El Pontificado y el Fin del Temple

Felipe IV de Francia, el Hermoso

Felipe IV de Francia, fue un auténtico avanzado a su época, quizás fue el primer Monarca Absoluto de la Historia, gobernó merced
a consejeros y delegados pero que ejecutaban la voluntad real en forma
decidida. Ascendió al trono merced a la muerte por envenenamiento de su
hermano mayor, y él se sentía orgulloso de su linaje y su pasado y los
estudios de Derecho de algunos de sus asesores, que ya se realizaban en
la Sorbona, le permitieron comprender rápidamente cual era el lugar del
Sumo Pontífice con respecto al poder terrenal.

Papa Bonifacio VIII

Cuando el Rey de Francia se apercibió de la inmensidad de bienes que
poseía la Iglesia en su territorio se dio cuenta de que una forma
inmediata de mejorar sus finanzas era la de hacer que la Iglesia pagase
impuestos al igual que lo hacía la nobleza o los propietarios de bienes
raíces o sus propios vasallos. Pero el Papa Bonifacio VIII también
tenía problemas económicos, por un lado la inmensa corrupción del
Pontificado Romano, y por otro la guerra que tenía entablada con el
Reino de Aragón por la posesión de Sicilia hacía que la demanda de Roma
a todos los obispados y monasterios de dinero para su mantenimiento no
fuesen suficientes, así que se negó en rotundo al pago de impuestos de
la Iglesia.

Es a partir de 1301 cuando la justicia del Rey emprende causa contra
un clérigo francés cuando Bonifacio se "descontrola" emite la bula Unam Sanctam
donde declara la supremacía del poder espiritual sobre el temporal, y
establece que los reyes son responsables, y deben rendir cuentas, ante
el Sumo Pontífice, y amenazaba con la excomunión de Felipe IV y la
interdicción de todo el Reino de Francia. Esa bula instalaba de hecho
una teocracia.

Felipe IV rey de Francia, el Hermoso

Pero Felipe IV (al que se le conocen los sobrenombres de "El Rey de
Hierro" y "El Rey de Mármol" por su impasibilidad ante cualquier
circunstancia o noticia y su respuesta siempre enérgica) no se arredró,
convocó en un concilio nacional a los obispos franceses, y reunió una
asamblea de nobles y burgueses (claro precursor de los Estados
Generales posteriores de los Reyes de Francia) a los que leyó la bula
(convenientemente falsificada por sus propios juristas) para deponer al
Papa. Felipe, envió a Roma al que más tarde sería su consejero
principal Guillermo de Nogaret con una escolta armada para arrestar al
Papa y hacerlo juzgar por un Concilio.

Al llegar a Roma, todo el mundo abandonó al Papa que se refugió en
Agnani y hasta allí se dirigió Nogaret con su escolta y con la ayuda de
un noble romano de la familia Colonna. Allí, el Papa que contaba con 88
años de edad les retó a que le matasen, cosa a la que no se atrevieron,
pero Colonna le dio un guantazo con la mano cubierta con el guantelete
de su armadura y Bonifacio no se pudo recuperar ni de la humillación ni
del golpe, muriendo al cabo de un mes.

Papa Benedicto XI

A partir de ahí, Felipe IV impuso a los cardenales los nuevos Papas,
en primer lugar (1303) a Benedicto XI y en segundo lugar a Clemente V,
uno de los Papas más corruptos de la Historia, protegido del Rey desde
la adolescencia en que eran amigos y que acabó llevando la sede
pontificia a Avignon en 1309. La supremacía del poder espiritual sobre
el poder terrenal saltó en añicos para siempre. Desde entonces, la
Iglesia paga impuestos en el Reino de Francia.

Papa Clemente V

Y en esa disputa Felipe IV jamás olvidó el poder que el Temple tenía
en su reino y la cantidad
de espadas y caballeros que en un momento dado podían levantarse contra
él a una simple voz de mando del Papa, así que la suerte de la Orden
estaba echada, era cuestión del tiempo que Nogaret tardase en encontrar
una solución al "problema" que no permitiese utilizar a la Orden su
prestigio religioso o militar, y tener a disposición a un Papa dispuesto
a aceptar las sugerencias del Rey o a permitir las acciones reales
mirando hacia otro lado: Clemente V era el hombre.

El 12 de octubre de 1307 fue el último día de libertad para la
cúpula y los caballeros franceses de la Orden; al día siguiente martes
trece las tropas reales entraron en todas las encomiendas y castillos
que la Orden tenía en territorio francés.

Fuente: http://lacomunidad.elpais.com/templarios/posts/2

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