Los Cátaros, un sentido de eternidad


Los
cátaros aparecen en occidente en el siglo X. En esta época las herejías
son denunciadas por todas partes de Europa. La mayoría de las veces se
las califica como maniqueas (fundada por el sabio persa Mani o Manes – c. 215-275- Los maniqueos eran dualistas,
creían que había una eterna lucha entre dos principios opuestos e
irreductibles, el bien y el mal, que eran asociados a la luz (Ormuz) y a las tinieblas (Ahrimán). Según ellos, Dios
es el creador de todo lo bueno y Ahrimán el creador de todo lo malo.
Posteriormente algunos maniqueos dualizaban la naturaleza del dios y le
otorgaron la cualidad de contener todo lo bueno y todo lo malo.). El término Cátaro significa "Puro". En 1017
se encuentran en Orleáns. Después de un juicio emitido por un concilio
de obispos son quemados vivos. En 1022 el hecho se repite en Toulouse.
En 1030, en Italia, en la región de Asti es descubierta una colonia y
corren igual suerte. No obstante, a pesar de las hogueras, el
movimiento se había extendido como una mancha de aceite, de forma que,
en el siglo XII se encuentra en toda Europa. De acuerdo con el escritor
Mauricie Magre, que hace de la iniciación budista la principal fuente
espiritual de los albigenses. Cabe señalar que los esenios como los
budistas, profesaban el dualismo del mundo. Tenían tres ordenes de
afiliados, con tres grados de iniciación. Practicaban el baño sagrado,
como los brahamanes y los budistas. Condenaban los sacrificios, se
abstenían de carne y vino y practicaban una moral ejemplar. No
olvidemos que la región del Garona es una vieja tierra druídica, de
hombres muy sabios y de una filosofía muy elevada.

Creían
principalmente en la migración de las almas y en su reencarnación
después de la muerte. Por lo que sabemos de ellos, es cierto, en todo
caso, que la doctrina cátara es algo más que una simple herejía. En
muchos puntos se separa del cristianismo tradicional y rechaza todos
los dogmas de la iglesia católica.

La inspiración gnóstica, que
atribuye al hombre tres naturalezas: el cuerpo, el alma y el espíritu,
siendo el cuerpo la residencia del alma y ésta la morada del espíritu,
fue recogida por los albigenses. Frente a la Iglesia Romana, los
cátaros continúan y amplifican la tradición maniquea, rechazando los
sacramentos, la cruz, símbolo de muerte y las ceremonias del culto. Al
mismo tiempo despreciaban el Antiguo Testamento, obra de los judíos,
manifestaban y consideraban a Jesús como un ser puramente espiritual.
Podemos extraer sus grandes principios. Su base la constituye el
dualismo, que toma como texto de referencia el Evangelio de Juan,
considerado como el único auténtico, que destaca la oposición eterna
entre dos principios: el bien y el mal. Así, en este mundo, hay un
antagonismo entre la materia que lo calificaban como el diablo y el
espíritu a dios.

La doctrina cátara hay que verlo en Pitágoras,
adepto de la metempsícosis o reencarnación de las almas impuras en
nuevos cuerpos de hombres. También rechazaban los dogmas, a saber, la
eucaristía, la remisión de los pecados y los sacramentos que les
parecía sacrílegos: bautismo, comunión, matrimonio. Hostiles a la
materia impura, condenaban el matrimonio para los iniciados, proscriben
de su alimento los manjares a base de carne. Esta creencia implica que
el alma, para alcanzar la perfección, debe ser purificada de la
suciedad material y del contacto con la carne, por lo cual su
comportamiento tenía una disciplina extremadamente dura. El ascetismo
era coda de los hombres buenos o perfectos, pequeña minoría de sabios,
únicos capaces de recibir la iluminación del conocimiento. Respetaban
la naturaleza en todas sus manifestaciones, absteniéndose de matar a
ningún animal, los perfectos siempre vestían de negro, con una tiara
sobre su cabeza. Cuando habían terminado sus ceremonias, sacaban un
rollo de cuero que llevaban sobre el pecho, el evangelio según Juan y
lo leían en voz alta.

Los investidos se abstenían de carne,
huevos y de productos lácteos, todos ellos productos de origen animal,
practicando una alimentación puramente vegetariana. Profesaban una
castidad absoluta y evitaban, por tanto, todo comercio sexual.

Como
es desde los tiempos más antiguos, los hombres que deseaban adquirir el
conocimiento tuvieron que sufrir las pruebas de la iniciación; pero
éstas no podían tener lugar en cualquier parte. Eran necesarios templos
que eran lugares privilegiados donde la esencia del saber se
concentraba en manos de los maestros-sabios. Pero en lo que se refiere
a sus ritos eran simples por reacción contra la iglesia que se cubría
de oro y púrpura y estaban liberados de todo espíritu de superstición:
lo constituían sobre todo, plegarias en común, cantos y sermones,
inspirándose en los libros de Manes y en los gnósticos.

No
teniendo los cátaros lugar de predilección para practicar su culto, la
naturaleza les ofrecía sus bosques y sus prados. Practicaban una
formula de confesión pública que llamaban “Apparellamentum”, pero su
principal rito era el célebre “Consolamentum”. Este se daba, tanto a un
creyente que deseaba ingresar en la comunidad de los perfectos, como a
los moribundos que querían alcanzar una buena muerte. Esta ceremonia,
muy simple, consistía en que el perfecto imponía las manos sobre la
cabeza del consolado, pronunciando ciertas palabras cuyo contenido se
ignora hasta la actualidad. Se puede suponer que, en el trasfondo de
este ceremonial, existía un secreto procedente de los gnósticos y de
los primeros cristianos, que tenía como base la transmisión de una
fuerza vivificante e inmensa, fuerza que los perfectos pudieran
procurar por medio del “bautismo del espíritu”, del signo de la pureza
hecho a los moribundos. Esta ayuda invisible permitía escapar a la
cadena de renacimientos y permitía el acceso al reino espiritual.
También tenían para la ayuda a los moribundos procedimientos que la
ciencia ha perdido para siempre. No temiendo a la muerte, había
ocasiones en que ciertos perfectos llegaban a dejarse morir mediante el
Endura: “Su doctrina que permitía como los druidas, el suicidio; no
obstante, exigía que uno pusiera fin a su vida no por el cansancio de
vivir, por miedo o por dolor, sino en un estado de perfecto desapego de
la materia”, este ritual se podía hacer en pareja , es decir ir a la
otra vida en la amistad más ideal, años de esfuerzo continuados y
espiritualización intensiva, quería de acuerdo con él en la otra vida
también la verdadera vida.

Para poner fin a sus días, elegían
entre cinco tipos de muerte: envenenándose, dejándose morir de hambre,
abriéndose las venas, lanzándose a un precipicio o zambulléndose en el
agua helada después de un baño ardiente, lo que provocaba una
congestión pulmonar que los mataba. Algunos indicios permitían suponer
también que los albigenses escogían a veces la muerte en grupo

Los
cátaros llevaban una vida ejemplar. Ante las persecuciones, recorrían
el mediodía francés en todos los sentidos enseñado a las masas, predicando un
evangelio de purificación y sencillez, fustigando las costumbres
corrompidas de una parte de la clerecía católica. El pueblo seguía a
estos hombres vestidos de negro, que vivían como santos, abandonando a
los malos sacerdotes. La nobleza atraída por el ideal de los cátaros se
adhería a la nueva fe. La iglesia oficial se debilitaba, con tanta
facilidad cuanto que estaba alejada del pueblo. Los propios cátaros
compartían las miserias de cada uno, ejerciendo la medicina, cuidando a
los enfermos y llevando “la buena palabra”.

Este inmenso
movimiento se manifiesta en los Alpes, en el Rin y los Países Bajos,
donde los gremios ciudadanos se rebelaban contra los obispos y la
iglesia primitiva. En Italia, el ideal de Dante era ver al emperador de
Alemania, Enrique de Luxemburgo destronar al Papa y restaurar otro
cristianismo. Dante era el gran pontífice de esta secta cátara y su
Divina Comedia fue escrita para exaltar su fe hacia la Iglesia cátara y
perseguir enconadamente al papado, ya que no podía perdonarle la
hecatombe provenzal.

El año 1163 el Concilio de Tours, el Papa
Alejandro II, a instancias de los obispos del Norte de Francia dictó
una resolución que denunciaba el progreso de la “Herejía cátara”. En el
tercer Concilio de Toulouse varios prominentes hombres de la nobleza
fueron excomulgados y se perfilaba la amenaza contra los cátaros y sus
protectores. Esta fue la primera señal contra los albigenses, que según
Maurice Magre fue el hito más grande de la historia religiosa de los
hombres.

Desde 1207 el legado pontificio intenta enfrentar a los
señores meridionales contra los albigenses, los cátaros quisieron
asegurarse un lugar donde pudieran refugiarse en caso de ataque.
Montségur, es el corazón de los Pirineos y fue escogido como elevado
lugar espiritual. Fue una ciudadela que protegía la montaña sagrada del
Tabor, Parnaso de la Romania, fue fortificada y organizada. Parecida a
un arca, pudo, durante medio siglo aún, desafiar la oleada de sangre y
de crímenes que pronto iba a desencadenarse y hundir su cultura y su
civilización.

Hasta 1220 son pasados por el filo de la espada
más de un millón de personas, es decir más de lo que costó la supresión
de todas las otras herejías. La causa principal de la gran matanza
albigense, la causa oculta, pero la verdadera causa, había sido que el
secreto de los santuarios, la antigua enseñanza de los misterios tan
celosamente guardada en todos los templos del mundo por todas las
cofradías, había sido revelado. Había sido revelada y se había
comprendido que lo que acontecía en este tiempo aún no había sido visto
en la historia.

No obstante Montségur, templo del catarismo, se
levantaba todavía, como un desafío a la ortodoxia, con sus murallas
invioladas. El asesinato de los inquisidores dominicos de Avignonet
había de decidir el asedio y caída de la fortaleza. La empresa comenzó
en la primavera de 1243, pero, seis meses más tarde, el asedio no había
progresado. Los cátaros se beneficiaban de numerosas informaciones de
todos los Países procedentes de Italia, el Sacro Imperio Germánico e
incluso Constantinopla. Finalmente el Senecal de Carcasona, Hugues de
Arcis que dirigía la “cruzada”, pudo gracias a la traición terminar con
la resistencia. Un guía que conocía el camino secreto condujo al grupo
armado a la cumbre. A partir de aquí, la rendición de la fortaleza no
era más que una cuestión de tiempo. El primero de marzo de 1244 se
firmó una tregua y el 16 de marzo la ciudadela se rindió. Doscientos
cátaros, entre ellos cincuenta prefectos, que se negaban a abjurar de
su creencia, prefirieron morir en la hoguera, erigida en un campo que
recuerda, por su nombre el sacrificio: “El Campo dels cremants”.

En
lo que se refiere a los tesoros, el historiador Pierre Roger dice que
consistía en objetos preciosos, monedas y barras de oro y plata. Pero
el verdadero tesoro de los cátaros, fueron avíos de la fe cátara:
libros, manuscritos, enseñanzas secretas, reliquias, objetos religiosos
y el Santo Grial, que se trata de una copa con el contenido de la
sangre de Jesús, según narran historiados especializados en esta
período de la historia del hombre, la misma que fue sacada en los
momentos de la tregua por cuatro hombres que escaparon de la ciudadela
y sin duda ocultada en una de las numerosas grutas próximas de
Montségur. Por lo tanto la palabra “tesoro” parece esconder otra cosa,
algún conocimiento o información que inspiró gran antipatía y codicia a
Roma.

Con el transcurrir de los tiempos su filosofía sigue viva
y ofrece a sus adeptos una cosmogonía, una concepción y explicación del
universo, tanto material como universal que atrae a numerosas élites
intelectuales a las que deja insatisfecha los comentarios de los
evangelios. Aportan un conocimiento esotérico en oposición al vulgar o
creencia de las masas. La verdadera doctrina es y será revelada a un
reducido número de elegidos que han surgido tras una larga
peregrinación.

Autor: Víctor Manuel Guzmán Villena. Año 5767

Fuente: http://el-amarna.blogspot.com


"Al cap dels sèt cent anys, verdejara lo laurè"
(Al cabo de setecientos años reverdecerá el laurel)

Frase atribuída al último perfecto cátaro , que goza de plena actualidad hoy día con los numerosos estudios y libros que se están realizando sobre los cátaros. Han pasado 700 años desde 1309 y cada vez son más las personas interesadas en su historia y su filosofía de vida.

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