Torneos Medievales

Historia
de los torneos en la Edad Media

Los
torneos y su origen como entrenamiento de guerra

Durante
la Edad Media, la guerra tuvo una importancia fundamental,
tanto a nivel político como social. El caballero gozaba de
un estatus privilegiado en la pirámide feudal.

Los
aspirantes a caballeros se entrenaban en simples ejercicios con
lanza o incluso en combates con otros aprendices, en lo que se conoce
como lucha de bohordos. Una vez armados, los caballeros proseguían
su entrenamiento durante toda su vida militar, por
lo que se hizo necesario crear las condiciones más reales
posibles para que la preparación fuese realmente eficaz.

Aunque hubo
antecedentes, fue durante el siglo XI cuando aparecieron
los torneos, combates a caballo en que los caballeros se
enfrentaban entre sí armados con lanzas a lo largo de diferentes
rondas y que, en un primer momento, se desarrollaban alrededor de
un recinto circular donde los combatientes daban vueltas simulando
una batalla; de ahí su nombre, derivado de la palabra "tornear".

Distribuidos
en dos bandos, los combates se desarrollaban mediante enfrentamientos
individuales, o bien cargas compactas y emboscadas en las que trataban
de derribar al oponente para desarmarlo y apresarlo. Las armas utilizadas
eran lo más parecidas posible a las reales, generalmente
pesadas, que se denominaban "armas corteses", pues
habían sido en parte modificadas para evitar accidentes en
lo posible (bastones, lanzas sin punta o espadas romas). Sin embargo,
pese a todas las precauciones no eran raros los accidentes, con
heridas graves y muertes, de manera que la Iglesia llegó
en ocasiones a prohibir los torneos.

Ya en el siglo
XI se buscó una cierta homogeneidad entre los torneos celebrados
en distintas zonas. Así, en 1066, Godofredo de Preuilly escribió
un tratado de normas que fue ampliamente utilizado en Alemania,
Inglaterra, Italia y los reinos peninsulares. Su finalidad fue evolucionando
con el transcurso de los siglos, pasando de ser un medio de promoción
para caballeros pobres o de prestigio para los más poderosos,
y entrenamiento frente a contingencias militares, a tener en los
siglos XIV y XV un carácter más lúdico y de
espectáculo para disfrute, en primer lugar, de la nobleza
y, en último extremo, de entretenimiento para el pueblo llano.

Funcionamiento
de los torneos

Los torneos
se convocaban junto a los castillos, de forma periódica o
con ocasión de acontecimientos especiales, como coronaciones,
matrimonios, firma de tratados o treguas, entre otras.

El organizador
establecía las normas que debían regir y enviaba heraldos
a los caballeros invitados o que quisieran participar. La celebración
tenía lugar en un recinto cerrado, generalmente de planta
ovalada, alrededor del cual se disponían las gradas para
el público asistente, muy fastuosas y decoradas para los
personajes importantes, y sencillas para el pueblo llano; junto
a estas instalaciones se levantaban las tiendas destinadas a los
caballeros, sus escuderos y criados, así como a los oficiales
que se cuidaban del correcto desarrollo del evento; además,
las localidades próximas se engalanaban para acoger a los
visitantes y participantes, en muchas ocasiones venidos de tierras
lejanas.

Diversos caballeros
conocedores de las reglas hacían las funciones de jueces,
supervisaban el correcto estado de las armas y tomaban juramento
a los participantes sobre su noble comportamiento; otra figura importante
era el rey de armas, encargado de anunciar a los distintos contendientes.

Los caballeros
tenían que especificar su linaje, pues sólo podían
enfrentarse entre sí los de un mismo nivel, y situar su estandarte
en el campo. Con carácter previo, era habitual que se celebrasen
enfrentamientos entre escuderos con armas ligeras, como espadas,
que les servían de prueba. Dentro ya del torneo propiamente
dicho, en un primer combate, cada participante escogía uno
de los estandartes como contrincante, y se enfrentaba a él
lanzándose de frente con su montura y lanza; vencía
quien rompía más lanzas contra el rival. Al principio,
se hacía sin separación entre los caballeros, pero
con el tiempo se colocó una valla entre ambos para garantizar
la seguridad.


A continuación,
la lucha proseguía a pie, con espadas y mazas, para concluir
con un enfrentamiento colectivo entre dos grupos de caballeros,
que concluía cuando el rey de armas daba la señal
de detenerse. Al objeto de evitar accidentes, entre las normas que
regían estos combates estaban el no herir de punta al rival
ni al caballo, no luchar varios contendientes contra un mismo rival
y no asestar golpes al caballero que alzase la visera de su casco.
El vencido y sus armas quedaban a disposición del vencedor,
quien recibía su premio de mano de los jueces y acostumbraba
a depositarlo a los pies de la dama elegida.

Finalmente,
los torneos acostumbraban a concluir con un gran banquete
al que asistían todos los participantes y en el que las damas
homenajeaban a los vencedores; no en vano, tenían también
un cierto componente cortés a lo largo de toda la
celebración.

Otras
modalidades de combate

Los torneos
eran unos complejos espectáculos que conllevaban un gran
movimiento de combatientes y de público. Junto con ellos,
había otros dos tipos de enfrentamientos reglados
que tenían cierta similitud: las justas y los pasos
de armas
. Las primeras consistían en combates singulares
en los que se utilizaban armas no simuladas, por lo que los contendientes
podían ser heridos o muertos durante los mismos.

Los pasos de
armas, por su parte, eran desafíos o retos que lanzaba un
caballero a quienes quisieran atravesar una entrada o paso protegido
por él; para poder traspasarlo, debían enfrentarse
y vencer al mantenedor, ya fuese de forma individual o colectivamente,
según unas normas o condiciones que eran previamente redactadas
por escrito; el combate se celebraba con un despliegue de medios
que poco tenía que envidiar a los torneos. Uno de los pasos
de armas más conocidos de que se tiene constancia es el llamado
Paso Honroso de Suero de Quiñones (1434), en León.

Los torneos
fueron desapareciendo poco a poco a finales de la Edad Media, para
extinguirse durante el siglo XVI, aunque todavía siguieron
celebrándose excepcionalmente en épocas más
recientes. Los últimos de que se tiene noticia fueron ya
a finales del siglo XIX, en Barcelona y Eglington, en Inglaterra.
Actualmente se celebran representaciones de torneos con carácter
turístico y de espectáculo, en castillos y centros
históricos medievales de toda Europa.


(Autor
del artículo/colaborador de ARTEGUIAS: Javier Bravo)

Fuente: http://www.arteguias.com/torneosmedievales.htm

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