Mujeres Templarias: las guerreras del Temple

Mujeres Templarias
LAS GUERRERAS
DEL TEMPLE

¿Era el Priorato de Sión la orden femenina del Temple?

¿O eran verdaderamente guerreras, como dicen algunas
tradiciones?

Por José Antonio Solís

¿Hubo mujeres en el Temple?. Y en caso afirmativo ¿cuál fue su función en la
Orden?.
De entrada los historiadores siempre han obviado el tema, dejando en
todo caso de forma más o menos explícita la opinión contundente de que a los
templarios (como monjes que eran) les estaba vedada su compañía menos en casos
de fuerza mayor y, naturalmente, las labores de su ministerio que incluía (como
monjes guerreros, y caballeros que también eran) su protección. Sin embargo
multitud de relatos y testimonios documentales parecen indicar lo contrario. Si
aceptamos las tradiciones, y esas leyendas transmitidas de generación en
generación que algo de verdad siempre tienen en su origen, esta idea cambia
totalmente. Tradiciones y leyendas nos hablan de templarios que tienen
relaciones de toda índole con mujeres y, lo que es más impactante por cambiar
totalmente nuestra imagen del Temple, mujeres mismas formando parte de la Orden
de los Pobres Caballeros de Cristo y el Templo de Salomón.
¿En qué forma o
modo se integraron en la Orden las mujeres? Ese es el dilema.

En primer lugar, y la más aceptada seguramente por su fácil adaptación a
nuestra imagen del Temple, está la tesis de que formaban bien una regla aparte,
aunque paralela, a semejanza de otras órdenes religiosas que siendo de hombres
tenían a su vez una “versión” femenina. O incluso que formaban parte de las
mismas encomiendas suponiendo en este caso, y en general todos los
investigadores, que teniendo una vida totalmente separada. Se trataría de las
llamadas “damas del Temple” que citan algunos autores.

 

Templaria

Según ese supuesto estas monjas Templarias realizaban trabajos de hospital a
semejanza de las actuales monjas-enfermeras, aunque algunas veces se dedicaban a
asuntos “femeninos” que iban desde la confección los trajes de los Caballeros a
trabajos agrícolas de cuidado de huertas o preparación de alimentos como el
queso (el queso, en una época en que no existían las “raciones de combate” en
los ejércitos, era parte fundamental de la dieta en campaña por su facilidad de
transporte y almacenaje, su larga conservación y su valor nutritivo). También
fue aceptada al parecer su colaboración para recibir donaciones, algo así como
unas damas de la Cruz Roja de hoy en día, haciendo cuestaciones a favor de la
causa.
A favor de esta opción tenemos algunos documentos como el que cita a
una tal Acalais (nombre que debe leerse: Asalais al pertenecer a la lengua de
Oc) una mujer del Rosellón, que se entrega: “a Dios y a la Santa Caballería de
Jerusalén, el Temple, para servirles y vivir sin bienes bajo la autoridad del
Maestre”. En el mismo acto entrega como donación su feudo de Villamolac, según
se expresa con el consentimiento explícito de sus dos hijos, deseando
finalmente: “que Dios me conduzca hasta la verdadera penitencia y a su Santo
Paraíso…” (documento D´Albon,  LXVIII- 1133).
También dentro de este apartado
podríamos incluir la teoría de que las “damas” templarias estaban adscritas
realmente al Priorato de Sión y que el mismo pudo perfectamente ser no la secta
o logia esotérica que dicen muchos investigadores, sino simplemente una orden de
Monjas unida al Temple… Lo que parece francamente dudoso.

Hasta aquí nada excepcional en cuanto a este primer aspecto de la inclusión
de elementos femeninos en la muy viril Orden Templaria, aunque sea un nuevo
aspecto bastante desconocido de la misma.

Pero lo verdaderamente novedoso es la posibilidad de que hubiera mujeres
entre las filas de los combatientes. Pero… ¿realmente es algo tan
novedoso?
En la Orden del Temple sí, en la Historia desde luego no sería el
primer caso semejante.
Dejando aparte casos excepcionales como el de Catalina
de Erauso, nuestra monja alférez, allá por el siglo XVII, tenemos un antecedente
de esta hipótesis: el de las gladiadoras que combatieron en las arenas de los
circos del Imperio Romano ocupando el lugar de gladiadores masculinos. Y no
olvidemos que pese a lo que parecen propagar las películas los gladiadores eran
algo así como una cofradía u orden monástica, con un sentido religioso que no
suele ser citado ni en los libros de historia, aunque bien es verdad que su
ingreso no era siempre voluntario ya que muchas veces se obligaba a entrar en
esa fraternidad combatiente –y fraticida- a esclavos que reunieran ciertas
aptitudes. En todo caso como dijimos era un mundo de valores eminentemente
masculinos en el que sin embargo se “colaron” muchas mujeres y, también sin
embargo, hasta hace poco era un tema bastante desconocido, como si los
historiadores lo ignoraran. Seguramente por ser algo tan increíble que parecía
desprestigiar, por fantasioso, al investigador que lo afirmara.
Conocido, sin
embargo, es el caso de Juana de Arco. Que luchó en primera fila a caballo y con
armadura, apenas cien años después de la disolución oficial de los
templarios.
¿Hay alguna prueba de que mujeres combatieran en las filas del
Temple?
El libro: The Latin Chronicle of the Kings of Castile, translated
with an Introduction and Notes by Joseph F. O’Callaghan (una crónica que es la
traducción del árabe al inglés de las obras de diversos autores musulmanes
españoles), Medieval & Renaissance Texts & Studies vol. 236 (Tempe, AZ,
2002), en sus páginas: 49-56, hablan de la batalla llamada de Al-‘uqab, o "La
Batalla", se trata de la batalla de Las Navas de Tolosa. En ella intervinieron
con gran coraje contingentes templarios: “…estimulados por las
hazañas de sus compañeras…”.
La traducción es al parecer
inequívoca.
Además el cronista Ibn Abi Zar, que narró la batalla desde el
punto de vista musulmán, escribe: “Se plantó la tienda roja, dispuesta para el
combate en la cumbre de una colina, Al-Nasir vino a ocuparla y se sentó sobre su
escudo con el caballo al lado; los negros rodearon la tienda por todas partes
con armas y pertrechos. La zaga, con las banderas y tambores, se puso delante de
la guardia negra con el visir Abu Said ben Djami. Se dirigió contra ellos el
ejército cristiano, en filas, como nubes de langostas; los voluntarios les
salieron al encuentro y cargaron sobre ellos, pero desaparecieron entre las
filas de los cristianos, quienes los cubrieron y combatieron terriblemente,
todos los voluntarios murieron mártires, sin quedar uno… cuando vieron que los
voluntarios habían sido exterminados, que los andaluces huían, que el combate
arreciaba contra los que quedaban, y que cada vez los cristianos eran más
numerosos, se desbandaron y abandonaron a Al-Nasir. Los infieles los
persiguieron espada en mano, no siendo menos crueles las mujeres que los hombres
de la Orden que profanó el Templo de Salomón y sus santos lugares… hasta llegar
al círculo de negros y guardias que rodeaban a Al-Nasir; pero los encontraron
que formaban como un sólido muro, y no pudieron abrir brecha; entonces volvieron
las grupas de sus caballos acorazados contra las lanzas de los negros, dirigidas
contra ellos, y entraron en sus filas. Al-Nasir seguía sentado sobre su escudo,
delante de su tienda, y decía "Dios dijo la verdad y el demonio mintió", sin
moverse de su sitio, hasta que llegaron los cristianos junto a él. Murieron a su
alrededor más de diez mil de los que formaban su guardia… El degüello de
musulmanes duró hasta la noche, y las espadas de los infieles se cebaron en
ellos y los exterminaron completamente, tanto que no se salvó uno de mil. Los
heraldos infieles gritaban: Matad y no apresad, el que traiga un prisionero será
muerto con él. Así que no hizo el enemigo un solo cautivo este día.” (Ibn Abi
Zar, Rawd al-quirtas).
El texto es elocuente y parece derribar dos mitos, el
de la presunta benevolencia con los vencidos en las batallas de la reconquista
española y el de que las mujeres no combatieron en la Orden del
Temple.

¿Contravenían la Regla templaria? Si la tomamos al pie de la letra, sin duda
que sí. Pero no olvidemos que muchas cosas pierden su sentido fuera del contexto
histórico en que se dicta, pudiera ser que en su momento la interpretación fuera
diferente. Además… donde hay una regla, también hay excepciones. Realmente suena
a pura fantasía, pero ahí están los textos… y las tradiciones, que en diferentes
lugares (norte de España y Francia, principalmente) hablan de mujeres
compartiendo la vida común (aunque no dicen que en los mismos recintos) con los
caballeros del Temple.

Mujer Caballero

Sin embargo llama la atención que en las actas de los diversos procesos
contra los templarios que desembocaron en la disolución de la Orden no se cite
esta camaradería combatiente como algo nefando o pecaminoso, es más, ni siquiera
se cita. Pero ello podría ser debido a dos motivos, que no fuera considerado una
falta –quizá hasta hubiera alguna dispensa eclesiástica que no conocemos-. O que
el hecho era ya desconocido cuando fue disuelta la Orden, pues los textos que
hacen referencia a la participación en los combates de mujeres entre los
templarios son de principios del siglo XIII, mientras que la persecución del
temple fue ya en el XIV. Cien años son muchos años para una época que los medios
de transmitir información eran tan limitados.
Por otro lado tan dispar
interpretación sobre la Orden y sus estatutos llega a otros campos. Si nos
atenemos al literal de las presuntas “reglas” que han llegado hasta nosotros los
caballeros templarios, aparte de no lavarse, no se cambiarían de ropa interior
que debería estar compuesta básicamente por unos calzones de piel de oveja, algo
tan difícil de creer ya que otros testimonios de la época (que algunos autores
se empeñan en considerar literalmente como de verdaderos “guarros”), nos afirman
todo lo contrario. Quizá la verdad esté en que las presuntas reglas del Temple
sean eso, presuntas, y las que se aplicaban realmente no han llegado a
nosotros.

La Estela Mortuoria

 

Hasta la aparición de la estela que representa el combate
de dos gladiadoras: Achillia y Amazona (sin duda los nombres de “guerra o
artísticos” de las dos mujeres), y la posterior de la tumba de una gladiadora en
Inglaterra, el que hubieran existido mujeres en las arenas de los circos se
consideraba “pura fantasía”. A pesar de las evidencias de diversos
textos.
¿Habrá que esperar a la aparición de la tumba de una guerrera
templaria para dar crédito a que hubo mujeres combatiendo en las filas de los
monjes-caballeros?

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