El Árbol de la Vida




El Árbol de la Vida se compone de diez emanaciones espirituales por parte de Dios, a través
de las cuales dio origen a todo lo existente. Estas diez emanaciones,
para formar el Árbol de la Vida, se intercomunican con las 22 letras del alfabeto hebreo.


Las 10 Sephirots (emanaciones) son:
  1. Kéter, la sefirá de la iluminación
  2. Chokmah, la sefirá de la sabiduría
  3. Binah, la sefirá del entendimiento
  4. Chesed, la sefirá de la compasión
  5. Geburah, la sefirá de la rectitud
  6. Tiferet, la sefirá de la belleza
  7. Netzach, la sefirá de la fuerza
  8. Hod, la sefirá del esplendor
  9. Yesod, la sefirá del raciocinio
  10. Malkuth, la sefirá del poder
Los 22 Caminos del Árbol (alfabeto hebreo) son:
  1. Aleph
  2. Beth
  3. Gimel
  4. Daleth
  5. Heh
  6. Vav
  7. Zayin
  8. Cheth
  9. Teth
  10. Yod
  11. Kaph
  12. Lamed
  13. Mem
  14. Nun
  15. Samekh
  16. Ayin
  17. Peh
  18. Tzaddi
  19. Qoph
  20. Resh
  21. Shin
  22. Tau

El Árbol de la Vida

 


SEPHIROTE


CUERPOS


1


Kether


Padre


2


Chokmah


Hijo


3


Binah


Espíritu


4


Chesed


Intimo


5


Geburah


A. Divina


6


Tiphereth


A. Humana



7



Netzach



C. Mental



8



Hod



C. Astral



9



Jesod



C. Vital


10


Malkuth


C. Físico


Un antiguo manuscrito caldeo afirma “Y en tus manos os
digo que está el número del nombre del padre, que es la fuente de luz”
, diez son
los mandamientos y el número en nuestras manos está representado por los diez
dedos, o los diez sephirotes de la cábala, los cuales forman el árbol de la
vida. El Dios Pacal, encontrado en Palenque, dentro de la zona Maya, tiene diez
anillos, uno en cada dedo, indicándonos que Pacal desarrolló los diez sephirotes,
y se convirtió en un ser lleno de extraordinarias virtudes, en un Avatara o
mensajero para la humanidad de aquella época, quien entregó a los Mayas grandes
conocimientos.

La tradición de colocar el anillo de bodas precisamente en
el noveno dedo indica claramente, el desarrollo del noveno sephirote, Jesod, a
través del trabajo consciente en el matrimonio.

Conforme se activa cada uno de los sephirotes
pacientemente, el árbol de la vida se va desarrollando en nuestro interior
despertando todas esas facultades que se hallan latentes en el ser humano.

Los diez sephirotes son atómicos y devienen de Sephira, la
Madre Divina, quien reside en el templo corazón.

Hacer resplandecer los sephirotes como piedras preciosas
en el cuerpo del Anciano de los días es un trabajo que inicia con el desarrollo
de las facultades del sephirote inferior, Malkuth, que es el cuerpo físico,
junto con el fundamento, Jesod, el cuerpo vital. Enseguida es necesario
desarrollar las dos columnas (Jakin y Boaz), Hod y Netzach, que son el cuerpo
astral y mental. El íntimo es el sephirote Chesed y tiene dos almas: la humana,
Tiphereth y la Divina, Geburah.

Kether, Chokmah y Binah son nuestra corona sephirótica: el
Padre muy amado, el Hijo muy adorado y el Espíritu Santo muy sabio, viven entre
las profundidades de nuestra conciencia superlativa, aguardando el instante
supremo de nuestra autorrealización.

Cuando el Anciano de los días ha realizado los 10
sephirotes en sí mismo, se transforma en el hombre Celeste y resplandecen en el
mundo de la luz como gemas preciosas, como piedras resplandecientes. “El que
tiene oídos, oiga lo que el espíritu dice a las iglesias
”. “Al que venciere le
daré de comer del árbol de la vida, el cual está en medio del Paraíso de Dios”.
(Apoc. 2:7). “Y los fundamentos del muro de la ciudad estaban adornados de toda
piedra preciosa. El primer fundamento es el jaspe; el segundo el zafiro; el
tercero calcedónica; el cuarto esmeralda; el quinto sardónica; el sexto sardio;
el séptimo crisolito; el octavo Berilo; el nono Topacio; el décimo crisopaso; el
undécimo jacinto; el duodécimo amatista”. (Apoc. 21:19-20).

Los diez sephirotes son la Santa ciudad, la Jerusalén que
viene a resplandecer en el fondo de nuestro corazón.

Tal como lo enseñaron los rabinos, en el árbol de la vida
de los misterios hebraicos se encuentra en la parte superior la corona
sephirótica, formada por el triángulo logoico o Divinal, llamado así por
contener a los tres Logos (Padre, Hijo y Espíritu Santo).

Después de un abismo viene el segundo triángulo, formado
por el Ser y sus dos almas (Geburah, la divina y Tiphereth, la humana). Este es
llamado ético, debido a que en estos planos prima la ética, la recta conducta,
allí conocemos el rigor de la Ley, lo bueno y lo malo.

Por desdoblamiento viene un tercer triángulo, llamado
mágico pues en estos niveles se ejerce la magia; representado por la mente (Netzach),
el cuerpo astral (Hod) y el cuerpo vital (Jesod).

En la parte inferior se encuentra Malkuth, el cuerpo
físico.

El centro de gravitación del primer triángulo es el Padre
Divinal, Kether, de quien se desdobla el segundo y tercer Logos, por esto es el
triángulo del Padre.

El segundo triángulo es el del Hijo; su centro de gravedad
es Tiphereth, el alma humana, a través de la cual se manifiesta el cristo o
segundo Logos, el hijo.

El tercer triángulo es del Espíritu Santo, su centro de
gravedad es Jesod, o principio básico sexual de la vida universal. El sexo,
representado por Jesod, es el origen del nacimiento, la muerte y la
regeneración; es mediante la fuerza sexual que surge la vida, que surge el
cuerpo físico, y que surgen todos los organismos dotados de vida. Jesod es el
fundamento del tercer Logos, centro donde gravita la fuerza sexual del Espíritu
Santo.

Los dos árboles del Edén: El Árbol de la ciencia del bien
y del mal, representado por el sexo y el árbol de la vida, representado por la
columna vertebral, se tocan en sus raíces. Toda verdadera doctrina cultural
tiene que estudiar detenidamente estos dos árboles. Porque el estudio de un
árbol con el olvido del otro, da un conocimiento incompleto, inútil.

Esta enseñanza nos indica que es necesario trabajar con
ambas columnas torales de la logia Blanca: la sabiduría y el amor.

“Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol
delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio
del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal.” Génesis. Cap. 2

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