El Caballero

       El Caballero se encontraba en su tienda y estaba
nervioso, nunca antes se había embarcado en tamaña aventura. Su escudero había
preparado a los caballos y todos sus pertrechos. Partirían con el amanecer,
justo cuando el Dios Sol despuntara por el horizonte.

        Apenas
unas horas antes se había despedido de su dama y a ambos se les había partido
el corazón. Ninguno sabía cuándo volverían a encontrarse, pero Merlín había
consultado al Oráculo y aseguró que saldrían victoriosos, siempre y cuando no
se desviaran de su camino. Los Dioses les guiarían a ambos.

        Con
lágrimas en los ojos, su dama le había dicho –
eres un
bravo caballero y si miras en tu corazón no debes tener miedo de lo que eres y
de los peligros a los que te enfrentarás. Si logras mirar dentro de ti, tu espíritu,
te dará las respuestas a tus dudas, el dolor desaparecerá y el conocimiento
interior te fortalecerá. Saldremos victoriosos mi amor. No olvides los consejos
del druida

        Entonces
el caballero partió pensativo hacia el solitario campamento. Sus compañeros, de
antiguas batallas, también se encontraban intranquilos pero llenos de emoción
ante las nuevas órdenes dadas por el rey. Todos sin excepción, incluido el
propio Arturo, partirían en busca del Grial.

        Merlín
le había advertido en privado –
no busques una copa, sólo lo
encontrarás cuando hayas pasado por todas las pruebas. Los velos irán cayendo
y mirarás el mundo con nuevos ojos. Eso te llevará a encontrar lo que buscas.
Solo unos pocos, los puros de corazón, conseguirán descifrar el enigma
-.

        El
Caballero no comprendía del todo aquellas herméticas palabras. Sentía que todo
cobraba sentido cuando su Dama le hablaba dulcemente sobre los arcanos. Todo
cobraba sentido cuando ella le explicaba. Pero ahora estaba solo. Había leído
en viejos códices que la mujer tenía los dos pies en el cielo, mientras que el
hombre sólo tenía uno y el otro se hallaba anclado en la tierra. El hombre
necesitaba a la mujer para llegar a Dios. ¿Pero qué significaba todo aquello?
Pronto lo descubriría.

        Su
escudero había recogido ya la tienda. Apenas faltaban unos minutos para que el
sol hiciera su aparición por el horizonte y  partiera de su dulce y sereno hogar. Se giró
para mirar hacia la torre donde su Dama le observaba, triste y abatida. Se
estremecía con solo imaginar las duras pruebas por las que tendría que pasar y
lo difícil que sería estar separado de ella.

        En ese
instante una corneja pasó junto a él y se posó sobre la silla del caballo en el
que estaba a punto de montar. Portaba un mensaje e instintivamente supo que era
de su Dama, su amada Morgana, quizás con las últimas palabras de valor para que
partiera henchido de coraje. Se volvió hacia la Torre, ella estaba allí. Ella
le había mostrado el Amor y le había enseñado a amar. Eran almas gemelas, ambos
lo sabían. Se amaban con ese fuego que quema y asola cualquier temor. Ella
también tendría que enfrentarse a duras experiencias y eso le entristecía
enormemente.

        Tomó
delicadamente el pequeñísimo pergamino que portaba aquella preciosa ave y leyó
para sí:

Conócete a ti mismo,

Pues en Ti hallarás las
respuestas a todos los temores que te acosan. Ten el valor de mirarte y eso te
hará libre.

Hay que ser, no basta con
hacer.

Quien mira hacia fuera sueña.
Quien mira hacia dentro, despierta.

Te amaré por toda la
eternidad


Una
única lágrima resbaló por la mejilla de Morgana y de su Caballero.

, El Arte de Morgana, Todos los derechos reservados

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