corregida violentamente, para que aprenda quien manda. Además se debe
de hacer para asegurar la paz en el matrimonio y conseguir la
admiración de los vecinos.

Como consecuencia de esto se puede ver que para Don Juan Manuel, la mujer inteligente es aquella que acepta los mandatos de su marido.

En el Libro del Buen Amor, se dan varios tipos de mujeres:

  • La mujer objeto, que aparece en los consejos de Don Amor,
    en los que da mucha importancia a la forma del cuerpo, todo ello con
    una clara connotación sexual. Su status estaría dado por su posición
    social.

  • Las dueñas, tienen voluntad
    propia, que se respeta, pero que es negativa porque se niega a una
    relación sexual libre, es decir fuera del matrimonio.

  • Las monjas, Juan Ruiz ensalza su amor, es la renuncia al sexo, es un caso excepcional.

  • Las
    serranas, como villanas que son no pueden despertar ningún sentimiento
    amoroso, pero dominan al hombre y lo acosan sexualmente.

  • La alcahueta, pasa de ser una simple mandada a ser la fiel amiga. Aparece como “persona” porque es digna de confianza de su amo.

Todo esto quiere decir que en el Libro de Buen Amor aparece una cambio ideológico de la sociedad, dejando paso a una fascinación por el amor del sexo contrario.

En La Celestina, los personajes se relacionan y se forjan su destino por medio de las relaciones que surgen entre ellos.

Melibea evoluciona, ya que pronto se mostrará como una mujer de carácter independiente, que decide vivir su pasión.

En la relación de ésta con su padre se ve una ruptura de la sociedad patriarcal, ya que son más amigos, que padre e hija.

La figura de Alisa, la madre de Melibea, representa la sumisión a su esposo, ya que llega a decir que no tiene ni derecho a opinar. Es la figura de la mujer cristiana según la tradición.

Areusa y Lucrecia, se mueven por la envidia y la frustración de su clase social.

Celestina, es la muestra de la corrupción de la sociedad tradicional con la llegada del dinero. A
través de este personaje, se intenta denunciar el escándalo que provocó
la irrupción del dinero y la nueva clase social, que era, la de los
mercaderes.

En definitiva en la obra de Fernando de Rojas son los personajes femeninos los que llevan el peso de la acción. Además comienzan a surgir hombres, que reconocen, como Pleberio, la nueva autoridad femenina. Tras esto, se tambalea el orden patriarcal y con él los pilares de la antigua sociedad.


MUJERES RELEVANTES

  • Clotilde

Clovis, el rey de los francos, envió a buscar a Génova a Clotilde,
sobrina del rey de los burgundios, para hacerla su esposa. Clotilde era
de la familia real, y su principal función fue que consiguió convertir
al cristianismo a su esposo pagano; aunque no fue fácil. Para los
historiadores el bautizo de Clovis fue el primer hito de nuestra
historia. Clovis ejerció una supremacía, más nominal que real, sobre el
pueblo, que le permitió la unidad religiosa, el pueblo fue cristiano.
Con Clotilde, la presencia de la mujer en la historia se hace evidente.

  • Adela:

Adela fue una propietaria feudal. Ella fue condesa de Blois, e hija de Guillermo "El Conquistador". Se casa con Esteban,
conde de Blois-Chartes, que participó en la primera cruzada y fue jefe
de la expedición, por un tiempo. Durante la cruzada, que Esteban trató
de liberar a Antioquia, le escribe a su esposa lo que va ocurriendo y
ella hace la historia.

Esteban fue juzgado, hasta que su esposa
lo convenció de volver al ejército y él llega al sepulcro de Cristo. Él
muere, pero se le consideró un héroe. Adela siguió administrando su
propiedad Blois-Chartes y educó a sus hijos. Ella tenía dos deberes
madre y propietaria feudal. Ella era amable y letrada, y crea en Blois
toda una actividad cultural. También se dedicó a la poesía y las
letras. Era defensora de los poetas. La decoración de su castillo fue
fastuosa, sabia, artística e intelectual. A su alrededor estuvo un
círculo de poetas, sabios e historiadores, que la alabaron. En 1122, su
hijo menor varón, tomó su puesto y ella ingresó a un convento, donde
muere en 1137.

  • Juana de Arco

Juana,
era una campesina que nació en Domrémy el 6 de enero de 1412. Desde
pequeña estuvo acostumbrada a la guerra, porque los ingleses habían
arrasado el territorio cercano a su villa natal.

Dos años
después del Tratado de paz de Troyes en 1420, murieron los reyes
ingleses y franceses, y el sucesor inglés se convirtió también en rey
francés. Las fuerzas inglesas tomaron Orleáns en 1428. Carlos VII
del difunto rey francés, fue reconocido rey al sur de Francia, pero
Carlos se mostró incompetente para alentar el movimiento contra los
ingleses. En Domrémy, había tropas leales a Francia y Juana de Arco,
obedeciendo a los ángeles, que se le aparecían desde los 13 años, que
le habían manifestado que ella debía liberar Orleáns, fue a hablar de
su misión con el capitán de esas tropas. A Juana se le dio una pequeña
tropa, y ella vestida de hombre fue al castillo de Carlos VII, ella le
dijo su misión y el rey le dio mando del ejército. Juana dirigió a
Orleáns, y en 1429 las tropas francesas hicieron que los ingleses
huyeran, convencidos de que Juana tenía un pacto con el diablo. En 1430
ella es capturada y un año después el obispo inglés, la sometió a
juicio, acusándola de brujería y fue ejecutada. Juana de Arco fue
quemada viva, en la plaza pública de Ruán, el 31 de mayo de 1431, a la
edad de 19 años.

CONCLUSIÓN

Se ve muy bien como evoluciona, a lo largo de los años que duró la Edad Media, la forma de pensar con respecto a la mujer.

Aunque
en muchos aspectos de la sociedad, parecen tener cierta libertad, en
realidad eran más normas puestas por los hombres, que limitaban su
albedrío, como se ve en los trabajos que podían o debían realizar.

En
definitiva, la vida del sexo femenino, durante la época del medioevo,
se vio claramente limitado e infravalorado por los hombres promovidos
por la Iglesia.

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