El Guerrero Espiritual


EL CAMINO DEL GUERRERO ESPIRITUAL


1.- LA CONQUISTA SOBRE UNO MISMO Y LA CONSECUCIÓN DE LA LIBERTAD INTERNA ES EL PROPÓSITO ESENCIAL DEL GUERRERO ESPIRITUAL.
Le
proporciona así un especial significado a la existencia, que comienza a
contar y tener su propio peso específico de segundo en segundo, de
momento en momento.

2.- PARA ALCANZAR LA LIBERTAD INTERIOR Y COMPLETAR LA CONQUISTA DE UNO MISMO Y LA EVOLUCIÓN CONSCIENTE.
El
guerrero espiritual instrumentaliza toda actividad, circunstancia y
situación para ser tocado por la Sabiduría. Así da la bienvenida a todo
lo que se presenta en su camino existencial, por doloroso que resulte.
Nada en sí mismo es un obstáculo si se convierte en soporte de
realización.

3.- CULTIVA SU TEMPLE.
Es
a la vez recio y manso, controlado y fluido. No descuida la actitud de
coraje, enfrentando los miedos y temores. Aprecia la destreza y bruñe
su carácter de guerrero con la meditación, la verdadera motivación y la
apertura a la corriente de energía despierta. Aprende a navegar en el
nivel de lo cotidiano y en el de lo supracotidiano.

4.- DESCONFIA DEL OCIO Y NO SE ENTREGA A LA INDOLENCIA.
Está
presto. Se adiestra. Siempre preparado para la autoconquista. Pero
jamás es rígido ni compulsivo. Jamás es más indulgente consigo mismo
que con los otros. Él es su propio desafío y su propio reto. La apatía
no tiene hueco en su ánimo. No cede a los achaques de la negligencia.
Preserva el filo del discernimiento y sabe que la Sabiduría se gana y
no se adquiere gratuitamente. Así no deja que su voluntad se agriete.

5.- SI ALGO VALORA, POR ENCIMA DE TODO, EL GUERRERO ESPIRITUAL ES LA PAZ INTERIOR.
Nada
es superior a un destello de auténtica paz. Nada es comparable. Pero
esa paz es el resultado de una lucha sin tregua contra su propio ego.
Se gana con dolor y con tesón. Es el oasis al final del desierto. No es
el patrimonio de los débiles, y por eso aún en su propia debilidad,
encuentra fortaleza. No se permite pretextarse en su debilidad, sino
que al contrario incluso a la debilidad se le extrae la fuerza para
continuar caminando. Se obtiene ventaja incluso de lo más desventajoso.

6.- EL ÁNIMO SIEMPRE VIVO.
El
ánimo renovado. Aunque las heridas sean profundas y largas como río, el
ánimo inquebrantable. Tal es el ánimo del guerrero. Del fracaso se hace
una enseñanza; de la derrota: una victoria; de la perdida, una lección
de ecuanimidad. Un ánimo vital, pero sosegado. Un ánimo que previene
contra las vacilaciones inútiles y que permite encarar las
circunstancias adversas de la existencia sin ansiedad. Un ánimo que se
mantiene incluso ante la muerte y permite reconciliarse con ella con
elegancia y lucidez. Ese es el ánimo que permite superar la angustia
que atenaza a todo ser humano ante las situaciones especialmente
difíciles. El guerrero espiritual procede como si esa angustia no se
presentase… aunque se presente.

7.- ES LA CONQUISTA DE UNO MISMO LA MÁS ELEVADA Y LA MÁS NOBLE.
Así
lo sabe el guerrero y así se sirve de todos sus recursos para irla
haciendo posible. Invoca a la Shakti (Madre Divina) haciendo uso de
todas sus potencias. Así es que el guerrero se abandona, pero no se
abandona. Del mismo modo que espera sin esperar. De igual forma que
cree en todo sin creer en nada. Es una paradoja viviente, porque la
vida es en sí mismo la gran paradoja por la que peregrinas. Asume, pero
no desfallece. Se emplea a fondo cuando es necesario: se retira a su
intimidad abismal cuando las circunstancias lo requieren. A veces es
asaltado por la inmensa soledad propia de todo guerrero. Pero esa es la
batalla que mejor sabe librar. Soledad sí, pero no desvalimiento. Hay
un sabor de plenitud e infinidad en la desenfrenada soledad del ser
humano. El guerrero se alimenta con ese sabor.

8.- EL GUERRERO ES UN EXPLOTADOR DE TODA POSIBILIDAD, DE TODA EXPERIENCIA, DE TODO ITINERARIO.
Su
curiosidad es muy viva, aunque no compulsiva. Todo lo mira, de todo
aprende, a todo le saca la inspiración. De ahí que nunca haya lugar
para el aburrimiento; mucho menos para la timidez o el ánimo timorato.
En su explorar consume mucha energía, pero debe aprender a renovarla.
Sabe acumular energías y hacer uso de todos sus recursos. Cuando se
siente débil se conecta con la Fuente Primordial. De ella toma su
fuerza, su coraje sereno, su intrepidez para penetrar en universos
vedados para el ser humano común. Él es instrumento de esa Fuente
Primordial. Es humilde pensando que solo es una mota en los vastos
universos. Pero se tonifica sintiendo que esa mota forma parte de la
unidad de la Fuente Primordial. Sabiéndose el instrumento de un poder
más alto, no se identifica con la acción ni mucho menos con los
resultados de la misma. Pero procede con destreza y hace lo mejor que
puede en cualquier momento. Hace sin hacer, participa sin participar.
No se entrega a desconcertantes aprensiones; no se deja desbordar por
la inquietud. No se lamenta, no se autocompadece. No abre los portones
de la duda por la duda. Confía en su energía de criatura viviente. Si
sus fuerzas están al punto de agotarse, se refugia en la cueva de su
corazón y escucha la voz de la Amada que le infunde nuevos ánimos.
Recupera así el espíritu del guerrero, que es su mayor tesoro, su más
espléndida riqueza.

9.- EL GUERRERO ESPIRITUAL TOMA LA VIDA COMO UN MAESTRO.
Se
acepta en principio como es y desde esa aceptación comienza su sendero
de autodesarrollo, no al margen de la vida, sino en roce continuo con
la vida. Jamás acepta la injusticia, cultiva el sentido del servicio,
hace la paz interior para compartirla, permanece en conexión con la más
íntima realidad de iluminación y al tener que enfrentar las situaciones
ordinarias de la vida, lo hace desde la simplicidad que permite
aprender. No gusta del artificio ni de la presuntuosidad. Refina sus
relaciones con los otros y consigo mismo y apela a la bondad que reside
dentro de sí mismo y de los demás. Habla de corazón a corazón, y sabe
que tiene en común con todos los seres del mundo la Sabiduría que surge
de la Fuente Primordial, de lo Incondicionado e Inefable. Es el
conocimiento que guía al guerrero espiritual y que está en simiente en
todos los seres.

10.- EL GUERRERO ESPIRITUAL APRECIA SU CUERPO, LO ATIENDE, LO DISPONE, LO PREPARA.
Sin
apego, sin obsesión. También cuida su mente, la cultiva con esmero.
Impone una dignidad a su carácter y examina su conducta. Mediante la
meditación recobra su armonía básica. La postura meditacional es
símbolo del talante del guerrero. Desde la Tierra quiere proyectarse
hacia la Totalidad. La meditación le permite potenciar su elemento
vigílico, poner en orden su mente, abrir su corazón, sincronizar todas
sus energías. Todos los guerreros espirituales se sirven de la
meditación, pero cada uno a su manera.

11.- LA INTREPIDEZ DEL GUERRERO ESPIRITUAL CONSISTE EN ABRIRSE, NO EN PARAPETARSE NI MUCHO MENOS ATRINCHERARSE.
Asume
ese riesgo y espera lo que ocurre sin dejarse tomar por frustraciones
del pasado o expectativas del futuro. Procede con precisión según las
circunstancias lo requieren. Es a la vez recio y manso. Vigila su
pensamiento y su conducta. Aprecia en grado sumo la relación humana.
Sabe que no hay peor enemigo que un ego que se desborda y que nada
debilita tanto como la infatuación y la autoimportancia. Utiliza el
discernimiento para abrirse camino aún en la confusión; apela el
entendimiento que le proporciona la Enseñanza para arrojar luz a través
de la ofuscación. No ahoga jamás sus pasiones; las orienta. Aprovecha
todo momento para estimular el proceso del autoconocimiento.

12.- NO CREA RESISTENCIAS.
Está.
De nada sirve parchear ni perderse en componendas. Se enfrenta y asume
el riesgo de rodar por el campo de batalla. Pero sin resistencias, los
sucesos son tal como son y sin ser distorsionados por la alucinación
del pensamiento desordenado. El guerrero se adiestra en ver las cosas
como son, para extraerles toda su sabiduría. No deja que su psicología
se superponga a los acontecimientos y los falsee. Por eso no gusta de
escapismos, subterfugios, autoengaños. No es negando el mundo
fenoménico (samsara) que éste se supera, sino penetrándolo con la
atención muy despierta y ecuánime.

13.- NO HAY PEOR BRUMA QUE EL AUTOENGAÑO.
El
autoengaño adquiere caracteres de mayor gravedad en la senda del
guerrero, porque no hay que imaginar que se está caminando si no se
está avanzando ni una sola pulgada. La honestidad es el antídoto contra
el autoengaño.

Un
guerrero espiritual puede dejar de ser todo, menos honesto. Mejor es
apartarse de la Enseñanza que estar en la Enseñanza sin comprometerse
rigurosamente con ella. El guerrero espiritual desarrolla un gran
sentido del humor, pero no juega con la Enseñanza.

14.- EL GUERRERO ESPIRITUAL SE MIRA A SÍ MISMO SIN SUBTERFUGIOS.
Es
doloroso ponerse al descubierto, examinar las propias mezquindades,
miedos, actitudes egocéntricas, tendencias neurológicas. Abre su
psiquis en canal ante sí mismo. Se desgarra ante la propia visión de su
interioridad y ahí halla toda su fuerza para emerger hacia una
dimensión de veracidad. Se encara a todos sus fantasmas internos. No
alivia ni amortigua sus miedos. Los instrumentaliza. Pone fin a las
componendas. No se refugia en su torre de marfil psicológica, sino que
emerge rompiendo las corazas que lo aprisionan y ahogan. Mira su mente,
sus surcos repetitivos de consciencia, sin infinitos hábitos
autoprotectores, su impresionante urdimbre de autoengaños sutilmente
tejidos. Reconoce su enrarecida atmósfera interna de miedos,
resquemores, ansiedades, pretensiones falaces y egoísmos. Porque es un
guerrero se enfrenta con sus deficiencias. No desfallece. No se
conforma. Contempla la necesidad de cambiar y comenzar a modificarse.
Esa es su contienda. Conquistar el mundo no es nada al lado de lo que
representa la conquista de uno mismo. Recurre al poder de la mente y al
corazón. Aprende a pensar y dejar de pensar; a amar y ser compasivo.
Recurre a su intuición de buscador.

15.- EL GUERRERO ESPIRITUAL ALTERNA EN SÍ MISMO SENSIBILIDAD Y CORAJE.
Con sensibilidad vive todas las situaciones; con coraje supera las
circunstancias adversas. Porque es un observador diligente, aprende de
cualquier circunstancia. Porque no se permite mantener su mente
embotada, sabe en todo momento cual es su meta y con qué medios cuenta
para caminar hacia ella. Porque mantiene muy viva la motivación de
libertad interior, supera las fascinaciones de la vida cotidiana,
acopia fuerzas y sigue caminando hacia la Realización.

16.- EL GUERRERO ESPIRITUAL TRATA DE MANTENER SU MENTE LIMPIA.
Nada
de dogmas, ni de ideologías, ni de obsesiones. Todo ello le roba su
brillo, su fuerza, su talante. Nada de prejuicios ni adoctrinamientos.
Todo ello le roba su frescura, su destreza. Confía en la observación
penetrativa, más allá de filtros y acumulaciones. Sabe que el mejor
consejero es la misma armonía interior y la mejor lámpara la
comprensión lúcida. Se apoya en la disciplina y el esfuerzo no
coercitivo ni compulsivo.

17.- EL GUERRERO PONE LOS MEDIOS PARA GANAR UNA DIMENSIÓN DE CONSCIENCIA NO CONTAMINADA POR EL APEGO Y LA AVERSIÓN.
En
esa dimensión de consciencia no hay angustia y por tanto uno se puede
relacionar con la vida y con las otras criaturas desde la cordura que
proporciona la serenidad interior. Desde esta dimensión de consciencia,
que no se pierde en ensoñaciones ni obsesiones, es posible acoplarse a
la situación tal cual es y sacarle toda su inspiración y enseñanza.
Cuando se procede así, todo se torna un acto meditacional. Hay un
mensaje a cada instante y sobreviene una nueva espontaneidad que nada
tiene que ver con el instintivismo ni la mendicidad. Hay una
refrescante adaptabilidad. Se adentra uno con destreza en el laberinto
de lo fenoménico. No hay aferramiento; no hay resentimiento. Las cosas
se viven con frescura, sin desgarramiento interior. Se sufre, se goza,
desde la ecuanimidad y confiando en la propia energía y calidad de ser
humano. Se es a pesar de todos los condicionamientos; permanece uno
conectado con su naturaleza real, a pesar de todas las circunstancias.
Cada situación adquiere relevancia, más allá de la rutina y el
aburrimiento.

18.- EL GUERRERO ESPIRITUAL VALORA MUCHO LA INTELIGENCIA PURA, NO LOS CONCEPTOS NI EL PENSAMIENTO ORDINARIO.
La
inteligencia pura es el arte de ver con claridad, de comprender con
lucidez, de penetrar los fenómenos tal cual son. Esa inteligencia da
por resultado el verdadero amor, el comportamiento honesto, la óptima
relación con nosotros mismos y con los demás. Esa inteligencia permite
que aflore una disciplina espontánea y natural, una mansedumbre no
fingida ni artificial, una fluidez contagiosa y saludable. Esa
inteligencia es la visión cabal, aquella que penetra y esclarece. El
guerrero espiritual se ejercita en cualquier modo de meditación para
estimularla. Esa inteligencia pone el descubierto la realidad tal cual
es y permite desplazarse hacia lo incondicionado. Desmantela el ego,
disuelve el apego, quema los falsos ropajes y disfraces. Con esa
inteligencia, la mente no se cree sus propias proyecciones, no hay
posibilidad de infatuación, se deja confiar para siempre en la
agresividad o el afán de poder. Una inteligencia tal, purifica; hace la
actitud amorosa, pone armonía y orden dentro de uno mismo.

19.-
CUANDO EL GUERRERO SE SIENTE O SE SABE SOLO, SE CONECTA CON EL LINAJE
DE LOS GUERREROS ESPIRITUALES, SE SIENTE UNO DENTRO DEL CIRCULO INTERNO
DE LA HUMANIDAD, TOMA INSPIRACIÓN Y FORTALEZA DE AQUELLOS QUE SE
DESPERTARON Y REALIZARON SU HEROICIDAD ESPIRITUAL.
Entonces el
guerrero recobra su valentía, su intrepidez, hasta su osadía. Los
retrocesos en la búsqueda sólo son aparentes. La consistencia es lo que
cuenta. Toda la energía que los otros consumen en la autoimportancia,
la obsesión, la competencia, el afán de aparentar y dominar, el apego y
la aversión, toda esa energía el guerrero la reorienta hacia la
evolución consciente. Ese rico caudal de energía interior permite la
conexión con la energía de todos los seres vivientes y así nunca se
agota, sino que se renueva e intensifica. Ampliando la consciencia de
todo lo que ésta a su alcance, el guerrero descubre la afabilidad, el
sentido de una brizna de hierba, la plenitud de lo impersonal y no
referencial, la lucidez de la vigilia atenta y ecuánime, la sensación
de libertad de la apertura sin barreras, el sabor reconfortable de
enfrentar los hechos como son, sin subterfugios; el placer que
proporciona la capacidad de explorar todo lo fenoménico, sin dejarse
contaminar, empañar o seducir por los fenómenos y sin perder la
conexión con el ángulo de quietud y cordura.

Aún
los acontecimientos más triviales le sirven al guerrero para retomar el
hilo de la consciencia. Al vaciarse de todo se llena de su propia
realidad existencial. Al no tener la compulsiva necesidad de demostrar
nada, todo sucede por sí mismo. Controla y fluye. Es de todos y de
nadie demasiado. Está sin estar. Desarrolla una visión plena, no
fragmentada. Confiando en su intuición primordial no necesita blindajes
psíquicos. Muchas veces le asaltan los pensamientos neuróticos que
forman las milenarias memorias de todo ser humano, pero aprende a
manejarse con ellos. La meditación les capacita para no dejarse tomar y
encarcelar por las imágenes mentales.

20.- BUENA PARTE DEL SUFRIMIENTO ESTA EN LA MENTE.
Así lo sabe el guerrero, y sabe que en la mente hay que resolverlo. De
tanto mirar el pasado y el futuro, el ser humano no se dispone
sagazmente para el presente. Habitando en la ofuscación e
insatisfactoriedad de la mente, no puede haber comunión ni con uno
mismo ni con los demás. El guerrero espiritual enfrenta su mente, se
encara a lo conceptual, enfrenta la compulsividad del pensamiento
reactivo, aplica la ecuanimidad a sus viejos impulsos, comprende que la
mejor defensa es no alimentar neuróticas autodefensas, se entrena en
dinamitar los fundamentos del ego: identificación con la forma, el
nombre, la imagen idealizada y la autoestima, la infatuación, los
condicionamientos y adoctrinamientos, las reacciones y hábitos
mentales, y otros.

El guerrero aprende a estar en sí mismo, desde la serenidad.
Si no aprendemos a estar con uno mismo, ¿dónde podremos ir que nos
sintamos bien? El guerrero espiritual se desnuda psicológicamente para
ir más allá del tardo de su psicología. Sabe que no hay proceso sin
sufrimiento, pero no genera sufrimiento sobre el sufrimiento. No cede a
las fantasías, construcciones y coleccionismos del ego. Sabe que para
ser hay que no ser.

21.- LAS DIFICULTADES SON LA OPORTUNIDAD DE ORO PARA EL GUERRERO ESPIRITUAL.
Le
estimulan a ser distinto, superar los temores, confiar en su energía
para relacionarse sabiamente con la situación, apelar a su resistencia,
paciencia y ecuanimidad. Las dificultades le entonan, le robustecen, le
evitan que el ánimo se enmohezca, le brindan la oportunidad de poner a
prueba si realmente está evolucionando.

22.- LA MENTE HACE CONFUSION Y OFUSCACIÓN COMO LA HUMEDAD RECREA EL MUSGO.
Por
eso el guerrero espiritual entra en su mente para en ella resolver la
oscuridad y hacer la lucidez de la consciencia. Según la condición de
la mente, lo que a unos ata a otros libera. La actitud de la mente es
esencial. El guerrero la cuida como a una orquídea única e irrepetible.
Meditar es resolver los problemas en la mente y descubrir toda la sutil
estructura del ego para habitar más allá de sus reacciones y sus
paranoias.

Es
el ego el que persigue y huye. Es el ego el que se aferra a los logros
y se frustra; se sacia y se aburre. Pero cuando el guerrero se sitúa
más allá de su ego y aprende a estar, descubre la inmensidad sin
orillas que todo lo penetra.

23.- EL GUERRERO ALIMENTA UN SENTIDO DE PROFUNDO RESPETO POR SI MISMO Y POR LOS DEMAS.
No
hay verdadero amor sin respeto. Respetar es no dañar, no exigir, no
obligar, no agredir ni siquiera en la forma más sutil. Respetar es no
manipular, no ser ladino, no servirse de artimañas ni subterfugios para
explotar material o psicológicamente a los otros. Respeta una piedra,
una flor, un riachuelo o una criatura sintiente. Su actitud de respeto
exhala su fragancia incesantemente. Es por esa inquebrantable actitud
de respeto que el guerrero jamás se muestra arrogante ni mezquino, ni
se ampara en falaces remordimientos ni culpabilizaciones. Porque se
respeta, es responsable y no se lamenta sin sentido. Porque se respeta
se compromete a modificarse y pone realmente los medios para la
mutación interior. El guerrero que no se respeta está al margen del
arte de la guerrería espiritual.

24.-
EL GUERRERO ESPIRITUAL MEDITA EN LA MUERTE COMO INEVITABLE, IMPREVISTA,
DEFINITIVA E IRREPARABLE, PORQUE ASI POTENCIA CADA SEGUNDO DE SU VIDA Y
LO PONE AL SERVICIO DE LA BUSQUEDA.

No hay tiempo que perder.
Inspirándose en el mensajero divino de la muerte el guerrero fortalece
su propósito, pule su actitud, no busca consuelos inútiles ni se deja
seducir por los fenómenos, no se pierde en banalidades, cultiva una
conducta adecuada, no enreda con mezquindades, no cultiva emociones
negativas, instrumentaliza todo para hallar el Conocimiento liberador,
mejora sus relaciones, no pierde su tiempo en recuerdos o fantasías
mecánicas, está siempre presto a la conquista de si mismo, se crece ante
la adversidad, fomenta sin tregua la atención y estimula la
consciencia. Sabe que cuando logre morir a sus condicionamientos y a su
ego, incluso el miedo a la muerte habrá desaparecido.

25.- EL GUERRERO ESPIRITUAL DOMINA EL ARTE DEL MIRAR INAFECTADO.
Manteniéndose en la energía del observador, desidentificado, es libre.
Esa libertad es su ganancia, es su logro, es su enjundia. En el mirar
inafectado, en el atestiguar desidentificado, no hay conflicto, no hay
tensión. Sólo hay la voluntad de ser. Esa energía del observador
adquiere toda su potencia cuando la mente aprende a silenciarse. Si
cesa el charloteo de la mente y la atención se intensifica hasta su
límite, el guerrero alcanza con su visión más allá de esas apariencias
que a los otros detiene. En esa mente tan abismalmente silenciosa, tan
inmensamente atenta, brota una energía transpersonal que acrecienta la
consciencia y ensancha la comprensión. Lo inefable, lo incondicionado
toma al guerrero. El fuego interior se despliega y quema las impurezas
de la mente, deflagrando los hábitos coagulados y permitiendo que surja
una implosión de comprensión que proporciona un giro a la mente y una
manera hasta entonces insospechada de ver.

26.- EL GUERRERO ESPIRITUAL APRENDE A CONSIDERAR, PERO ES INDIFERENTE A SI LE CONSIDERAN O NO.
Como
está en el intento de superar la autoimportancia, la infatuación y las
actitudes egocéntricas, no se resiente ante los juicios adversos,
censuras, burlas o insultos de los otros. No necesita insuflar su
imagen idealizada. No necesita de máscaras y camuflajes. Se adiestra en
el amor consciente, el que pone los medios para que los demás también
completen su evolución y sean felices.

27.- EL GUERRERO ESPIRITUAL HACE SU SENDERO DE MOMENTO.
Es
la suya la senda sin senda. Requiere golpes de luz que le orienten,
verdades para el esclarecimiento, claves para desarrollar la
consciencia. Sabe que el destino juega con él, pero que él también
puede llegar a jugar con el destino. Está preparado para que la muerte
no le tome por sorpresa. Eso quiere decir que si la muerte llega y él
previamente ha matado su ego, ¿qué podrá la muerte arrebatarle?.

28.-
CULTIVA LA PACIENCIA EL GUERRERO, PORQUE NADA ESPERA QUE NO SEA LO QUE
OCURRE Y PORQUE ESTE MOMENTO, POR EL HECHO DE SERLO AHORA, ES EL MEJOR
PARA LA REALIZACIÓN.

Cultiva la energía el guerrero, porque
sin ella toda apertura es imposible y el miedo le hará mella una y otra
vez. Cultiva la confianza en la Enseñanza el guerrero, porque sin ella
es como el amante que se extravía al no disponer de su amada. Cultiva
la ecuanimidad como la cualidad de cualidades; como el equilibrista se
entrena para no caer a uno u otro lado. Se asemeja el guerrero al
riachuelo que, sagaz, sabe hallar los puntos de menor resistencia para
seguir fluyendo hacia un cauce más generoso. Se parece el guerrero a
ese cielo que sabe permanecer en sí mismo sin que las nubes consigan
arrastrarlo. Es el guerrero como la montaña firme, sólido y consciente,
y como la nieve esponjosa, poroso y amable.

Está el guerrero en continuo aprendizaje,
instrumentalizando para su crecimiento lo cotidiano, familiarizándose
con lo desconocido y asomándose a lo incognoscible. Busca el signo más
allá del signo. En el nivel de lo cotidiano usa la razón; en el nivel
de lo supramundano se sirve de la intuición mística. Aprende a cabalgar
sobre el tigre de la vida; enfrenta la muerte con lucidez y
consciencia. Desconfía de los sentidos; confía en la percepción pura,
incondicionada. Da la bienvenida a todo lo que le ayuda a templar el
ánimo; a todo lo que le proporciona sobriedad y ecuanimidad. Da la
bienvenida a lo que le hace sentir humildad, a lo que le lima su
vanidad. Cualquier momento lo considera oportuno para adiestrarse en la
superación de las interpretaciones personales y poder ver las cosas
como son.

29.-
TODA LA ENERGIA QUE SE PIERDE EN MEZQUINDADES, PEQUEÑECES,
PREOCUPACIONES Y HERIDAS NARCISISTAS, DEBE APROVECHARLA EL GUERRERO
PARA PODER DISPONER DE ELLA EN EL CAMINO DE LA AUTORREALIZACIÓN.

No
se ofende, no se irrita, no recoge los insultos de los otros, pero es
resistente en su no violencia, inquebrantable en su pasividad.

30.-
COMO EL GUERRERO ESPIRITUAL SIGUE LA SENDA SIN SENDA Y HACE CAMINO A
CADA PASO, RECOMPONE SU ESTRATEGIA ESPIRITUAL SIEMPRE QUE SU GRADO DE
EVOLUCION O LAS CIRCUNSTANCIAS LO REQUIERAN.

Solo algo se mantiene fijo: su carácter de honestidad consigo mismo.

31.- EL GUERRERO ESPIRITUAL PONE LOS MEDIOS PARA PODER EMERGER DE LA ATMOSFERA DE ILUSION QUE HAY EN SU MENTE CONDICIONADA.
Tiene
que superar adoctrinamientos, patrones de conducta, reacciones
coaguladas, esquemas y condicionamientos, descripciones petrificadas.

32.- EL GUERRERO GUSTA DE PONERSE AL BORDE DEL PRECIPICIO PARA QUE TODOS SUS RESORTES DE INTREPIDEZ LE VENGAN A LA MANO.
No
pierde jamás la consciencia, porque sabe que la negligencia es el
puente hacia la oscuridad. Si el desfallecimiento le asalta, recuerda
su propósito. Si la angustia le toma, en lugar de contraerse, pone su
osamenta en manos de la Diosa. Si el miedo le aborda, se establece en
la energía del que mira inafectadamente.

Desarrolla a cada momento la comprensión de su meta;
la comprensión de los medios hábiles para aproximarse a la meta; la
comprensión de lo idóneo a hacer en cada momento y circunstancia. Se
entrega, pero no se quema. Se da, pero no se desertiza. Jamás cultiva
relaciones de dependencia; se niega a hacerle el juego a sus propias
carencias psicológicas o a las carencias de los demás. No pierde las
oportunidades preciosas; no deja pasar la bandeja de la providencia.

Aprende a adaptarse.
Sabe escuchar la sabiduría de su cuerpo, de su mente y de su corazón.
Vela su bienestar físico y mental. No desaprovecha sus energías. Cuenta
con la atención bien dispuesta como el gran rival del desequilibrio y
el desorden.

33.- EL GUERRERO APRENDE A DESESTRUCTURARSE PARA VOLVERSE A ESTRUCTURAR EN EL NIVEL QUE PRECISA.
La
disolución no le espanta; sabe que es una fisura hacia lo inmenso.
Reconoce los distintos niveles de percepción y sabe en cuáles debe
confiar y en cuáles no. Descubre que más importante que aprender es
desaprender, que aún más importante que ser es no ser. Se propone
despertar del sueño psicológico. Es un guerrero espiritual el que lo
intenta y pone los medios para ello. Desconfía de las leyes hechas por
hombres dormidos, de las reglas fabricadas por mentes embotadas. Sabe
que nada hay tan peligroso como el dogma y la creencia ciega. Aprecia
más que nada la ternura y sabe que lo mejor que se puede hacer por los
otros es amarlos conscientemente.

34.- EL GUERRERO ESPIRITUAL NO MALGASTA SU TIEMPO EN TRATAR DE BUSCAR UNA RESPUESTA A LOS IMPONDERABLES.
Su
vida anterior o su vida posterior no cuentan cuando se está viviendo la
vida presente y proporcionándole todo un sentido de búsqueda. No cree
en conceptos, sino en vivencias que modifican la mente y la conducta.
Sabe que la vida sin un sentido es atroz. Que esa misma atrocidad es
una bendición si se utiliza para acrecentar la consciencia y recobrar
la Sabiduría.

35.- LO PEOR QUE PUEDE HACER UN GUERRERO ES TRAICIONARSE A SI MISMO; TRAICIONAR SU FORTUNA; TRAICIONAR SU DESTINO.
Ha
escuchado la Enseñanza, tiene medios para ponerla en acción y
acrecentar la consciencia. Ha adquirido un compromiso. Si se traiciona,
¿qué peor enemigo puede haber para él que él mismo?.

36.- EL GUERRERO NO ALIMENTA ILUSIONES .
Sabe
que en el espacio externo la mayoría de los acontecimientos y eventos
escapan a su control. Es por eso que apunta hacia la mente y es su
mente la que trata de cambiar. Es un alquimista de sus profundidades;
es un mago de su psiquis. Ante lo inevitable, no guerrea; asume. Lo que
debe ser modificado y puede ser modificado, lo modifica. No cree en las
palabras; mucho menos en las promesas. Cree en la actitud y en los
actos. Desde su ser inafectado mira la vida como un sueño, como un
carnaval. Sortea los reflejos; mantiene la clara consciencia en el
juego deformante de imágenes de la mente condicionada. Toma la vida por
salto. Cierra los oídos a los elogios y a las increpaciones. Valora el
esfuerzo cuando es resultado de la inteligencia y la libertad. Aprecia
la disciplina, cuando es el resultado de la comprensión y la
independencia. Embellece su mente con emociones positivas. No hace de
su mente un estercolero ni un erial de su corazón. Limpia su hogar
interior y lo abre a los otros.

37.-
NO EQUIVOCA A LOS DEMÁS, NO FALSEA LOS HECHOS, NO SE SIRVE DE
SUBTERFUGIOS Y ARTIMAÑAS, NO TRATA DE PRESENTARSE MEJOR DE LO QUE ES NI
DE GANAR MÉRITOS.

El es su propio juez, su propio testigo. Si
algo no debe jamás ser un guerrero es mezquino. La mezquindad
descalifica al guerrero. Debe hallarle el gusto a la generosidad. Nada
hace el guerrero tan apuesto como la generosidad. Pero su generosidad
jamás es debilidad. Nunca se presta a las manipulaciones, exigencias o
reproches de los otros.

38.- EL GUERRERO ES UN PEREGRINO EN LA VÍA LÁCTEA HACIA EL CONOCIMIENTO.
Su
mayor inspiración es la libertad interior. Camina codo con codo con
todos los guerreros espirituales de la tierra. La no violencia es su
fuerza más poderosa. Cada momento de paz infinita es su recompensa más
elevada. Sabe que al nacer a esta vida murió a otra forma de ser y que
al morir en esta vida nacerá a otro modo de ser. Porque no tiene
armadura y es como el espacio abierto, se siente seguro; no hay dardo
que pueda herirle. Camina veloz, pero no se impacienta. No se agota,
aunque mucho se fatigue, porque dispone de toda la energía de la
corriente de consciencia despierta. Forma un eslabón en la inmensa
cadena de los guerreros del espíritu. Aboga por la tolerancia y la
indulgencia. No cree en las espadas ni en las lanzas, pero confía en la
bondad primordial de los seres humanos. Toda criatura viviente habita
en su corazón. Porque se sabe incompleto, aspira a la Plenitud.

Del libro "Recobrar la mente" de Ramiro Calle.

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