Música y trance en el Antiguo Egipto

Introducción

[El
presente documento es sólamente un pequeño extracto del artículo "Aproximación al
concepto de música del Egipto antiguo" publicado en: Arte y sociedad del Egipto
antiguo
, Ed. Encuentro, Madrid 2000, edición preparada por Miguel Ángel Molinero
Polo y Domingo Sola Antequera (coordinadores)]

Tañedor de arpa junto a pastor y bóvidos (2300 a.C.
Mural.)

A partir de los datos podemos afirmar que la música en el Egipto antiguo era utilizada
con las siguientes finalidades: sincronización de actividades motoras o cinegéticas
(cosecha, siembra, vendimia, pisar la uva, remar, cazar, desfilar, etc.); memorización y
exposición de grandes cantidades de textos largos (narración de historias, transmisión
de mitos, etc.); representación de valores articulatorios de un lenguaje mágico
(comunicación con lo oculto y actuación sobre ello); aumento de la descarga emocional
(plañidos); amenización de actividades sociales, (alarde técnico o expresivo en
banquetes, fiestas, etc.); apoyo propagandístico; agrado de los dioses, mediante la
alabanza o exaltación de sus cualidades, para la propiciación (buena caza o pesca, buena
cosecha, buen destino,…); adorno o soporte del acto dramático (teatro y danza); y
provocación, conducción o facilitación del trance (ritos funerarios, de paso o
iniciáticos, curación o alivio terapéutico). Sobre esta ultima nos centraremos
seguidamente, por ser la menos conocida.

Para los antiguos habitantes del país de las pirámides, la categoría música parece
haber estado centrada en unos prototipos muy claros a lo largo de los siglos: la idea de
*agrado para la propiciación*, la idea de *perfección* y la idea de *ritmo y
organización del tiempo*. Sin embargo, existía un elemento que para el egipcio era
"música" que nosotros nunca hubiéramos ubicado a priori en esa categoría,
algo que podríamos sólo intentar aproximar como "lo que produce movimiento e induce
a la transformación".

Tal vez la más llamativa de las finalidades de la música que podemos postular para el
Egipto antiguo a lo largo de su historia y partir de los datos fué la provocación,
conducción o facilitación del trance en los ritos funerarios, de paso o iniciáticos, o
en la curación o alivio terapéutico.

El fenómeno de trance

Sacerdote
Sem en trance (tumba de Rejmira)

Uno de los elementos culturales principales relacionado con la música es la religión
y, dentro de ella, es muy común la búsqueda de estados extáticos y de arrebatos
místicos emocionales. La música posee una capacidad esencial de codificación y
modificación de la sensación de tiempo que permite "crear otro mundo" basado
en un tiempo virtual, facilitando los objetivos religiosos. Sin embargo, quisiéramos
hacer aquí algunas consideraciones acerca de esta potencialidad de la música, pues nos
parece que debió de cumplir un importante papel principalmente en los ritos funerarios en
el Egipto antiguo y simultáneamente creemos que se acerca en alguna medida a uno de los
conceptos principales, si no el fundamental, que encerraba la música para el antiguo
egipcio.

El trance es una condición similar al sueño en la que la persona tiene respuestas
mínimas a los estímulos y el conocimiento de lo que sucede. Los trances son comunes en
la hipnosis y en los estados de histeria. Aunque el estado de trance requiere de ciertas
predisposiciones innatas existen entrenamientos individuales, basados en el cultivo de la
imaginería mental [1], que pueden favorecerlo, aprender a
desarrollarlo y controlarlo. Creemos que tales entrenamientos pudieron haber sido objeto
de cierto tipo de sacerdotes egipcios como el Sem o Setem o a veces de las sacerdotisas
denominadas Semet.

Sacerdote Sem en posición fetal (tumba de
Montuhirjepeshef)

En efecto, su iconografía, sus representaciones, parecen vincularlo con viejas
tradiciones de amplia raigambre africana, semejantes a las chamánicas. Actuaba en las
ceremonias fúnebres con funciones muy importantes y precisas, que al principio de la
historia egipcia probablemente eran auténticas y que con el paso de los siglos pasaron
seguramente a ser  representativas o simbólicas. Al parecer, durante la ceremonia
llamada de "apertura de la boca" tenía como una de sus funciones el entrar en
trance para ir en busca del desorientado ka del fallecido y acompañarlo de vuelta al
lugar de la ceremonia. Generalmente, en las culturas chamánicas, la música utilizada
para este tipo de actividad es o bien de carácter rítmico –pues automatiza los
sentidos y permite una mejor concentración interna– o bien de carácter melódico
–a través del canto de boca cerrada sin textos que puedan distraer la atención del
sacerdote respecto a sus funciones– o de ambas categorías y modos mezclados.

Sem en dos fases de trance (tumba
de Dyehutmesy)

La descripción que la psicología ofrece del trance extático es que es un estado
extraordinario de consciencia despierta, semejante al "duerme-vela", en el que
el individuo, a partir de un determinado sentimiento intenso, se abisma en su interior
desconectándose del mundo externo en diversa medida y dirigiendo la conciencia despierta
hacia dimensiones subjetivas del mundo mental en un proceso que acaba desembocando en un
estado cognitivo alternativo de cierta estabilidad. Desde el punto de vista médico el
trance extático viene acompañado por una aparente disminución de la percepción y
sensibilidad corporal externas y una merma de la movilidad. Esto quizá pueda estar
relacionado con el hecho de que en algunas representaciones puede verse a los sacerdotes
en trance inmóviles en alguna variante de la posición fetal realizando su rito.

Relación de la música egipcia con el trance

Las instrumentos
tipo sonajero, como el sistro, han sido los principales usados por los chamanes hasta
nuestros días

La música no es componente indispensable para la provocación del trance –pues
puede ser educado para la autoinducción– sino que actúa en cierto modo y
básicamente como "un reflejo condicionado por un proceso de enculturación". El
etnopsiquiatra Wolfgang Jilek mostró que el sonido de los tambores de piel de ciervo de
los ritos iniciáticos y extáticos salish dominan las frecuencias de 4 a 7 Hz [2], que son equivalentes a las Ondas Theta
(z) de los electroencefalogramas, las que el cerebro emite en las fases de sueño. Sin
embargo, el trance también sucede cuando los instrumentos producen frecuencias más
altas, lo que nos induce a pensar que las ondas de baja frecuencia favorecen los trances
extáticos pero no son su causa.

El uso de sistros y sonajas con una presunta función apotropaica es algo que se cita
una y otra vez en los trabajos egiptológicos. Sin embargo, la función psicológica
religiosa que en ciertas condiciones produce el ruido de los chasquidos rítmicos es de
una mayor pertinencia para la eficacia religiosa ceremonial –además de ser una
realidad empírica– de lo que pudiera serlo una función cultural alejadora de malas
influencias invisibles
. En efecto, Jung decía que el ritmo repetitivo es uno de los
caminos para despertar la emotividad y que la música de ritmo intenso y marcado debería
pues ser adecuada para el trance. Con ello no queremos decir que sistros y menats,
por ejemplo, sólo hayan podido utilizarse para facilitar estos estados anímicos.
Simplemente queremos apuntar esta otra posibilidad, más que probable, de influencia
psicológica, psicopómpica en este caso, con mayores y mejores evidencias, utilizada incluso
aún hoy día
en todas las culturas que hacen uso del trance extático en el que
está presente la música a través de maracas, panderetas y sonajas de todo tipo.

Sacerdote Sem
oficiando delante de Isis que toca el sistro y sostiene un menat  (Templo de Sety I,
Abydos)

Junto a los fenómenos de trance extático siempre han estado presentes elementos
catalizadores que los facilitan cuando éstos tienen un objetivo determinado [3]. El uso de psicotrópicos y alucinógenos
en estos contextos ha sido habitual pero no son éstos los únicos elementos
pertenecientes a esta categoría de auxiliares. De todos ellos, tal vez los más naturales
y fáciles de aprender y utilizar sean

1) los sahumerios,
2) las modificaciones de la respiración que conducen a ciertos estados de hipoxia
cerebral,
3) la saturación de las percepciones o su deprivación máxima
4) largas vigilias
5) y el debilitamiento físico mediante rígidos ayunos.

Por todo ello, el canto religioso mantenido del modo en que se hace en oriente o en la
propia iglesa copta –esto es, con melismas [4] larguísimos que apenas dejan tiempo para
respirar brevemente– conduce de modo natural a estados próximos al trance. Si a ello
le añadimos que el fenómeno puede ser condicionado culturalmente y que, además, el uso
de determinados ritmos repetitivos agitados en sistros y sonajas favorece la consecución
de ambientes adecuados para que la conciencia se abisme en el trance, comprenderemos lo
habitual que éste pudo haber sido en los contextos religiosos egipcios donde se cantaban
textos mientras se agitaban sistemáticamente los sistros con las mismas disposiciones que
aún en nuestros días se siguen en varios cultos.

Este tipo de fenómeno no se reducía sólo al contexto funerario habitual sino que
también se extendía a aquellas situaciones culturales donde el sujeto era considerado
como un difunto viviente, presto a nacer a un nuevo estado, tal como ocurre en
los ritos de paso. Las narraciones clásicas apuntan a un uso iniciático de este tipo de
recursos como prueba lo descrito en la narración de Lucio Apuleyo, sacerdote africano de
Isis, en época grecorromana. En Las Metamorfosis este autor describe el
adiestramiento de Lucio en el templo de Isis, tal como seguidamente pasamos a describir.

Sacerdote Yunmutef y dama agitando el sistro (Papiro de
Ani)

Uno de los ancianos del templo envía al protagonista a la biblioteca a por un papiro
en el que se dan las instrucciones. Lucio se purifica en el lago sagrado mientras vierten
agua sobre su cabeza. Ante la estatua de Isis en el santuario, en una situación solemne y
grandemente emotiva, se le revelan una serie de enseñanzas que puede que quizá fuesen
simbólicas o quizá tratasen de un inicial adiestramiento sobre las técnicas de
favorecimiento del trance (respiración y concentración en determinadas imágenes) que
más tarde debería utilizar para la obtención de las visiones reveladoras en la epopteia,
aunque tal información en esos momentos no era necesariamente imprescindible. Tras esto,
Lucio ayuna durante 10 días y luego se repite la primera ceremonia para instruirle en las
enseñanzas más profundas. Es posible que en esta fase se le explicase el camino que
debía seguir en el estado de trance y cómo reaccionar en cada situación. Acto seguido
se le lleva a la parte más recóndita del templo donde puede respirar el incienso y oye
los cantos de un coro de sacerdotes durante un tiempo. Estos dos elementos son decisivos:
la exposición a una sustancia fumigada, posiblemente alucinógena pero en todo caso
reductora del oxígeno en la sala, y al canto, elemento externo conductor, ambos
favorecedores del estado de trance ya facilitado por la debilidad del ayuno. El mismo
Lucio describe entonces

«Estuve cerca del
confín de los muertos. Pisé el umbral de Proserpina y fuí conducido más allá de los
elementos. En medio de la tiniebla nocturna ví brillar el sol con un resplandor
deslumbrante, y cuando subí a donde los dioses y descendí hasta ellos, ví sus rostros y
los adoré cara a cara [5]».

Esta descripción hace pensar a muchos autores que la sala en que estaba Lucio se
hallaba a oscuras y que lo que vió fue una representación teatral. Pero creemos que cabe
la posibilidad de que se trate de la narración de un estado místico de tipo psicológico
superior, pues tales descripciones abundan en la casuística de este tipo de fenómenos.
El sujeto en ellos pasa de un estado de dolor existencial, un dolor psíquico cercano a su
concepto de muerte, hacia un gozo incontenible, la contemplación
de los númenos y una profunda apreciación estética de la realidad percibiendo
seres o escuchando cantos ambos de belleza extrema. En tales situaciones los cánticos
también suelen servir de guía externa al sujeto mientras recorre los mundos hacia los
que le ha conducido el trance, evitando así, mediante la manutención constante de un
referente externo al tránsito pscológico, extraviarse en la dimensión de las imágenes
activadas [6].


NOTAS

[1] Noll,
R.,   "Mental Imagery Cultivation as a Cultural Phenomenon: The Role of Visions
in Shamanism", en Current Anthropology, vol. 26, 1985, 443-461.

[2] Jilek, W., Salish Indian Mental Health and Culture Change, Toronto and
Montreal: Holt, Rinehart and Winston, Canadá, 1974, 74-75.

[3] El presente artículo tiene un especial débito al trabajo
de Jose Mª Fericgla, del Institut de Prospectiva
Antropològica
, "La relación entre la música y el trance extático",
Revista El Mercurio.
El lector más interesado de un modo general sobre la comprensión del trance extático y
la relación de éste con diversas fenomenologías podrá hallar  en este autor
varios estudios de gran interés.

[4] Son melodías o fragmentos de
melodía  que se cantan durante largo tiempo sin respirar sobre una
sola de las sílabas del texto. Es algo parecido a los elementos ornamentales que, de modo
improvisatorio y en ciertos lugares de cierre o cadenciales, realiza el cantante de
flamenco.

[5] Sauneron, S., The
Priests of Ancient Egypt
, New York, 1960.

[6] Para una mejor comprensión de
los referentes culturales egipcios sobre el concepto de música remitimos al lector a
nuestros artículos
"Formación del concepto de
música del Egipto antiguo"
y "Algunas deidades
egipcias relacionadas con la música"
publicados también en el Boletín de Investigación Egiptológica
ISIS
, ambos extraídos, como el presente artículo, de nuestro trabajo
más completo titulado "Aproximación al concepto de música del Egipto
antiguo", publicado en: Arte y sociedad del Egipto
antiguo
, Ed. Encuentro, Madrid 2000, edición preparada por Miguel Ángel
Molinero Polo y Domingo Sola Antequera (coordinadores
).

Autor: Agustín Barahona Juan

Fuente: http://www.egiptologia.net/

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