El Priorato de Sión (III)


La memoria de la Diosa

El otro personaje del Nuevo Testamento que tiene una significación inmensa
para el Priorato es, como hemos visto reiteradamente, María Magdalena.
Los autores de El Enigma Sagrado explican que esa importancia reside concreta
y exclusivamente en el (supuesto) hecho de estar casada con Jesús y ser
la madre de sus hijos. Pero considerando la admiración menos que moderada
que la figura de Jesús inspira al Priorato esa explicación parece
bastante floja. Se diría que esa organización le atribuye a la
Magdalena una importancia a título propio, en lo cual el papel de Jesús
resulta casi irrelevante. Como en el relato del documento Montgomery, donde
su función se limita a ser el padre de la criatura y después de
eso no vuelve a intervenir para nada en los acontecimientos. Casi nos sentimos
inducidos a proponer que, incluso sin Jesús, esa mujer tiene algo que
le confiere una significación suprema.

Para cualquier observador ajeno a la cuestión la existencia de una relación
más o menos esotérica entre María Magdalena y Juan el Bautista
es puro trabajo de imaginación, porque ni siquiera consta que se conocieran,
según los textos de los Evangelios. Sin embargo, tenemos ahí lo
que parece un secreto muy antiguo que los asocia inequívocamente.

Las leyendas acerca de la Magdalena han viajado mucho más allá
de la Provenza francesa, si bien los lugares asociados a su vida terrenal en
Francia sólo se encuentran allí. Muchas anécdotas se refieren
a ella en el Midi, más cerca de los Pirineos, hacia el sudoeste y en
la región de Ariege. Se dice que llevó a estas tierras el Santo
Grial. Como cabía esperar, son también tierras de muchas vírgenes
negras, sobre todo en los Pirineos orientales.

Saliendo de Marsella hacia el oeste nos acercamos a la región del Languedoc-Rosellón,
antaño la más rica de Francia y hoy una de las más pobres.
Abundan los indicios de la turbulenta historia de estos parajes. Ruinas de castillos
y de antiguas ciudadelas, arrasados por orden de reyes y de papas, puntúan
el paisaje y recuerdan brutalidades que ultrapasaron el grado corriente de imposición
de la autoridad por la atrocidad, tan habitual en la Edad Media. Porque el Languedoc-Rosellón
fue la cuna de la herejía, si cabe decir esto de algún lugar de
Europa, y no hace falta acudir a más hechos de la Historia para explicar
el sistemático empobrecimiento de la región. Pocas veces habrá
marcado la religión los destinos de un país de una manera tan
visible, si exceptuamos a Bosnia e Irlanda del Norte.

Durante los siglos XI y XII estas tierras eran la envidia de Europa por su
civilización y su cultura. El antiguo Languedoc siempre fue un reducto
de ideas heréticas y heterodoxas, probablemente porque una cultura que
favorece la búsqueda del conocimiento ha de ser tolerante con las ideas
nuevas y radicales.

Elemento central de ese medio ambiente fueron los trovadores, músicos
peregrinos cuyas canciones de amor eran, esencialmente, himnos al Principio
Femenino. Toda la tradición del amor cortés se centraba en la
idealización de lo femenino y en la mujer ideal, la Diosa. Hoy tenemos
de ellos la idea que transmitió el romanticismo, pero también
hubo erotismo de verdad en sus canciones.

Aparte los cátaros, esta región era y ha sido siempre un centro
de la alquimia. No pocas poblaciones conservan huellas de las preocupaciones
alquímicas de sus habitantes, como las ornamentaciones con símbolos
esotéricos que vemos en las casas de Alet-les-Bains, en las cercanías
de Limoux. Hacia 1330 o 1340 saltaron en Toulouse y Carcasonne, por otra parte,
las primeras acusaciones de hechicería con la descripción hoy
convencional del aquelarre o Sabbath de las brujas. En 1335 la Inquisición
de Toulouse acusó a sesenta y tres personas, a las que extrajo confesiones
por los infalibles métodos habituales. Destacó especialmente una
joven acusada, Anne-Marie de Georgel, de quien se considera generalmente que
habló en nombre de los demás al describir sus creencias. Dijo
que para ellos la tierra era campo de batalla entre dos dioses, el Señor
de los Cielos y el Amo de este mundo. Y que ella y los demás apoyaban
a este último porque estaban convencidos de que sería el ganador.
Lo cual pareció tal vez «hechicería» a los interrogadores,
pero era puro y simple gnosticismo. Otra mujer similarmente apremiada declaró
que había asistido al aquelarre «para servir la cena a los cathari».

Muchos elementos paganos sobrevivieron en estos parajes y aparecen todavía
en los lugares más sorprendentes. Otra leyenda languedociana no menos
llamativa es la que se refiere a la «Reina del Sur» (Reine du Midi),
uno de los títulos de las condesas de Toulouse. En el folclore, la protectora
de Tolosa de Languedoc es la Reina Pata de Oca. Lo cual puede ser una alusión
en el humorístico y esotérico «lenguaje de los pájaros»
al País de Oc (Pays d’Oc), de pronunciación similar a Pedauque),
pero los estudiosos franceses han identificado a ese personaje con la diosa
siria Anath, a su vez muy vinculada a la egipcia Isis. Y queda también
la asociación evidente con Lilith, la diosa de pies de ave.

Veamos otro personaje legendario del país, Meridiana. Por el nombre
parece vinculado al mediodía y al punto cardinal sur. Su aparición
más famosa aconteció cuando Gerberto de Aurillac (aprox. 940-1003),
el futuro papa Silvestre II, viajó a España para aprender los
secretos de la alquimia. Silvestre, propietario además de una cabeza
parlante que le anunciaba el porvenir, recibió su sabiduría de
esta Meridiana que le regaló «su cuerpo, sus riquezas y sus saberes
mágicos», lo cual describe claramente algún tipo de conocimiento
alquímico y esotérico que se transmitía mediante una iniciación
sexual. Según la estudiosa y escritora norteamericana Barbara G. Walker,
el nombre de Meridiana es un compuesto de «María-Diana»,
es decir, que vincula a esa compleja divinidad pagana con las leyendas acerca
de María Magdalena corrientes en el sur de Francia.

Tuvo también el Languedoc con mucho la máxima densidad de caballeros
templarios en Europa hasta la supresión de la orden a comienzos del siglo
XIV, y todavía abundan allí las evocadoras ruinas de sus castillos
y sus encomiendas.

Si tal como sospechamos el culto a la Magdalena tuvo más ramas «heréticas»
que las encontradas por nosotros en la Provenza, sin duda habría que
buscarlas en esta otra región. Ciertamente una de las ciudades principales
que íbamos a encontrar en el recorrido desde Marsella fue escenario de
increíbles pasiones en nombre de ella y miles de sus habitantes perecieron
de una muerte horrible en defensa de lo que ella significaba.

La rosa mística

En la gran era de los constructores de catedrales, cuando se veneró
a María como la diosa en sus «Palacios de la Reina de los Cielos»
o Notre-Dame, con frecuencia se le dirigían epítetos como Rosa,
Rosario, Corona de rosas, Rosa mística. Lo mismo que un templo pagano,
la catedral gótica representaba el cuerpo de la Diosa, que era también
el universo y contenía dentro de sí la esencia de la divinidad
masculina.

La rosa fue también el símbolo que adoptaron los trovadores del
sur de Francia, aquellos autores e intérpretes de canciones amorosas
íntimamente conectadas con los misterios eróticos.

Existen en las catedrales góticas más símbolos que transmiten
intensos mensajes subliminales acerca del poder de lo Femenino. Las telas de
araña esculpidas –imagen que se reitera en la luz de la cúpula
de la londinense Notre-Dame de France– representan a Arachné, la
diosa que teje los destinos de la humanidad, función también asignada
a Isis. De manera similar, el gran laberinto en el piso de la catedral de Chartres
alude a los misterios femeninos, donde el iniciado sólo podrá
guiarse por el hilo que la diosa ha hilado especialmente para él.

No es la Virgen María quien recibe culto en este lugar, evidentemente,
el cual contiene además una Virgen negra: Notre-Dame du Souterrain, Nuestra
Señora de la Cripta o de los Sótanos. Uno de los vitrales de Chartres
representa la llegada de María Magdalena en barco, lo cual combina la
alusión a esta leyenda con la de Isis, quien solía preferir también
dicho medio de transporte. (Y tal vez el título de Nautonnier, «timonel»,
que es uno de los atributos del gran maestre del Priorato, indica la supuesta
función de éste en el Barco de Isis.). Esa ventana policromada
es la representación más antigua de la leyenda de la llegada a
Francia de la Magdalena; su presencia en una catedral tan alejada de la Provenza
indica el poderoso significado que debían de atribuirle los arquitectos.

Mientras los constructores erigían sus catedrales la herejía
encontraba otro camino de expresión para garantizar la perdurabilidad
de su mensaje a través de la Historia… aunque, como sucede también
con la Última Cena de Leonardo, muchas veces se hayan interpretado erróneamente
los códigos de dicha expresión. Esa otra tradición herética
es la de las leyendas del Grial.

Extraído del libro La revelación
de los templarios
, de Lynn Picknett y Clive Prince.

Fuente: http://mpfiles.com.ar

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