Los largos años del Temple Oculto



LOS LARGOS AÑOS DEL TEMPLE OCULTO


 Fr Horacio A. Della Torre, Prior General
del P.G.A.

Estallada la tormenta contra la Orden, los hermanos que han podido escapar
(se dice que días antes, algunos pudieron huir en su flota desde el puerto de La
Rochelle, con rumbo desconocido) se ven en la obligada necesidad de entrar en
formas de supervivencia clandestina, so pena de perder la propia libertad y aún
la vida. Y aunque algunos en Escocia pueden establecer nuevas Encomiendas, en
general, con la clandestinidad ocurre asimismo una transformación laica de los
religiosos.

Algunos o muchos de ellos que han salvado vida y tormento se mimetizan “con
la gente del siglo”, se casan y forman familias en cercanas o lejanas tierras
pero no por ello han dejado de lado la íntima convicción de templarios. Algunos,
es cierto, asumen con integridad la vida militar y se transforman en
“condottieros” o mercenarios diríamos hoy en día, combatiendo bajo las ordenes
de algún sarraceno, junto a cuya protección han salvado la vida. En esos casos,
su furia es grande contra la cabeza visible de la cristiandad que no ha sabido
reconocerle sus esfuerzos y su sangre.

Otros como veremos lo hacen desde Ordenes militares que los reciben en
Portugal, España y Alemania y desde ellas continúan su lucha y contacto contra
el moro. Pasados los últimos remezones de la tormenta, es previsible que esos
templarios de paisano, así como la abeja busca y encuentra la colmena, hayan
establecido nuevamente contacto con otros iguales. El acre olor del humo de las
hogueras estaba aún muy reciente como para manifestación alguna, temor que
duraría por siglos como se sabe. Entendamos los tiempos; bien que inactiva en el
último siglo, en la parte más austral de América del Sur, la Inquisición recién
fue abolida en Lima, Perú, por el General José de San Martín en 1822. A partir
del momento de la detención del Temple en Francia, entonces, comienza la vida
clandestina. Sin embargo, en forma más o menos secreta, directa o
indirectamente, la actividad de la Orden continuó. Valga como ejemplo de
permanencia subyacente del temple lo citado por Michael Valsan en tiempos de
Juana de Arco: "En la coronación de Carlos VII en Reims (1422, es decir 110 años
después de la desaparición oficial del Temple en Francia), entre las banderas
que flameaban sobre el altar, apareció improvisadamente el baussant del Temple.
Un tal Juan de Foucauld la llevaba y se encontraba al lado de Juana de Arco
(Michael Valsan). Más adelante dice el mismo autor: … "la santa fue tomada a
traición, abandonada por Carlos VII y condenada por el obispo de Rouen. Así se
la quería castigar por haber recibido la ayuda clandestina de los templarios…"
El célebre pintor flamenco Hubert Van Eyck (1366-1426), así como su hermano Jan
(1385-1441), pertenecieron a la Orden, como puede verse en detalles de su gran
obra: La adoración del cordero místico, expuesta en la Catedral de Gante. No
sólo parecen haber pertenecido a la orden sino a una sociedad secreta llamada
AGLA, que podría haber sido un vínculo entre el Temple y los Rosacruces [1] Sin
duda, en el Siglo XVIII se redescubren las ideas templarias, que frente a la
incipiente disolución del absolutismo son tomadas como de “reunificación ideal”.
[2] . Hay quien dice que los jesuitas de Clermont, cerca de París intentaron que
el ideal templario penetrase en la francmasonería para hacer de este modo que
elementos del pensamiento cristiano retornasen a este grupo que la Iglesia daba
por perdido.

Se considera que el punto inicial fue 1737, con un escrito del caballero
escocés Ramsay, una especie de obra de culto masónica -"Discours"-. Allí se
relata que después de 1314 algunos caballeros se salvan y huyen a Escocia donde
establecen una Encomienda, pero que por miedo a una nueva persecución lo hacen
bajo el manto masón. El ritual de acceso al Grado Kadosh (santo, en hebreo),
exige aún hoy que se maldiga a Clemente V y Felipe el Hermoso. Según Beck, cuando
Mozart compone la Flauta Mágica, utiliza en ella ideales templarios. Algunos
años más tarde (1789) sucede la Revolución Francesa. Es bien sabido que derribó
a dos instituciones que tenían particular interés en la culpabilidad templaria –
la monarquía y la Iglesia-.[3] Se abrió entonces la posibilidad de una
investigación menos parcial del juicio a los templarios. a la Revolución Francesa.
En 1811, en el período post-revolucionario francés se dió a conocer un libro con
el Estatuto Templario. El Gran Maestre conocido en la época es Fabré Palaprat
que fue arrestado en varias ocasiones. En 1833 se inauguró en París la Maison du
Temple. El Temple toma también estado público bajo el Imperio Napoleónico y
Napoleón III y participa en la lucha por la Independencia de Grecia. Durante la
IIª Guerra Mundial templarios integraron la resistencia francesa. En 1947,
Antonio Campello Pinto de Souza Fuentes realiza una muy completa compilación de
la Orden. Para quien quiera profundizar en estos oscuros setecientos años del
Temple, recomendamos consultar el artículo de los estudiosos Fernando Arroyo
Durán y Jorge Fernández Palacio aparecido en la revista Más Allá, Nº 138, de
agosto de 2000. Intento de Clasificar a los sobrevivientes de la Catástrofe.
Intentaremos clasificar a los sobrevivientes de la Orden. El prestigioso autor,
Probs-Biravent [4], cita cuatro grupos de sobrevivientes tras la persecución
desencadenada por Felipe IV°: 

1° los de Portugal; 

2° los partidarios de Marc
Larmenius, 

3° el grupo de Pierre d´Aumont 

4°, los Desertores. 

En nuestro intento
concebimos los siguientes grupos, tomando como base el punto de partida: 

1°) Los
que pasan, aún con bienes, a formar lisa y llanamente parte de otra Orden
monástico-militar, a veces fundada exclusivamente con esa finalidad. 

2°) Los
partidarios de Marc Larmenius 

3°) Los seguidores de Francois de Beujeau 

4°) El
Grupo de Pierre d´Aumont 

5°) Los instalados en Escocia e Inglaterra. 

6°) Los
Desertores. 

Desarrollaremos brevemente cada uno de esos puntos. 

1. Los
Templarios que pasaron a Otras Ordenes La primer Orden, heredera del Temple, es
sin duda la de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén que recibió no sólo
gran parte de los bienes del Temple en Francia sino en otros territorios. No
obstante, pese a ello, por las condiciones y la vieja rivalidad es difícil
pensar en el traspaso de caballeros hacia el Hospital y menos aún la
trasvasación espiritual y mistérica [5]. El gran legado es sin duda efectuado
dentro de la Península Ibérica y dentro de ésta a Portugal.

 El rey Dionisio I, llamado también “rey trovador” tramitó y logró del papa
Juan XXII, sucesor de Clemente V°, la posibilidad del traspaso de efectivos
hacia una nueva Orden a la que llamó Caballeros de Cristo, con sujeción al rey
de Portugal. Todos los bienes portugueses pasaron a ella y el manto y cruz
fueron casi idénticos; sólo se agregó una pequeña cruz blanca en el interior de
la cruz paté, para significar sin duda que el Temple había renacido purificado
[6]. La Orden tomó la regla de Calatrava y estableció su sede en Tomar, célebre
por su iglesia. Muchas iglesias templarias aún están en pie como las de Santa
María del Olivar de Tomar y la de la Charola, ambas redondas. El primer Maestre
fue Gil Martins, investido el 15 de marzo de 1319. Reeemprendieron entonces la
lucha contra los moros y lograron el dominio de las aguas para Portugal.
Recordemos a Enrique el Navegante que bajo el pabellón del temple hizo sus
descubrimientos. Actualmente los templarios portugueses se han laicizado y son
numerosos. Sin duda pueden ser considerados como sucesores directos del Temple.
Casi lo mismo ocurrió en España, donde Jaime II de Aragón creó la Orden de
Montesa, con los mismos fines.

Otros templarios impacientes ingresaron en las Órdenes de Calatrava,
Alcántara y Santiago de la Espada, ya existentes, que de todas maneras les
abrieron las puertas. Otro tanto ocurrió en Alemania donde los templarios
pasaron a los Caballeros Teutones. En Italia, laicizados se transformaron en
prestigiosas hermandades, la Fede Santa y los Fideli d´Amore, a la que parece
perteneció luego el propio Dante, trovadores y alquimistas. 

2. Joannos Marcus
Larmenius de Jerusalén [7]. Una versión sostiene que estando en cautividad
Jacques de Molay, un caballero llamado Larmenius (literalmente, “el armenio”)
recogió del último Maestre la misión de que la Orden actuara en forma
clandestina para salvarla de su total destrucción y que él se pusiera al frente
de la misma. Aparentemente Larmenius, y en asuntos secretos, es sabido, no se
escribe, cumplió con su cometido y por doce años fue su Maestre. Por razones de
salud, en 1324, habría dimitido a favor de un cierto Teobaldo de Alejandría [8].
En esa carta, llamada Carta de Larmenius, es de destacar la maldición sobre los
desertores escoceses y sobre los sanjuanistas; textualmente: “los desertores
Templarios de Escocia de la Orden sean maldecidos con una anatema y que, junto a
los hermanos de San Juan de Jerusalén, saqueadores de los dominios de la
Caballería”. Es comprensible la rabia contra los hospitalarios, ¿ pero qué
ocurre con los escoceses? ¿Es acaso porque han revelado alguna costumbre o rito
a extranjeros o profanos? Probst-Birabent cita un litigio que llegó a los
tribunales en París por una discusión sobre una propiedad en el siglo XVII. En
el mismo el Parlamento reconoce como sucesor de Molay a Larmenius. Así, esos
templarios, durante siglos habrían subsistido bajo la forma de una sociedad
secreta guardando los títulos de los dignatarios, símbolos y arcanos. En la
llamada “Carta de Larmenius”, que se muestra en el Apéndice, se puede seguir la
continuidad del traspaso de Maestres en la clandestinidad hasta llegar a Luis
Felipe de Orleans, quien en 1705 reuniendo a los templarios del momento en
Versalles, fue allí proclamado su Maestre. En su gestión se promulgaron
Estatutos. Es de señalar que ese personaje llegaría a Regente de Francia.

 El pedicuro o médico y ex – sacerdote Bernard Fabré-Palaprat, basándose en
una carta de transmisión de 1324, había accedido a la Maestría de la Orden en
1804, continuando con la misma línea enunciada en el párrafo anterior. En 1805,
se estrena en París una obra de teatro (Les Templiers) cuyo autor, Raynouard,
sostenía la inocencia de los templarios. La pieza mereció un comentario del
propio Napoleón, que había apoyado a Palaprat y su línea sucesoria. En 1808, se
restauró oficialmente la Orden del Temple con el asentimiento y buena voluntad
de Napoleón, celebrándose en París una misa de Requiem en el aniversario (18 de
marzo) de la muerte de Molay. Según se presume, el propio Napoleón fue ordenado
caballero templario, amén de iniciado masón, y por ende no sería extraño que
hubiera concedido tal investidura a una persona a la que tanto respetaba y
apreciaba como el insigne Cirujano en Jefe de los Ejércitos Napoleónicos, Barón
Jean Dominique Larrey. La veracidad de la carta de Larmenius ha sido
cuestionada, no obstante es muy difícil poder afirmar si es verdadera o si es
falsa. En cualquier caso, a partir del paso a la clandestinidad, por esta vía,
hasta nuestros días en cualquiera que sigamos, la Orden continúa siendo
caballeresca pero es laica, no religiosa. 

3. Los seguidores de Francisco de
Beaujeau
Según esta cinematográfica versión, algunos días antes de su sacrificio
y viendo el curso que habían tomado los acontecimientos, Jacques de Molay habría
hecho llamar al Conde Francois de Beaujeau y le habría pedido se dirigiera a las
tumbas de los Maestres, para buscar allí debajo de uno de los catafalcos un
joyero de cristal en forma triangular montado en plata. El conde cumplió con el
encargo y se lo llevó a la cárcel a Molay. Ante esta muestra de confianza, Molay
lo habría iniciado en los misterios de la Orden y le habría ordenado rehacerla
de las cenizas. Asimismo le habría revelado que ese joyero contenía el dedo
índice de la mano derecha de San Juan Bautista.[9] A continuación le habría
entregado tres llaves y revelado que el féretro bajo el cual estaba oculto el
joyero contenía una caja de plata así como los anales y secretos codificados de
la Orden, la corona de los reyes de Jerusalén, el candelabro de siete brazos
tomada por el Emperador Tito, un sudario[10] y los cuatro evangelistas de oro
que adornaban el Santo Sepulcro. Ese ataúd era precisamente el del anterior
Maestre, Guillaume de Beaujeau, tío de Francois. Molay pareció confiar además al
joven Conde que las dos columnas que adornaban el coro del Temple (¿Jaquín y
Boaz?) a la entrada de la tumba de los Maestres, estaban huecas y que dentro de
ellas se encontraban escondidos grandes tesoros del Temple, dando la orden de
apoderarse de ellos para poner esas riquezas al servicio de la Orden. El conde
junto a nueve caballeros que habían logrado huir de los esbirros de Felipe
hicieron un pacto de sangre comprometiéndose a propagar la orden por todo el
mundo. Tras ese juramento, el conde se dirigió al rey solicitando autorización
para retirar de la tumba de los Maestres al ataúd de su tío Guillaume, lo que
fue permitido. Logrando esas riquezas, junto con las de las columnas,
aparentemente habría trasladado todo a Chipre. Al parecer tras la muerte del
Conde de Beaujeau la sucesión pasó a manos de Pierre d´Aumont.

4. Pierre D´Aumont
y sus seguidores. Algunas versiones lo indican a d´Aumont como sucesor directo de
Molay, sin intervención de Beaujeau. Según esa interpretación, D´Aumont, que era
Maestre de Auvergne, había huido en compañía de otros cinco caballeros (dos de
ellos comendadores), todos disfrazados de albañiles. El grupo consiguió llegar a
Escocia donde encontró asilo tras un contacto con el Comendador George Harris.
El día de San Juan de 1313, D´Aumont habría sido nombrado Maestre de la Orden.
La sede pasó en 1361 a Aberdeen, uniéndose estrechamente (y confundiéndose) con
la masonería escocesa. De ahí se redistribuyó por toda Europa. 

5. Los Instalados
en Escocia e Inglaterra, Baigent y Leight, cit. por Lamy[11], apuntan con ingenio
que no se conoce relato de que ninguno de los numerosos navíos del Temple fuera
capturado en la triste madrugada del viernes 13 fatídico. Es sabido, ciertamente
que el Temple poseía una fuerza naval propia, y sin embargo ¿qué fue de
ella?.

 A no dudar que Felipe habrá deseado sobremanera echar el guante sobre ella.
Sin embargo, nada. Lo más probable es que ya por filtración de noticias o bien
porque los puertos no estaban incluidos en los primeros objetivos, lo más
probable es que se hicieran a la mar sobre esa misma fecha. Hay una
versión que habla de que la noche anterior al 13 partieron de la Rochelle 18
navíos de la flota templaria con el tesoro de la Orden. Con o sin tesoro, lo
cierto es que los barcos zarparon pues sino habría relatos de su captura. Ahora
bien, ¿Cuál fue su destino? Con escaso temor de equivocarnos señalamos tres
destinos: Portugal, España y Escocia. Otros destinos son ciertamente posibles,
como Canarias o América, pero eso ya entra, por ahora, demasiado en el campo de
la fantasía. Los autores ya citados creen haber encontrado en Kilmartin, costa
oeste de Escocia, unas tumbas que atribuyen a un asentamiento templario, aunque
es probable que ya existieran asentamientos templarios en Escocia, antes del
fatídico viernes 13, pues hay evidencias de que en la batalla de Rosslyn, en
1303, ganaron los escoceses sobre los ingleses con el apoyo de caballeros
templarios liderados por un St. Clair [12] (luego el apellido derivaría a
Sinclair). Una buena parte de Escocia, además, se encontraba bajo el dominio de
Robert Bruce un patriota que luchaba por la independencia, batiéndose contra las
tropas de Eduardo II. Había sido excomulgado el 10 de febrero de 1305 [13]
Además estaba excomulgado, por lo que no tenía ningún interés en obedecer los
pedidos del papa sobre la captura de templarios librada en todos los reinados
cristianos. En una palabra, para los templarios en ese momento no había tierra
europea más segura que Escocia. A tal punto que combatieron a su lado y se dice,
fueron pieza de la victoria en la batalla de Bannockburn, librada el 6 de
noviembre de 1314, decisiva en la independencia escocesa. Es decir, ocho meses
después de que se los inmolara a Molay y Charney en París, hay evidencias de que
caballeros portando el estandarte de Beauccent, la bandera de batalla templaria,
estaban combatiendo en Escocia. El líder había sido Sir William St. Clair,
Maestre de los templarios Escoceses. ¿Es a estos escoceses que hace referencia,
maldiciéndolos la carta de Larmenius? Robert Bruce no tenía interés de continuar
excomulgado, ya que un reino cuyo rey estuviera excomulgado se consideraba
territorio pagano y por ende, cualquier cristiano era libre de efectuar una
cruzada en su contra. Inició reiteradas tratativas para el perdón, lo que logró
cuando el Papa Juan XXII (sucesor de Clemente) en 1328 retiró la excomunión.
“Tan pronto como Escocia volvió a formar parte oficial del cristianismo resultó
imperativo que los templarios desaparecieran de la vista del público
convirtiéndose en una sociedad secreta, ya que ahora el Vaticano podía de nuevo
perseguir a sus enemigos por toda Europa” [14]. La fusión y mimetización con los
grupos masónicos se hace entonces más intrincada y dado el carácter clandestino,
resulta por ende más difícil de ser conocido. Las malas relaciones entre
ingleses y escoceses obraron en cambio favorablemente en las relaciones
franco-escocesas. Francia tomó resueltamente partido por la dinastía de los
Estuardo. La noble familia escocesa Stewart o Stuart, que en español se conoce
como Estuardo, cuyo nombre procede de Senescal (“steward”), reinó sobre Escocia
entre 1371 y 1714 y sobre toda Gran Bretaña desde 1603 a 1714. En torno a los
Estuardo, católicos, se fundó la francmasonería especulativa de Inglaterra. Y en
torno a ellos, en el siglo XVII se formó una vigorosa Orden Templaria que se
batía al servicio de la casa real escocesa. Del mismo modo, familias
tradicionales, como los Bruce, los Seton y los Sinclair proporcionarían luego la
mayor parte de los integrantes de la guardia escocesa (“Garde Eccose”), para
protección del Rey de Francia. Al término de la dinastía, Jacobo II (Estuardo),
destronado por su yerno, Guillermo de Orange, se exiló en Francia, siendo bien
acogido por Luis XIV. El resurgimiento templario en Alemania, está asociado a
Karl Gotthelf, barón de Hund y Altengrotkau. Hund afirmaba que la Orden había
continuado sin interrupción y que él mismo había sido ordenado en 1742 en el
palacio del príncipe inglés Carlos Eduardo Estuardo por el Caballero de la
"Pluma Roja", que tal vez fuera el propio Estuardo. De ese modo había ingresado
en el Temple, y agregaba:  "que (el Temple) desde siempre había vivido en
Escocia". Hundt introdujo el método de la “observancia templaria”, pero aparte
de grandes y pomposas ceremonias, refinados banquetes y atuendos , a esa orden
no se le conocen contenidos intelectuales [15]. 

6. Los Desertores El término
parece deberse a Probs-Birabent [16]. Corresponderían ser llamados así aquellos
disidentes que rehusaron reunirse bajo la autoridad de Larmenius o de d´Aumont.
Serían entonces lo que la masonería llama ordenes irregulares. También estarían
incluídos dentro de este grupo algunos templarios escapados a Escocia, a los que
el Armenio maldice en su famosa carta sucesoria. Debe entenderse que han
comunicado asuntos, ritos y costumbres de la Orden a los extranjeros y
“profanos”. 

 [1] Lamy, Michael pág. 290.

[2] Beck, pág. 177

 [3] Read, pág. 354

 [4] Probst-Birabent, pág. 179

 [5] Lamy, pág. 279.

 [6] Lamy, pág. 280.

[7] Publicada en N° 9 de Cuadernos Templarios.

[8] Ver Apéndice, la Carta de Sucesión de Larmenius que se extiende a lo
largo de casi 500 años.

 [9] Lamy, Op. Cit., pág. 283

[10] Read, pág. 351

 [11] Lamy, Op. Cit., pág. 286

 [12] Knight y Lomas, La Claves Secreta de Hiram, pág. 351

[13] Knight y Lomas, Op. Cit. pág. 352.

[14] Knight y Lomas, Op. Cit., pág. 356.

 [15] Beck, Op. Cit. pág. 179.

 [16] Probst-Biraben, Op. Cit. pág. 179 Cuaderno templario marzo
2003

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1 comentario

Archivado bajo EL TEMPLE VIVE

Una respuesta a “Los largos años del Temple Oculto

  1. M.Carmen

    Hola, no me conoces, yo soy amiga de Olga, y también de Edu, se por Olga que tú eres amiga de Edu, has creado un "space" muy interesante y veo que estas muy interesada en los "Templarios", te mando un dato bibliográfico sobre ellos por si te interesa, es un libro escrito por una catedrática de Historia en la Universidad de Cardiff, especializada en órdenes militares medievales, esta es la referencia:
    LOS TEMPLARIOS: Una nueva historia / NICHOLSON, Helen.- edit. Crítica.-
    Un Saludo.
    M. Carmen

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