Sílfides, Gnomos, Ondinas y Salamandras



De dónde proceden los duendes y las hadas?
Folkloristas, filósofos, historiadores y místicos se han cuestionado el
origen de estos seres durante siglos. Nadie tiene certezas al respecto,
pero los cuentos de hadas son populares en todos los continentes y se
conocen los atributos de estos “seres escondidos” hasta el día de hoy.

Algunos
eruditos ven en los cuentos de hadas vestigios de religiones paganas,
donde estos pequeños entes eran huellas de antiguas y poderosas
divinidades.

Otras posturas insisten en que los duendes son “ángeles caídos”,
que fueron expulsados del Paraíso, pero que al no ser lo
suficientemente malos, tampoco les correspondía el Infierno. Así se
convirtieron en almas de niños errantes, que murieron sin ser
bautizados. Se trata de pequeños fantasmas.

Durante
el siglo XV, el alquimista Paracelso clasificó las hadas y duendes con
los siguientes nombres, teniendo en cuenta el ambiente en que aparecían
-los cuatro elementos fundamentales de los que hablaron los
presocráticos-: las “sílfides” (duendes del aire), los “gnomos” (duendes de la tierra), las “ondinas” (seres del agua) y las “salamandras” (habitantes del fuego). Según Paracelso, son individuos de carne y hueso a quienes les gusta cortejar a los humanos.

En el siglo XVII, un ministro escocés llamado Robert Kirk
escribió que los duendes y las hadas constituían una naturaleza
intermedia entre hombres y ángeles, de livianos cuerpos cambiantes, que
se veían con más frecuencia durante el crepúsculo.

Hacia
el siglo XIX, las hadas y los duendes comenzaron a ser el tema
predilecto del Espiritismo. Esta doctrina los dividió en dos grupos: seres inferiores que habitan jardines, ríos, piscinas o bosques, y seres superiores, que dominan el espacio astral.

Ya en el siglo XX, la Teosofía de de Carlos W. Leadbeater reveló un método para clasificar las hadas inspirado en la teoría darwiniana de la evolución.

Leadbeater
sostuvo que existen siete niveles de duendes y hadas. Comenzaron
teniendo una vida mineral hasta evolucionar en bacterias y algas.
Constituyeron hierbas y cereales, reptiles y aves, mar, flora y fauna
hasta convertirse en sílfides y concluir en ángeles.

Otro teósofo, Edward Garner, consideró que la función de los duendes en la Naturaleza era suministrar un vínculo entre las plantas y la energía solar. 

Por
su parte, el investigador Franz Hartmann consideró que los duendes
formaban parte de la psicología humana: eran seres imaginarios.

Parte
del folclore de los pueblos atribuye a los duendes la costumbre de
burlarse de los humanos (recordemos a Puck, el duende travieso de la
comedia “Sueño de una noche de verano”, escrita por
William Shakespeare). Se cree que ahuyentan el ganado, que hacen llorar
a bebés y niños y que gustan de las damas solteras. Aunque a veces
ayudan a los mortales, por lo general son criaturas fastidiosas que se
ofenden rápido y que pueden resultar peligrosas si se irritan. Las
hadas tienen fama de ser tramposas. 

Se dice que los hombres que hayan entrado por accidente al “Mundo de las Hadas” pueden
terminar sus días atrapados para siempre en su reino. El Folklore está
lleno de relatos “preventivos”, que narran las amenazas de cruzarse con
estos fantásticos seres de la naturaleza.

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