Mujeres Filósofas


El gran aporte femenino a la filosofía en el Neoclasicismo

La lección de las mujeres

Don Juan, al representar el fracaso existencial del seductor,
propone en cambio una mujer nueva; lo mismo puede decirse de la Muerte
de Marat, que documenta un hecho histórico ocasionado por una mano
femenina: no podía ser de otra manera en un siglo que marca la
aparición de la mujer en la vida pública. También se ve en las imágenes
pictóricas, cuando las damas barrocas son sustituidas por mujeres menos
sensuales pero más libres, despojadas ya del asfixiante corsé, y con la
melena ondeando libremente: a finales del siglo XVIII está de moda no
ocultar el pecho, que a veces se muestra libremente por encima de una
faja que lo sostiene y marca el talle. Las damas parisinas organizan
salones y participan, evidentemente no como coprotagonistas, en los
debates que en ellos se desarrollan, anticipando los clubes de la
Revolución y siguiendo una moda que se había iniciado ya en el siglo
XVII, en las discusiones de salón sobre la naturaleza del amor. En el
seno de estas discusiones nació, a finales del siglo XVII, una de las
primeras novelas de amor, la Princesa de Clèves, de madame de La
Fayette, a la que siguieron en el siglo XVIII Moll Flanders (1722) de
Daniel Defoe, Pamela (1742) de Samuel Richardson y la Nueva Eloísa
(1761), de Jean-Jacques Rousseau.

En la novela de amor del siglo XVIII, la belleza es vista con el
ojo interior de las pasiones, preferentemente en forma de diario
íntimo: una forma literaria que contiene ya en sí misma todo el primer
romanticismo. Pero en estas discusiones, sobre todo, se va abriendo
paso la convicción –y es la contribución de las mujeres a la filosofía
moderna– de que el sentimiento no es una simple perturbación de la
mente sino que expresa, junto con la razón y la sensibilidad, una
tercera facultad del hombre.

El sentimiento, el gusto y las pasiones pierden pues el aura
negativa de la irracionalidad y, al ser reconquistados por la razón, se
convierten en protagonistas de una lucha contra la dictadura de la
propia razón.

El sentimiento representa una reserva a la que recurre Rousseau
para rebelarse contra la belleza moderna artificiosa y decadente,
recuperando para el ojo y el corazón el derecho a sumergirse en la
belleza originaria e incorrupta de la naturaleza, con un sentimiento de
nostalgia melancólica por el “buen salvaje” y por el niño espontáneo
que originariamente se hallaban en el hombre y que ya se han perdido.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar

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