Naturaleza

NATURALEZA

Dependemos de la naturaleza no
sólo para nuestra supervivencia física. También necesitamos a la
naturaleza para que nos enseñe el camino a casa, el camino de salida de
la prisión de nuestras mentes. Nos hemos perdido en el hacer, en el
pensar, en el recordar, en el anticipar: estamos perdidos en un
complejo laberinto, en un mundo de problemas.

Hemos olvidado lo que las rocas, las plantas y los animales todavía
saben. Nos hemos olvidado de ser: de ser nosotros mismos, de estar en
silencio, de estar donde está la vida: Aquí y Ahora.

***

Cuando diriges tu atención hacia algo que ha venido a la existencia sin
la intervención humana, sales de la prisión del pensamiento conceptual
y, en cierta medida, participas del estado de conexión con el Ser en el
que todavía existe todo lo natural.

Llevar tu atención a una piedra, a un árbol o a un animal no significa
pensar en ellos, sino simplemente percibirlos, darte cuenta de ellos.

Entonces se te transmite algo de su esencia. Puedes sentir lo aquietado
que está y, sintiéndolo, surge en ti esa misma quietud. Sientes lo
profundamente que descansa en el Ser, completamente unificado con lo
que es y con dónde está. Al darte cuenta de ello, tú también entras en
un lugar de profundo reposo dentro de ti mismo.

* * *

Cuando camines o descanses en la naturaleza, honra ese reino
permaneciendo allí plenamente. Serénate. Mira. Escucha. Observa cómo
cada planta y animal son completamente ellos mismos. A diferencia de
los humanos, no están divididos en dos. No viven a través de imágenes
mentales de sí mismos, y por eso no tienen que preocuparse de proteger
y potenciar esas imágenes. El ciervo es él mismo. El narciso es él
mismo.

Todas las cosas naturales, además de estar unificadas consigo mismas,
están unificadas con la totalidad. No se han apartado del entramado de
la totalidad reclamando una existencia separada: «yo» y el resto del
universo.

La contemplación de la naturaleza puede liberarte del «yo», el gran creador de conflictos.

* * *

Percibe los múltiples sonidos sutiles de la naturaleza: el susurro de
las hojas al viento, la caída de las gotas de lluvia, el zumbido de un
insecto, la primera canción del pájaro al amanecer. Entrégate
completamente al acto de escuchar. Mas allá de los sonidos, hay algo
mayor: una sacralidad que no puede ser comprendida a través del
pensamiento.

* * *

Tú no creaste tu cuerpo, y tampoco eres capaz de controlar las
funciones corporales. En tu cuerpo opera una inteligencia mayor que la
mente humana. Es la misma inteligencia que lo sustenta todo en la
naturaleza. Para acercarte al máximo a esa inteligencia, sé consciente
de tu propio campo energético interno, siente la vida, la presencia que
anima el organismo.

* * *

La alegría y las ganas de jugar de un perro, su amor incondicional y su
disposición a celebrar la vida en cualquier momento suelen contrastar
agudamente con el estado interno del dueño del perro: deprimido,
ansioso, cargado de problemas, perdido en el pensamiento, ausente del
único momento y lugar que existen: el Aquí y el Ahora. Uno se pregunta:
viviendo con esa persona, ¿cómo consigue el perro mantenerse tan sano,
tan alegre?

Cuando percibes la naturaleza sólo a través de la mente, del
pensamiento, no puedes sentir su plenitud de vida, su ser. Sólo ves la
forma y no eres consciente de la vida que la anima, del misterio
sagrado. El pensamiento reduce la naturaleza a un bien de consumo, a un
medio de conseguir beneficios, conocimiento, o algún otro propósito
práctico. El antiguo bosque se convierte en madera; el pájaro, en un
proyecto de investigación; la montaña, en el emplazamiento de una mina
o en algo por conquistar.

Cuando percibas la naturaleza, permite que haya espacios sin
pensamiento, sin mente. Cuando te acerques a la naturaleza de este
modo, ella te responderá y participará en la evolución de la conciencia
humana y planetaria.

* * *

Nota lo presente que está la flor, lo rendida que está a la vida.

* * *

La planta que tienes en casa…, ¿la has mirado detenidamente alguna
vez? ¿Has permitido que ese ser familiar pero misterioso que llamamos
planta te enseñe sus secretos? ¿Te has dado cuenta de lo pacífica que
es, de que está rodeada de un campo de quietud? En el momento en que te
das cuenta de la quietud y de la paz que emana, esa planta se convierte
en tu maestra.

* * *

Observa un animal, una flor, un árbol, y mira cómo descansan en el Ser.
Cada uno de ellos es él mismo. Tiene una enorme dignidad, inocencia,
santidad. Sin embargo, para poder ver esto, tienes que ir más allá del
hábito mental de nombrar y etiquetar. En el momento en que miras más
allá de las etiquetas mentales, sientes la dimensión inefable de la
naturaleza, que no puede ser comprendida por el pensamiento ni
percibida por los sentidos. Es una armonía, una sacralidad que, además
de compenetrar la totalidad de la naturaleza, está dentro de ti.

* * *

El aire que respiras es natural, como el propio proceso de respirar.

Dirige la atención a tu respiración y date cuenta de que no eres tú
quien respira. La respiración es natural. Si tuvieras que acordarte de
respirar, pronto morirías, y si intentaras dejar de respirar, la
naturaleza prevalecería.

Reconecta con la naturaleza del modo más íntimo e interno percibiendo
tu propia respiración y aprendiendo a mantener tu atención en ella.
Esta es una práctica muy curativa y energetizante. Produce un cambio de
conciencia que te permite pasar del mundo conceptual del pensamiento al
ramo de la conciencia incondicionada.

* * *

Necesitas que la naturaleza te enseñe y te ayude a reconectar con tu
Ser. Pero tú no eres el único necesitado; ella también te necesita a ti.

No estás separado de la naturaleza. Todos somos parte de la Vida Una
que se manifiesta en incontables formas en todo el universo, formas que
están, todas ellas, completamente interconectadas. Cuando reconoces la
santidad, la belleza, la increíble quietud y dignidad en las que una
flor o un árbol existen, tú añades algo a esa flor o a ese árbol. A
través de tu reconocimiento, de tu conciencia, la naturaleza llega a
conocerse a sí misma. ¡Alcanza a conocer su propia belleza y sacralidad
a través de ti!

* * *

Un gran espacio silencioso contiene en su abrazo la totalidad del mundo natural. Y también te contiene a ti.

* * *

Sólo mediante la quietud interior tienes acceso al reino de quietud en
el que habitan las rocas, las plantas y los animales. Sólo cuando tu
mente ruidosa se queda en silencio puedes conectar profundamente con la
naturaleza y sanar la separación creada por el exceso de pensamiento.

Pensar es una etapa en la evolución de la vida. La naturaleza existe en
una quietud inocente que es anterior a la aparición del pensamiento. El
árbol, la flor, el pájaro o la roca no son conscientes de su propia
belleza y santidad. Cuando los seres humanos se aquietan, van más allá
del pensamiento. La quietud que está más allá del pensamiento contiene
una dimensión añadida de conocimiento, de conciencia.

La naturaleza puede llevarte a la quietud. Ése es su regalo para ti.
Cuando percibes la naturaleza y te unes a ella en el campo de quietud,
éste se llena de tu conciencia. Ése es tu regalo a la naturaleza.

A través de ti, la naturaleza toma conciencia de sí misma. Es como si
la naturaleza te hubiera estado esperando durante millones de años.

Amemos la Naturaleza.
Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo La DIOSA - La Divinidad Femenina

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s