La Diosa en la mitología pagana

En
las sociedades prehistóricas, a la Gran Diosa Madre de la Tierra se la
representaba con anchas y maternales caderas, y grandes y sensuales
pechos. Era la personificación de la fertilidad, la vasija donde vida
se gestaba. Cuando el cazador primitivo regresaba victorioso, se ponía
los cuernos de sus presas y copulaba con una mujer fértil elegida al
efecto. Ella representaba a la Madre Tierra y él al Dios Cornudo, su
hijo. Se creía que en virtud de esta poderosa unión cualidades
extraordinarias incrementarían la capacidad para sobrevivir y prosperar
en la vida de toda la tribu.

La festejada unión entre el dios
Cornudo y la Madre Tierra se solía producir en primavera y otoño.
Durante la primera cacería proveería de comida a la tribu tras los
largos meses del invierno, en tanto que la segunda servía para
almacenar alimentos antes del inicio de los fríos.

El dios
cornudo aparece en casi todas las culturas antiguas. El gran templo
egipcio Karnak, estaba dedicado al dios cornudo Amón-Ra. En muchas
civilizaciones, los lugares sagrados se representan mediante cuernos.
Incluso el antiguo Testamento está salpicado de referencias a los
cuernos, como por ejemplo, los “cuernos del altar” o el “cuerno de mi
salvación”. Las naciones conquistadoras colocaban cuernos en sus yelmos
como símbolo de sus hazañas, y ciertas culturas nativas de Norteamérica
siguen utilizando los cuernos como parte de su ropa ceremonial. El dios
cornudo era el señor de la virilidad y de la primavera.


La
llegada del cristianismo transformó al dios cornudo en el diablo, en un
intento de desacreditar los antiguos rituales de glorificación de la
sexualidad. Con ello, la Iglesia pretendía acabar la verdadera base de
las religiones antiguas convirtiendo el sexo en algo abyecto, propio de
las bestias. Los antiguos ritos fueron aniquilados, mutilados y
ridiculizados y las mujeres fueron identificadas con Eva, la malvada
tentadora cuyos actos por sí mismos valieron a la humanidad su
expulsión del Jardín del Edén.

La potencialidad de la mujer fue
casi borrada por completo y con ello también disminuyó la verdadera
potencialidad del hombre. Lo que quedó fueron cáscaras humanas vacías,
desprovistas de todo impulso natural de sexualidad que es lo que nos
pone en fértil contacto con la Madre Tierra. Las repercusiones fueron
formidables. Hombres y mujeres perdieron el respeto hacia sí mismos,
con la consecuencia de una devastadora falta de respeto por la propia
tierra. La destrucción y el abuso tomaron el lugar del honor y la
devoción.

Fuente: http://circulosdemujeres.blogspot.com/

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