La Regla Primitiva del Temple

Esta es la Regla Templaria recogida por Pedro Rodríguez Campomanes
en "Dissertaciones historicas del Orden, y Cavalleria de los
Templarios", reedición de la original de 1747 por Librerías
Paris-Valencia, 1998. Incluye un pr&ocute;logo y alcanza hasta la
regla 72.

REGLA DE LOS POBRES CONMILITONES DE CHRISTO, Y TEMPLO DE SALOMÓN

PRÓLOGO


San Bernardo de Claraval

A todos se dirige especialmente nuestra platica, á aquellos que
desprecian seguir sus propias voluntades, y desean con pureza de animo
militar al Supremo, y Verdadero Rey, para que deseen tomar las
excelentes armas de la obediencia, cumpliendo con exactisima atencion,
y perseverancia: por esto, aconsejamos á vosotros que haveis abrazado
hasta aora la milicia secular, en que Christo no fué la unica causa,
sino el favor de los hombres, que perpetuamente os acelereis á
associaros á la unidad de aquellos, que el Señor eligió del monton de
la perdicion, y dispuso con su piadosa gracia, para defensa de la Santa
Iglesia: para esto, o Soldado de Christo! seas quien fueres, que eliges
tan Santa conversacion, conviene que tú, acerca de tu profesion, lleves
una pura diligencia, y firme perseverancia, que se conoce ser tan
digna, santa, y sublime para con Dios, que si pura, y perseverantemente
se observa por los Militantes, que dieren sus almas por Christo,
mereceran obtener la suerte; porque en ella floreció, y apareció una
Orden Militar, que dexado el zelo de la Justicia, intentaba, no el
defender á los Pobres, ó Iglesias, como era de su instituto, sino
robarlos, despojarlos, y aun matarlos; bien, pues, os sucede á
vosotros, á quienes nuestro Señor, y Salvador Jesu-Christo, como amigos
suyos os dirigio desde la Santa Ciudad á habitar en Francia, y Borgoña,
que no cessais, por nuestra salud, y propagacion de la verdadera Fé, de
ofrecer al Señor vuestras almas en victima agradable á Dios.
Finalmente, nosotros, con toda afeccion, y piedad fraternal, y a ruegos
del Maestre Hugo, en quien la sobredicha Milicia tuvo principio,
estando juntos, con ayuda de Dios, e influyendo el Espiritu Santo de
diversas mansiones de la Provincia ultramontana, en la fiesta de San
Hilario, año de la encarnacion del Señor 1128. y del principio de la
dicha Milicia el nono, merecimos oír de boca del mismo Maestre Hugo, el
modo, y observancia de esta Orden Militar, capitulo por capitulo; y
segun la noticia de la pequeñez de nuestro saber, todo lo que en el
presente Concilio no se nos pudo contar, y referir de memoria, lo
pusimos, de conformidad, y con dictamen de todo el Capitulo, á la
providencia, y discrecion de nuestro Venerable Padre Honorio II. y del
inclito Patriarca de Jerusalén Esteban, esperto en la fertilidad, y
necesidad de la Religion Oriental, y de los pobres Conmilitones de
Christo; á la verdad, aunque un gran numero de Religiosos Padres, que
en aquel Concilio se juntaron por Divina inspiracion, apoya la
autoridad de nuestro dictamen, no debemos pasar en silencio aquellos
que vieron, y profirieron estas verdaderas sentencias, de que yo Juan
Michaelensis, por mandado del Concilio, y del Venerable Abad de
Clareval, a quien estaba encargado, y aún le era debido este assunto,
merecí, por la Gracia Divina, ser escritor de la presente pagina.

Concilio de TroyesAssistieron á la celebracion de esfte Concilio
Matheo, Obispo Alvanense Cardenal y Legado Apostolico, Raynaldo,
Arzobispo Remense, Henrique, Arzobispo Senofense, y sus Sufraganéos,
Rankedo, Obispo Carnotense, Gosleno de Soisons, el de Paris, Trecense,
Orleans, el de Augerre, Meldense, Cathalaunense, Laudunense,
Belvacense, y el Abad Beceliacense, que despues fué Legado Apostolico,
y Arzobispo de Leon, el Abad Cisterciense, Pontiniacense, el de Tres
Fuentes, el de San Dionisio de Rhems, el Abad de San Esteban de Dijón,
el Abad de Molismense, Alberico Remense, y Fulgerio Maestro, y otros
muchos. De seglares, el Conde Theobaldo, el Conde Nivernense, y Andres
de Bandinento. Asistieron tambien el Maestro Hugo, con Fray Godofrido,
Fray Rotallo, Fray Gaufrido Bisól, Fray Pagano de Monte-Desiderio, y
Archembando de Santo Amando, Cavalleros Templarios.


Pedro Rodríguez Campomanes

COMIENZA LA REGLA DE LOS POBRES CONMILITONES DE LA SANTA CIUDAD

I.- Como se ha de oir el Oficio Divino.

Vosotros que en cierta manera renunciasteis a vuestras propias
voluntades, y otros, que por la salvación de vuestras almas militais
sirviendo al Rey Supremo con Cavallos, y Armas, procureis
universalmente, con piadoso, y puro afecto, oir los Maytines, y todo el
oficio entero, segun la Canonica institucion, y constumbre de los
Doctos regulares de la Santa Iglesia de Jerusalen; y por esso, ó
Venerables Hermanos! a vosotros muy en particular os toca, porque
haviendo despreciado al mundo, y los tormentos de vuestros cuerpos,
prometisteis tener en poco al mundo por el amor de Dios; y assi,
reflexionados, y faciados con el Divino manjar, instruidos, y firmes en
los preceptos del Señor, despues de haver consumado, y concluido el
Mysterio Divino, ninguno tema la pelea, sino esté apercibido para la
corona.

II.- Que digan las oraciones dominicales, sino pudieren assistir a oir el Oficio Divino

Demas de esto, si algun Hermano estuviese distante, o remoto en
negocio de la Christiandad Oriental, (que sucederá muchas veces) y por
ausencia no oyere el Oficio Divino: por los Maytines dirá trece Padres
nuestros, o Oraciones Dominicales; y por cada una de las Horas menores
siete; y por las Visperas nueve, respecto que estos, ocupados en tan
saludable trabajo, no pueden acudir a hora competenre al Oficio Divino;
pero si pudiesen, que lo hagan a las horas señalas.

III.- Que se haya de hacer por los hermanos difuntos

Quando alguno de los hermanos muriere, que la muerte a nadie
perdona, ni se escapa de ella; mandamos, que con los Clerigos, y Cape
llanes, que sirven a Dios sumo Sacerdote caritativamente, con ellos
ofrezcais con pureza de animo el Oficio y Missa solemne a JesuChristo,
por su alma; y los Hermanos que alli estuviesed es pernoctando en
oración por el alma de dicho difunto, rezareis cien Padres Nuestros
hasta el día septimo, los quales se han de contar desde el día de la
muerte, o que lo supiere, con fraternal observancia, porque el número
de siete es número de perfección. Y todavia os suplicamos con Divina
caridad, y os manda mos con pastoral authoridad, que asi como cada dia
se le daba a nuestro hermano lo necesario para comer y sustentar la
vida, que esto mismo se le de en comida, y bebida a un pobre, hasta los
quarenta dias; y todas las demas poblaciones, que se acostumbran hacer
por dichos Hermanos, assi en la muerte de alguno de ellos, como en las
solemnidades de Pascuas, indiscretamente del todo las prohibimos.

IV.- Los capellanes solamente tengan comida, y vestido

Mandamos dar las demas oblaciones, y limosnas, de cualquiera forma
que se hagan, a los Capellanes, o a otros que estan por tiempo a la
unidad del comun Cabildo, por su vigilancia, y cuidado; y assi, que los
servidores de la Iglesia tan solamente tengan, segun la autoridad
comida, y vestido, y nada mas, sino lo que christianamente les diere de
su voluntad el maestre.

V.- De los soldados difuntos que assisten con ellos

Hay tambien Soldados en la Casa de Dios, y Templo de Salomón
viviendo con nosotros, por lo qual os suplicamos, y con confianza os
mandamos con inefable conmiseración, que si alguno de estos muriere, se
le de a un pobre por siete dias de comer, por su alma, con Divino amor
y fraternal piedad.

VI.- Que ningun hermano que queda, haga oblacion

Determinamos, como se dixo arriba, que ninguno de los Hermanos que
quedan, presuma hacer otra oblacion, sino permanezca de dia, y noche en
su Profesion con limpio corazón, para que en esto pueda igualarse con
el mas sabio de los Profetas, que en el Psalmo 115 decia: recibiré el
Caliz del Señor, y imitaré en mi muerte la muerte del Señor; porque
assi como Christo puso su Alma, assi yo estoy pronto a ponerla por mis
Hermanos: veis aqui una competente oblacion, y hostia viva, que place a
Dios.

VII.- De lo inmoderado de estar en pié

Haviendonos dicho un verdadero Testigo, que ois el Oficio Divino en
pié inmoderadamente; mandamos no lo hagais, antes lo vituperamos, sino
que concluido el Psalmo Venite exultemus Domino, con el Invitatorio, y
Hymno, todos os senteis, assi los débiles, como los fuertes, y os lo
mandamos, por evitar el escándalo; y estando sentados, solo os
levantareis al decir Gloria Patri, concluido el Psalmo, suplicando,
bueltos a el Altar baxando la cabeza por reverencia a la Santísima
Trinidad nombrada, y a los débiles basta que hagan la inclinacion sin
levantarse: al Evangelio, al Te Deum laudamos, y a todas las Laudes,
hasta el Benedicamus Domino, estareis en pie, y a los maytines de
Nuestra Señora.

IX.- De la lectura, o lección, quando se come

Siempre que se coma, y cene se lea la santa Lección.: Si amamos a
Dios, debemos desear oir sus santos preceptos, y palabras; y assi el
Lector está indicando silencio.

X.- Del comer carne en la semana

En la semana, sino es en el dia de Pascua de Natividad, o
Resurrección, o festividad de nuestra Señora, o de Todos los Santos,
que caygan, basta comerla en tres veces, o dias, porque la costumbre de
comerla, se entiende es corrupción de los cuerpos. Si el Martes fuere
de ayuno, el Miercoles se os de con abundancia. En el Domingo, assi a
los Cavalleros, como a los Capellanes, se les de sin duda dos manjares,
en honra de la santa Resurrección; los demás sirvientes se contenten
con uno, y den gracias a Dios.

XI.- Como deban comer los Cavalleros

Conviene generalmente coman de dos en dos, para que con cuidado se
provean unos de otros, se provea, para que la aspereza de vida, y
abstinencia, en todo se mezcle; y juzgamos justo, que a cada uno de
dichos Cavalleros se les den iguales porciones de vino separadamente.

XII.- Que en los demas dias basta dar dos o tres platos de legumbres

En los demas dias, como son Lunes, Miercoles, y Sabado, basta dar
dos, o tres manjares de legumbres, o otra cosa cocida, para que el que
no come de uno coma de otro.

XIII.- Que conviene comer los viernes?

El Viernes basta comer de comida de Quaresma a toda la Congregación,
por la reverencia debida a la Passion, excepto los enfermos, y flacos,
y desde Todos los Santos, hasta Pascua, sino es en el dia del
Nacimiento del Señor, o viniendo la festividad de nuestra Señora, o
Apostoles: alabamos al que no la comiere en el demas tiempo; si no
viniere dia de ayuno, la coman dos veces.

XIV.- Despues de comer que den gracias a Dios

Despues de comer, y cenar, si la Iglesia está cerca, y sino en el
mismo lugar, den gracias a Dios, que es nuestro Procurador, con humilde
corazón; assi lo mandamos y a los pobres se les den los fragmentos, y
que se guarden los panes enteros.

XV.- Que el decimo pan se de al limosnero

Aunque el premio de la pobreza es el Reyno de los Cielos, y sin duda
se le deba a los pobres, mandamos a vosotros dar cada dia al limosnero
el decimo de todo el pan.

XVI.- Que la colacion esté en arbitrio del maestro

Haviendose puesto el sol, vído la señal, o campana, segun la
constumbre, conviene, que todos vayan a Completas, haviendo hecho antes
colacion, la cual ponemos en arbitrio del maestro; quando quisiere se
les de agua, y cuando use de misericordia vino templado, o aguado, y
esto no para hartarse, sino con parsimonia, pues muchas veces vemos
hasta los Sabios faltar en esto.

XVII.- Que concluidas las completas se guarde silencio

Concluidas las Completas conviene ir cada uno a su quarto, y a
dichos Hermanos no se les de licencia de hablar en publico. sino es en
urgente necessidad, y lo que se hubiere de decir digase en voz baja, y
secreta. Puede suceder, haviendo salido de Completas, instando la
necesidad, que convenga hablar de algún negocio Militar, o acerca del
estado de la casa, al mismo maestro, o otro que haga sus veces con
cierta parte de los Hermanos, entonces se haga, fuera de esto no; pues
segun consta del diez de los Proverbios: el hablar mucho no huye del
pecado, y en el doce dice, que la muerte, y la vida están en la lengua;
y en lo que se hablare, del todo prohibimos palabras ociosas, y
chanceras, que mueven a risa; y yendoos a costar, mandamos decir la
Oración Dominical, o Paternoster; y si alguna cosa se hablo neciamente,
se diga con humildad, y devocion pura.

XVIII.- Que los que estuvieren cansados no se levanten a maytines

Alabamos, que los Cavalleros cansados, y fatigados, que constase
estarlo, no se levanten a Maytines, sino que con licencia del Maestro,
o del que estubiere en su lugar, descansen, y digan, y canten las trece
Oraciones Dominicales, o Paternoster, (como esta dicho) de forma, que
el pensamiento acompañe a la voz, segun aquello del Profeta: Cantad al
Señor sabiamente; y de aquello: Te cantaré en presencia de los Angeles:
esto siempre se debe dexar al arbitrio del Maestro.

XIX.- Que la comunidad de la comida se guarde entre los hermanos

Se lee en las Divinas Letras: que se dividia a cada uno como havia
necesidad; y por tamo no decimos haya excepcion de personas, pero debe
de haver consideracion de enfermos; y assi, el que menos necesidad
tiene dé a Dios las gracias, y no se entristezca, y el que tiene
necesidad humillese, y no clame por la misericordia, y assi todos
estarán en paz, y esto prohibimos, porque ninguno le sea licito abrazar
inmoderada abstinencia, sino tengan con firmeza la vida comun.

XX.- De la calidad del vestido, y de su modo

Mandamos, que el vestido siempre sea de un mismo color, blanco, o
negro; y concedemos a los Cavalleros en invierno, o Estio vestimenta
blanca, (si pudiere ser) pues ya que llevan vida negra, y tenebrosa, se
reconcilien a su Creador por la blanca. Qué es la blancura? sino una
entera castidad: la castidad es seguridad del pensamiento, y sanidad
del cuerpo; y si un soldado no perseverare casto, no puede ver a Dios,
ni gozar de su descanso, afirmandolo San Pablo: seguid la paz con
todos, y la Castidad, sin la qual no se verá a Dios. Y este vestido de
superfluidad y arrogancia, debe carecer en vuestra estimacion, y assi
lo mandamos a todos tener, para que solo con suavidad pueda vestirse, y
desnudarse, calzarse y descalzarse. El Procurador de este ministerio,
con vigilante cuidado procure que dichos vestidos no esten, ni cortos,
ni largos, si no es en mesura a los que los visten, y usan, y assi lo
de a dichos Hermanos, segun su quantidad; y en recibiendo los nuevos,
entregue puntualmente los viejos para ponerlo en el quarto, que el
Hermano a quien toca ese ministerio determinare, para los novicios, y
pobres.

XXI.- Que los famulos no traigan vestimenta blanca, esto es, capa

Contradecimos firmemente esto que sucedia en la casa del Señor, y de
sus Soldados del Templo, sin discreccion, ni consentimiento del comun
Cabildo; y lo mandamos quitar del todo, como si fuera un particular
vicio. Tenian en otro tiempo los Famulos, y sirvientes arnigeros,
vestidos blancos, de donde venian insoportables daños, porque de las
partes ultramarinas se levantaron ciertos fingidos Hermanos, casados, y
otros, diciendo eran del Templo, siendo del mundo, de donde resultaron
tantos daños, tantas contumelias a Orden Militar, , y los dichos
causaron muchos escándalos; y asi traygan los dichos Famulos del Templo
vestidos negros, y sino se pudieren hallar, traygan los que se pudieren
tener en la Provincia en donde estuvieren, o de aquel color mas baxo
que se pudiere encontrar, conviene a saber burella.

XXII.- Que los Cavalleros que huviere, tan solamente traygan vestidos blancos

A ninguno es concedido traer vestidos blancos, o capas candidas, sino es a los dichos Soldados de Christo nombrados.

XXIII.- Que usen de pieles de carneros, o borregos

Determinamos de comun consejo, que ningun Hermano tenga
perpetuamente pieles , o otra cosa tal, que pertenezca al uso de su
cuerpo, aunque sea coopertorio, sino es el Carnero o Borrego.

XXIV.- Que las vestiduras viejas se dividan, y repartan entre los armigeros, y sirvientes

Que el Procurador de los paños, o vestimentos, repartan igualmente
los viejos entre los armigeros, y sirvientes, y aveces entre los
pobres, con fidelidad.

XXV.- Que el que desea el mejor vestido se le dé el peor

Si algun Hermano quisiere, o ya por merito, o por sobervia el mejor vestido, sin duda merecerá el peor.

XXVI.- Que se guarde la quantidad y calidad de los vestidos

Que lo largo de los vestidos sea segun los cuerpos de cada uno, y lo ancho tambien, y sea en esto curioso el Procurador.

XXVII.- Que el procurador de los paños, o vestidos observe igualdad

Que dicho Procurador guarde igualdad en la longitud, y medida porque
ninguno de los criminosos, y mal contentos lo vea, o note; y assi
mírelo todo con fretemal afecto, que de Dios tendrá la retribución.

XXVIII.- De la superfluidad del pelo, o cabellos

Todos los Hermanos conviene tengan cortado el pelo por delante, y
por detrás, con quanta orden se pueda, observandose lo mismo en la
barba, y melenas, porque la superfluidad no denote vicio en el rostro.

XXIX.-De los rostrillos, y lazos

Que los rostrillos, y lazos es cosa de Gentiles, y como sea
abominable a todos, lo prohibimos, y contradecimos, para que ninguno
los tenga, antes carezca de ellos: a los otros sirvientes, que
estuvieren por tiempo tampoco no permitimos tengan ni pelo superfluo,
ni inmoderada lar gueza en el vestido, antes bien lo contradecimos. Los
que sirven a Dios, es necesario sean limpios en lo interior, y
exterior, pues assi lo afirma el Señor: Sed limpios, porque yo lo soy.

XXX.- Del numero de caballos, y armigeros

A qualquiera de dichos Soldados le es lícito tener tres Cavallos
porque la exemia pobreza de la Casa de Dios, y del Templo de Salomon no
permite al presente mas, sino es con licencia del Maestro.

XXXI.- Que ningun Cavallero castigue a su armigero, que le sirve de valde

Solo se concede a cada Soldado un Armigero, y si este sirviere de
gracia, o caridad, no es lícito castigarlo, o por qualquier culpa
herirle.

XXXII.- Como se han de recibir los Cavalleros

Mandamos a todos los Cavalleros, que desean servir a Dios con pureza
de ánimo, y en una misma Casa, por tiempo, que compren caballo, y armas
suficientes para el servicio cotidiano, y todo lo que fuere necesario;
y demas de esto, juzgamos por bueno, y util el que se aprecien dichos
cavallos por ambas partes, guardada igualdad, lo que se tenga por
escrito porque no se olvide; y todo lo que nece- ssitare dicho
Cavallero para sí, y el cavallo, o Armigero, se lo dé di- cha Casa, con
fraternal caridad; y si el Cavallero, por algun fragente, se le muriese
el cavallo en este servicio, el Maestre que tiene el mando, y rentas de
la Casa, le dará otro, y en viniendo el tiempo de bolver a su Patria,
dará la mitad del precio de lo que costó el cavallo que se le dió, y la
otra mitad la pondrá el común de los Hermanos, si el Cavallero quisiere.

XXXIII.- Que ninguno ande segun su propia voluntad

Conviene a dichos Cavalleros, as sí por el servicio que profesaron,
como por la gloria de la bienaventuranza, o temor del Infierno, que
tengan obediencia perpetua al Maestre. Se ha de observar lo que fuere
mandado por el Maestre, o por otro que haga sus veces, y se ha de
executar sin tardanza, como si Dios lo mandara, no haviendo dilación en
executarlo; y de estos dice el Psalmo 17: Luego que lo viste, me
obedeciste.

XXXIV.- Si sea licito andar por el lugar, o villa sin licencia del Maestre

Por lo mismo mandamos, y firmemente encargamos a los Cavalleros
Conventuales, que desean su propia voluntad, ya los demás que sirven
por tiempo, que sin licencia del Maestre, o otro que esté en su lugar,
no presuman salir a la Ciudad, sino es de noche al Santo Sepulcro, y
Estaciones, que están dentro de los muros de la Santa Ciudad.

XXXV.- Si les sea lícito andar solos

Pero estos estando assi, no sin Compañero, o.Cavallero se atrevan a
andar, ni de día, ni de noche; y en el Exercito, despues que fueren
hospedados, ningun Cavallero o Armigero, o otro ande por los patios de
otros Cavalleros, con el motivo de verlo, y de hablarle, sin licencia,
(como arriba se dixo). y aconsejamos, que en tal Casa, como ordenada
por Dios, ninguno milite en ella, ni descanse, sino es segun el mandado
del Maestre, a quien incumbe, para que imite la sentencia de el Señor:
No vine a hacer mi voluntad, sino la de aqueljoan, que me embió.

XXXVI.- Que ninguno por su nombre pida lo que necesita

Mandamos escrivir esta costumbre entre las demás, y con toda con
sideración la mandamos, que obligue por el vicio de pedir, pues ningun
Hermano señaladamente, y por su nombre debe buscar el cavallo, o armas;
pues como? si su enfermedad, o debilidad de sus caballos, o el peso de
sus armas se conoce ser tal, que el andar as sí sea daño comun, venga
al Maestre, o a otro que haga su vez, y demuestre la causa con
verdadera, y pura fe, y que esté en la disposición de el Maestre la
cosa, y determinación.

XXXVII.- De los frenos y espuelas

De ninguna manera queremos sea lícito a ningun Hermano comprar, ni
traer oro, o plata, que son divisas particulares, en los frenos,
pectorales, estrivos, y espuelas, pero si estas cosas les fueren dadas
de caridad, estos instrumentos usados, el tal oro, o plata se le de tal
color, que no parezca, y reluzca tan explendidamente, que parezca
arrogancia; si fueren nuevos los dichos instrumentos, haga el Maestre
de ellos lo que quisiere.

XXXVIII.- No traygan cubierto en las bastas, o lanzas, o escudos

No se tenga cubierto en las hastas, escudos, y en las lanzas, porque entendemos que no aprovecha, sino daña.

XXXlX.- De la licencia del Maestre

Es lícito al Maestre dar cavallos a qualquiera, o armas, o otra qualquier cosa.

XL.- De saco, y de maleta

Saco, y maleta con llave no se conceden, y se expongan de tal
suerte, que no se tengan sin licencia del Maestre, o del que está en su
lugar, en este capítulo no se incluyen los Procuradores, ni el Maestre,
ni los que habitan en otras Provincias.

XLI.- De las cartas misivas

De ninguna suerte sea lícito escrivir qualquiera de los Hermanos a
los padres, ni a otro cualquiera, sin licencia del Maestre, o
Procurador; y despues que el Hermano tuviere licencia, en presencia del
Maestre, si le place, se lean: si los padres le dirixieren alguna cosa,
no presuma recibirla, si no fuere mostrandola al Maestre: en este
capítulo, no se con tiene el Procurador y el Maestre.

XLII.- De la confabulación de las propias culpas

Como toda palabra ociosa sea pecado, de los que se jactan de ellas
sin ser ante su juez, ciertamente dice el Profeta, si de las buenas
obras, por la virtud de la taciturnidad, debemos callar, quanto más de
las malas palabras por la pena del pecado, vedamos, y contradecimos,
que ningún Hermano diga las necedades que en el siglo hizo, o en el
Militar servicio, o las delectaciones, que con las miserables mugeres
tuvo, se atreva a contarlas a su Hermano, o a otro alguno; y si las
oyere referir a otros, enmudezca, y quanto antes pueda, con el motivo
de obediencia, aparte, y no muestre buen corazón, o complacencia, o
gusto al que las dixere.

XLIII.- Del logro, o questo, o accepción

Si alguna cosa, sin logro, fuere de gracia, dada a algun Hermano,
llevela al Maestre; si al contrario, su amigo, o padre no quisiera
darla sino a él, no la reciba hasta tener licencia del Maestre, y si le
fuere dada a otro no le pese, y tenga por cierto que si le pesa ofende
a Dios: en esta Regla no se contienen los administradores, a los quales
es concedido expecialmente este ministerio de maleta, y saco.

XLIV.-De las cebaderas, o talegas para comer los cavallos

Util es a todos esten obligados a este mandato; ningun Hermano presuma hacer talegas de lino, o de lana.

XLV.- Que ninguno se atreva a cambiar, y buscar otra cosa

No queda otra cosa sino es que ninguno presuma cambiar sus cosas
Hermano con Hermano sin licencia del Maestre, y buscar cosa alguna, si
no sea Hermano para Hermano, y siendo la cosa parva.

XLVI.- Que ninguno caze ave con ave

Nosotros determinamos generalmente, que ninguno se atreva a coger
ave con ave: no conviene a la Religión llegarse de tal suerte a los
mundamos deleites, sino oir de buena gana los preceptos del Señor, y
frecuentemente orar, y confessar a Dios sus culpas en la oración, con
lágrimas, y gemidos. Ningun Hermano presuma ir por esta causa con
hombre que caza con Gavilán, o otra ave.

XLVII.- Que ninguno hiera afiera con arco, o ballesta

Conviniendo ir, y seguir a toda Religión, sencillamente, y sin risa,
humildemente, y no hablar mucho, sino lo razonable, y no con clamorosa
voz, expecialmente mandamos a todo Hermano professo, no se atreva a
herir con arco, o ballesta en el Bosque, ni que con el que esto hiciere
vaya, sino es por guardarlo, de algún pérfido Gentil; ni con perros sea
ossado a dar voces, ni clamar, ni pique a su cavallo con animo de coger
la fiera.

XLVIII.- Que al león siempre se hiera

Por que es cierto lo que especialmente debeis, y se os tiene
encargado el poner vuestras armas por las de vuestros Hermanos, y
extirpar de la tierra a los incrédulos que siempre amenazan al Hijo de
la Virgen. Porque del León leemos lo siguiente: Por que él anda
circulando buscando a quien deborar, y en otra parte: Sus manos contra
todos, y las de todos contra él.

XLIX.- Que de toda cosa, que acerca de vosotros se os demanda, se oyga en juicio

Sabemos, que los perseguidores de la Santa Iglesia son innume-
rables, y no cessan de inquietar aun aquellos que no quieren contiendas
con ellos; y assi, si algunos de estos en las Regiones Orientales, o en
otra parte, os preguntare alguna cosa acerca de vosotros, os mandamos
oirlos en juicio por fieles Jueces; y lo que fuere justo os mandamos
executeis, sin falta.

L.- Que esta regla se tenga en todas las cosas

Esta misma regla mandamos se tenga en todas las cosas que injustamente se os hayan quitado.

LI.- Que sea lícito a todos los Cavalleros professos tener tierras, y hombres

Creemos, por Divina providencia, que este nuevo género de Religión
tuvo principio en estos Santos Lugares, para que se mixturara la
Religión con la Milicia, y assi la Religión proceda armada con la
Milicia, y hiera al Enemigo sin culpa; juzgamos, segun Derecho, que
como os llamais Cavalleros del Templo, podais tener por este insigne
merito, y bondad, tierras, casa, hombres, y Labradores, y justamente
gobernarlos, pagandoles lo que ganaren.

LII.- Que se tenga gran cuidado con los que estuviesen enfermos

Estando enfermos los Hermanos se ha de tener sumo cuidado, y
servirlos como a Christo, segun el Evangelio: Estuvo enfermo y me
visitaste: estos se han de llevar con paciencia, porque de estos se nos
dará celestial retribución.

LIII.- Que a los enfermos se les de todo lo necesario

Mandamos a los Procuradores de los enfermos, que a estos se les de
todo lo necesario para la sustentación de las enfermedades, segun las
facultades de la Casa; v. g. , carnes, aves, etc. , hasta que esten
buenos.

LlV.- Que unos a otros no se provoquen a ira

Conviene huir no poco no se provoquen unos a otros a ira, porque en
la propinquidad,. y de la Divina hermandad, tanto a los pobres, como
ricos, con suma clemencia nos ligo Dios.

LV.- De qué modo se tengan, o reciban los hermanos casados

Os permitimos tener Hermanos casados, de este modo: que si piden el
beneficio, y participación de vuestra Hermandad, la porción de su
hacienda, que tuvieren ambos, y la demas que , adquirieren, la concedan
a la unidad comun del Capitulo despues de la muerte, y entre tanto
hagan honesta vida, y procuren hacer bien a los Hermanos, pero no
traygan vestidura blanca: si el marido muriere antes, dexe a los
Hermanos su parte, y la otra queda para la sustentación de la muger,
esto considera mos injusto, que habiendo prometido los Hermanos
castidad a Dios, que semejantes , Hermanos permanezcan en una misma
Casa.

LVI.- Que no tengan hermanas en su compañia

Es cosa peligrosa tener Hermanas consigo, porque el antiguo Enemigo
á muchos á echado del recto camino del Parayso por junta con mugeres; y
assi, Hermanos carissimos, para que siempre la flor de la castidad
permanezca entre vosotros, no es licito usar de esta constumbre.

LVII.- Que los hermanos del Templo no participen con excomulgados

Hermanos, en gran manera se ha de temer, y huir, que ninguno de los
Cavalleros de Christo presuma juntarse con excomulgado nominatin y
publico, o recibir sus haciendas, porque no sea desco- mulgado, si solo
fuere entredicho, sera lícito, no sin razon, participar con él, y
recibir caritativamente su hacienda.

LVIII.- Por qué se reciban Cavalleros seglares?

Si algun Cavallero, o otro secular, queriendo huir, y renunciar del
mundo, quiera elegir vuestra compañía, no se reciba luego al punto,
sino segun aquello de San Pablo: Probad el espiritu si es de Dios, y
assi probados se les conceda, y se lea en su presencia la Regla:
entonces, si el Maestre, y Hermanos tuvieren a bien el recibirlo,
llamados los Hermanos, haga presente su deseo, y petición; y demas de
esto, el termino de sus pruebas este en la consideración, y providencia
del Maestre, segun la honestidad de su vida.

LIX.- Que a los consejos secretos no se llamen a todos los hermanos

No siempre mandamos llamar a todos los Hermanos a Consejo sino
aquellos que se conocieren próvidos, y idoneos, quando se tratare de
cosas mayores, como es el de dar tierras, o de conferenciar del Orden,
o de recibir alguno, entonces es competente llamarlos a todos, si al
Maestre pareciere; y oidos los votos del comun Cabildo, se haga por el
Maestre lo que mas convenga.

LX.- Con que silencio deben orar

Hermanos, conviene orar con el afecto del alma, y cuerpo pidiere, o
sentado, o en pie, pero con suma reverencia, y no con clamores, porque
unos no turben a otros: assi lo mandamos de comun consejo.

LXl.- Que crean a los sirvientes

Hemos conocido, que muchos de muchas Provincias, assi sirvientes,
como Armigeros, deseando por la salud de las almas manciparse en
nuestra Casa, es util que los creais, porque el antiguo Enemigo les
intime indecentemente alguna cosa en el servicio de Dios, para que de
repente los aparten, y desarraygen del buen proposito.

LXII.- Que no se reciban muchachos mientras son pequeños entre los Hermanos del Templo

Aunque la Regla de los Santos Padres permite tener muchachos en
Congregación, nosotros no lo alabamos, y assi de los tales no os
cargueis: el que quisiere perpetuamente dar a su hijo, o pariente en la
Militar Religión, crielo hasta los años en que puedan varonilmente
echar los enemigos de Christo de la Tierra Santa; y despues, segun la
Regla, el padre, o padres lo traygan, y pongan en medio de los
Hermanos, y hagan patente a todos su petición: mejor es no ofrecer en
la puericia, que despues de hecho hombre enormemente

LXIII.- Que siempre se veneren los ancianos

Conviene honrar con todo cuidado a los Ancianos con piadosa
consideración, sobrellevandolos segun su flaqueza, y de ninguna manera
esten obligados en estas cosas, que son necesarias para el cuerpo con
rigor, salvo la autoridad de la Regla.

LXIV.- De los Hermanos que estan repartidos por todas las provincias

Los Hermanos que estan repartidos por diversas provincias, procuren
guardar la Regla, en quanto sus fuerzas alcancen, en la comida, y
bebida, y demas cosas, y vivan sin que tengan que corregirles, para que
a todos los que por defuera los vieren les den buen testimonio de su
vida y no manchen el proposito de la Religión, ni con hecho, ni
palabra, sino que a todos aquellos con quien se juntasen, sirvan de
exemplo, de sabiduria, y de buenas obras, y de buen conocimiento de
todo, y adonde quiera que se hospedaren sean decorosos con buena fama;
y si puede hacerse que en la casa del huesped no falte por la noche
luz, por que el tenebloso Enemigo motive pecado, lo que Dios no
permita; y donde dichos Cavalleros oyeren se juntan, no excomulgados,
alli vayan. No considerando tanto la temporal utilidad, como la salud
de las almas, alabamos se reciban a Hermanos en las partes ultramarinas
dirigidos con la esperanza de subvención, que quisieren perpetuamente
juntarse a dicho Militar Orden; y assi, uno, o otro parezca ante el
Obispo de aquella Provincia, y el Prelado oyga la voluntad del que
pide; y assi oida la petición, el Hermano lo embie al Maestre, ya los
Hermanos que asisten en el Templo que esta en Jerusalen, y si su vida
fuere honesta y digna de tal compañia, misteriosamente se reciba, si al
Maestre, o Hermanos parezca bueno: si entre tanto muriere, por el
trabajo, y fatiga como a uno de los Hermanos, se le aplique todo el
beneficio, y fraterni dad de los pobres, y Conmilitones de Christo.

LXV.- Que el sustento se dé a todos igualmente

Juzgamos que se ha de observar esto con guia, y racionalmente, para
que a todos los Hermanos se les dé igualmente el sustento segun la
qualidad del Lugar: no es util la acepcion de personas, pero es
necessaria la consideracion de las enfermedades.

LXVII.- De las leves, y graves culpas

Si algun Hermano hablando, o militando u de otra forma dilin- quiere
en alguna cosa leve, él mesmo a su voluntad muestre su delito
satisfaciendo al Maestre de las leves, si no sean de costumbre, se les
ponga penitencia leve, pero si él la callare, y por otro fuere
conocida, se sujete a mayor corrección, y castigo: si el delito fuere
grave, sea apartado de la familiaridad de los Hermanos: no coma con
ellos a la mesa, sino solo: esté en la dispensación, o juicio del
Maestre todo, para que permanezca salvo en el día del Juycio.

LXVIII.- Por qué culpa no se reciba mas al Hermano

Ante todas cosas se ha de mirar, que ningun Hermano rico, y pobre,
fuerte, o debil, queriendose exaltar y poco a poco ensober- vecerse, y
defender su culpa, no quede sin castigo; y si no quisiera enmen darse,
se le de mas grave corrección, y si con las piadosas admoniciones, y
hechos Oraciones por él no se corrige todavia sino es siempre mas, y
mas se ensoberveciese, entonces sea hechado del piadoso Congreso, como
dice el Apostol: Apartad todo lo malo de vosotros. Es necessario, que
toda oveja enferma se arroje de la compañia de los Hermanos fieles;
pero el Maestre que debe tener el báculo, y la vara en la mano, el
báculo con que mantenga, y sustente la flaqueza de los demas, y la vara
con que castigue los vicios de los delinquentes con el celo de la
rectitud, procure hacer esto con el consejo del Patriarca, y con
espiritual consideración, porque como dice San Máximo, la suavidad no
de mayor soltura al pecador, y la inmodera severidad no aparte al
delinquente de la caida.

LXIX.- Que desde la solemnidad de la Pascua, hasta Todos los Santos, se ha de poner una sola camisa de lienzo

Consideramos con misericordia por el demasiado ardor de la region
Oriental, que desde la solemnidad de las Pascua, hasta la fiesta de
Todos los Santos, a qualquiera se le de una camisa tan sola de lienzo,
no por precisión, sino por gracia, a aquel digo que qui- siere usar de
ellas; pero fuera de este tiempo, generalmente tengan todos camisas de
lana.

LXX.- Que ropa sea necesaria para la cama

Con común consejo aprobamos, que cada uno duerma en su cama solo, y
no de otra suerte, a no intervenir justa causa, o necesidad para lo
contrario. La ropa de la cama la tenga cada uno con moderada
dispensación del Maestre, por lo que creemos basta a cada uno un
jergón, una sábana, y un cobertor; pero el que careciese de alguna de
estas cosas tenga un cobertor y en todo tiempo le sera licito usar de
una colcha de lienzo. Duerman siempre con camisa, y calzoncillos; y
estando durmiendo los Hermanos, nunca falte luz, que alumbre
continuamente hasta el amanecer.

LXXI.- Que se evite la murmuración

Tambien os mandamos, que eviteis, y huyais como peste por precepto
Divino las emulaciones, embidias, rencor, murmuracion, detraccion,
yotra qualquiera cosa de estas. Procure, pues, cada uno con animo
vigilante no culpar, ni reprehender a su Hermano, antes bien con espe
cial estudio advierta en consejo del Apostol: No seas criminoso, ni
murmurador en el Pueblo; pero si conocieres claramente que su Hermano
pecó en algo, pacíficamente, y con piedad , fraternal, segun el
precepto del Señor, le reprehenda privadamente entre los dos; y si no
hiciere caso, llame a otro Hermano para el mismo efecto, y si a ambos
los despreciasse sea reprehendido delante de todos publicamente en el
Convento, porque a la verdad estan en grande aquedad los que murmuran
de otros; y son muy infieles los que no se guardan de la soberbia, por
lo que caen en aquel antiguo pecado del Enemigo comun.

LXXII.- Que se eviten los osculos de las mugeres

Creemos que es peligroso a todo Religioso reparar con nimiedad en
los senblantes de las mugeres y por lo mismo no sea ossado Hermano
alguno a oscular ni a viuda, ni doncella, ni a su madre, ni a su
hermana ni a su tía, ni a otra muger alguna. Huya por esto mismo
semejantes osculos la Milicia de Christo, por los que suelen
frecuentemente peligrar los hombres, para que con conciencia pura, y
perfecta vida, logre gozar perpetuamente de la vida del Señor.

San Bernardo entrega la Regla a Hugo de Payns en el Concilio de Troyes


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