LOS PICTOS y los Druidas

Pictish stone strathpeffer eagle (Piedra picta en Escocia, representando a un águila)

De baja estatura, piel morena y cabellos por lo general oscuros, los
pictos acostumbraban a lanzarse a la batalla en auténtica desbandada,
desnudos o semidesnudos, y recubiertos cuerpo y rostro con tatuajes y
pinturas de guerra de naturaleza religiosa. Es posible que fuera esta
cualidad la que les hiciera ganarse el nombre de pictos ante los
romanos, o quizá la causa estuviera en el velamen teñido de glasto que
lucían sus embarcaciones. Por su parte, los escotos procedentes de
Hibernia los conocían como cruithni, que igualmente significa pintados.

La sociedad picta era de carácter matriarcal. Los campos y
posesiones se heredaban de madre a hija, y eran las mujeres quienes
llevaban a cabo todas las tareas del hogar y la tierra; mientras que
los hombres se dedicaban la mayor parte del tiempo a hacer la guerra y
a defenderse de sus vecinos.

Asimismo, la herencia del gobierno de una tribu o reino se llevaba a
cabo por línea materna. La reina era la verdadera gobernante del país,
mientras que un rey consorte de su elección tenía delegadas todas las
funciones militares.

Se piensa que el culto religioso de los pictos no difería demasiado
del practicado por britanos o hibernos. Los druidas tenían entre este
pueblo un gran poder e influencia, y no era infrecuente que los
gobernantes se dejaran orientar por sus consejos. 

Las tribus de Britania

A la llegada de Julio César a Britania, la isla estaba habitada por
gran cantidad de tribus diferentes, las cuales podrían dividirse en
cuatro grandes grupos:

  • Los britanos belgas ocupaban la
    parte sudeste de Britania. Eran sus moradores más recientes, de raza
    celta, aunque con una fuerte ascendiente germánica. Pertenecían a la
    cultura de la Tène.

  • Los britanos celtas eran en su
    mayoría pertenecientes a la cultura de Hallstatt. Dominaban más de la
    mitad de la isla: las regiones centrales y parte del sudoeste.

  • Los britanos preceltas estaban
    representados por una serie tribus prearias, descendientes de lo que
    conocemos como el pueblo del vaso campaniforme. De baja estatura y piel
    aceitunada, se encontraban en su mayoría en el sudoeste británico.

  • Las tribus caledonas estaban
    constituidas por individuos celtas y preceltas en su mayoría. La
    diferenciación que los romanos hacían de los caledones, con respecto al
    resto de tribus de Britania, se debía más a una razón geográfica y
    política que genética.

Los reinos pictos

Siete eran los reinos pictos que se hicieron con la soberanía de las
tierras situadas al norte del estuario de Boderia: Caitt, Fidach, Ce,
Circenn, Foclaid, Fortrenn y Fib. Aunque también se piensa que las
islas Epideae, Ebudes y Orcades (Hebridas Interiores, Hebridas
Exteriores y Orcadas) estuvieron bajo su dominio, seguramente como
parte del reino de Caitt. Es posible que también el reino de Galwyddel
(actual región de Galloway), fuera igualmente picto.

A estos reinos pictos es a los cuales debemos hoy la posterior
aparición de Escocia. Pues fue de la unión de todos ellos y de su
fusión con el reino escoto de Dal Riada y con el reino britano-caledón
de Strathclyde, todo ello de mano del rey picto Angus Mac Fergus, que
surgió en el año 730 la simiente de lo que hoy es la nación escocesa. 

El druidismo en Britania

El origen del druidismo se pierde en la arena de los tiempos. Sin
lugar a dudas, esto es debido a la aversión que siempre mostraron los
druidas a poner sus enseñanzas por escrito; con lo que la mayor parte
de sus tradiciones e historia terminaron por desaparecer junto con
ellos.

No obstante, la Historia tiene sus propias teorías al respecto.
Mientras que algunos investigadores defienden que la casta druídica
tuvo su origen en una serie de pueblos preceltas del norte de Europa,
los cuales habrían sido conquistados y absorbidos por los celtas
durante su expansión; la opinión más extendida parece ser aquella que
defiende su naturaleza puramente céltica.

De cualquier manera, para el estudioso actual, el druidismo
constituye un elemento prácticamente indisociable de la cultura
céltica, una faceta fascinante que en tiempos presentes nos obliga a
formularnos una pregunta. Por qué aquellos druidas de la antigüedad que
poseían un nivel tan vasto y avanzado de conocimientos sólo comparable
al de las mejores escuelas de pensamiento del mundo grecorromano, no
lograron (o no quisieron) elevar a su civilización hasta la altura de
los grandes pueblos del Mediterráneo?¿?¿

No cabe duda de que de haber sido así, para bien o para mal, este
mundo en el que nos ha tocado vivir habría sido un lugar muy diferente
al que hoy conocemos.

Historia del druidismo británico

Hasta la llegada de los romanos, Britania fue un importante centro
de sabiduría dentro del universo céltico. De hecho, era habitual que
los druidas de la Galia, e incluso de Hibernia, cruzaran los mares para
completar su formación en tierras británicas.

Más adelante, al igual que ya ocurriera en el continente, los
romanos persiguieron a los druidas de Britania, en los cuales veían un
elemento político peligroso que predisponía al pueblo contra la
autoridad de Roma.

Y fue en el año 59 d.C. cuando Roma dio finalmente su golpe maestro
contra el druidismo en Britania. A las órdenes del gobernador Suetonio
Paulino, un ejército romano vadeó a pie el estrecho que separaba el
norte de Cambria (Gales) y la isla de Mona (Anglesey), posiblemente la
principal sede druídica de Britania. Ignorando los gritos, amenazas y
maldiciones que desde la otra orilla les arrojaban los druidas que en
la isla moraban, los legionarios se abrieron paso imperturbables por
las marismas.

En esta ocasión, Paulino no mostró clemencia alguna y todos los
habitantes de Mona, se tratara o no de sacerdotes, fueron pasados a
cuchillo por sus legionarios.

Parece ser que, tras la matanza de Mona, los druidas desaparecieron
de la Britania romana, al menos oficialmente, y buscaron refugio en la
vecina Hibernia o entre las tribus caledonas del norte británico. Y no
sería hasta la partida de los romanos, algunos siglos después, que su
sabiduría renacería en aquellas tierras, en las que el pueblo nunca les
había llegado a olvidar por completo, y los viejos dioses seguían aún
siendo venerados y rigiendo las vidas de los hombres.

Sin embargo, este resurgimiento de los druidas no duraría mucho,
pues el empuje sajón por una parte, y la tenacidad de los misioneros
procedentes de Roma y de Hibernia por la otra, no tardaría en borrarlos
de la faz de Britania para siempre. 

La perduración del paganismo

De cualquier manera, resulta agradable pensar que la antigua
sabiduría no llegó a desaparecer por completo junto con los druidas. De
hecho, en las poblaciones más recónditas de las islas británicas,
siempre han existido augures, curanderos, herboristas… Gentes que no
dudaban en aplicar sus conocimientos, transmitidos de padres a hijos
desde tiempos inmemoriales, en beneficio de sus vecinos.

Por otra parte, sobre todo en las zonas rurales, han llegado hasta
nosotros un sinnúmero de supersticiones, que bien pueden tener su
origen en ciertas prácticas religiosas que los druidas llevaran a cabo
en la antigüedad. Costumbres como celebrar el solsticio de invierno
(Navidades) con un árbol plantado en el interior del hogar, colgar
muérdago sobre las puertas, rendir homenaje a los muertos el primero de
noviembre, lanzar monedas a un pozo y pedir un deseo, tocar madera
contra la mala suerte, así como un largo etcétera más, no cabe duda de
que tienen un claro carácter druídico y pagano.

Además, qué no decir de todas aquellas personas a los que durante
siglos ha perseguido la Iglesia, acusándolos de brujería o de pactos
demoníacos con Satanás. Y llegados a este punto, cabe preguntarse: ¿no
serían en realidad muchos de estos supuestos brujos y brujas sucesores
de algún modo de los antiguos druidas? ¿O eran quizás practicantes de
alguna forma de paganismo que hubiera sobrevivido hasta entonces entre
el pueblo llano? Realmente, resulta difícil saberlo.

El culto druídico

Para los antiguos britanos, los druidas suponían un vínculo entre
los dioses y los hombres, el cual lograba mantenerse por medio de
sacrificios e innumerables rituales. El druídico era un culto animista,
lo que significa que rendían pleitesía a la naturaleza como medio para
conectar con las divinidades. De hecho, existía una triada,
representada por el roble, el muérdago y el trébol de cuatro hojas, a
la cual prestaban una especial dedicación. Los consideraban altamente
sagrados y provistos de poderosas facultades.

Trisquel

Otro de los símbolos druídicos más usados (o por lo menos conocidos)
fue el trisquel, una especie de cruz con tres brazos en forma de hélice
y terminados en espiral. El trisquel fue un motivo muy extendido por
todo el mundo celta y no resulta difícil encontrarlo grabado en alguna
roca o labrado en antiguos utensilios. Incluso hoy en día lo podemos
encontrar en lugares tan relevantes como la bandera de la isla de Man,
la cual representa un trisquel formado por tres piernas unidas por uno
de sus extremos.

El significado del trisquel ha resultado en múltiples ocasiones
objeto de controversia, aunque por lo general se le atribuye un
carácter sagrado, relacionado con el culto solar. Además, se cree que
sus tres brazos representan una triada de aquellas que tanto fascinaban
a los celtas (como por ejemplo la constituida por las tres facetas de
la diosa Dôn/Dana o la ya mencionada del roble, el muérdago y el
trébol).

A parte de sus funciones espirituales, los druidas eran los
portadores de toda la sabiduría acumulada por su civilización en el
transcurso de los tiempos. De esta forma, ejercían como historiadores y
poetas, médicos y herboristas, maestros, adivinos, legisladores y
jueces. Aunque estos dos últimos atributos terminaron con el tiempo por
ser traspasados a los reyes y jefes militares, sin perjuicio de que los
druidas fueran consultados por estos en cuanto a los casos más
peliagudos.

En el terreno político, cabe decir que la mayoría de los reyes
contaban con uno o varios druidas como consejeros. Esto les confería a
los druidas un gran poder sobre el destino del reino o la tribu, ya que
por lo general disfrutaban una enorme influencia y credibilidad sobre
aquellos supersticiosos monarcas britanos. En muchas ocasiones incluso,
los druidas llegaron a actuar como mediadores entre dos reyes en sus
disputas, lo que nos da una idea del nivel de independencia del que
debían disfrutar las órdenes druídicas dentro de la estructura social
de los reinos; quizá comparable a la que llegó a gozar la Iglesia en
Europa en sus mejores momentos.

Los grados druídicos

En cuanto a los grados existentes entre los druidas, hoy conocemos
únicamente cuatro de ellos, aunque posiblemente se contemplaran
bastantes más. Estos eran:

  • Filidh o aspirantes: eran
    seleccionados por los druidas de entre los más brillantes niños de cada
    población, y se veían sometidos a largos años de estudio para acceder
    al segundo escalón.

  • Bardos o poetas: habían sido ya
    iniciados en los mundos internos y oníricos, los contactos con la
    naturaleza y los dioses, la impregnación con las fuerzas sagradas de la
    tierra y la canalización de estas a través de la música, la poesía o
    cualquier otro tipo de arte. Llevaban por lo general una vida errante,
    dedicada de pleno al estudio y a la divulgación de historias y
    canciones, tanto de carácter religioso como histórico. Aunque tampoco
    resultaba extraño encontrar uno o varios bardos residiendo en la corte
    de los reyes y los señores más poderosos.

  • Vates o adivinos: llegados a este
    punto, se conocían mejor a sí mismos y podían trabajar combinando sus
    propias energías con las fuerzas de la naturaleza. Dominaban el arte de
    la adivinación y la invocación, aunque debían buscar un guía o maestro
    que les ayudase a acceder al último escalón, al cual únicamente podían
    llegar siempre que consiguieran encontrarlo en su propio interior.

  • Druidas: estos individuos ya eran
    reconocidos como maestros que podían sumergirse voluntariamente en los
    mundos internos, manejar conscientemente las energías e intervenir en
    los asuntos humanos para cambiar el rumbo de los acontecimientos. Por
    lo general, eran ellos los encargados de presidir todo sacrificio y
    ceremonia mágica que su orden llevara a cabo.

Fuentes: http://www.britania.tk

http://es.wikipedia.org/wiki/Pictos

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Espiritualidad

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s